“Sigue disparado en los sondeos”, aseguran en una de las principales empresas de demoscopia que realiza trackings permanentes. Apenas ha sufrido por la gestión de Filomena y la preocupación aumenta en Moncloa, donde llevan meses cavilando cómo frenarle. José Luis Martínez-Almeida viene esta semana de “exhibirse” –según un compañero del PP de Madrid- en un programa de televisión “que le ha servido más que cualquier campaña: hubo momentos en que le vieron más de cuatro millones de españoles”. En Cibeles están a la expectativa y especulan desde hace meses con un plan de Moncloa contra Almeida que tiene nombre de mujer: Margarita Robles.

“Ahora mismo, el ticket del PP en Madrid es imbatible”, insisten desde la firma de demoscopia. Almeida en el Ayuntamiento e Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad “ganan holgadamente” aunque “sin llegar a la mayoría absoluta”. En el caso del alcalde, además, lo hace sin las tensiones con las que vive permanentemente Ayuso en Sol: en el Gobierno municipal, “Begoña Villacís es la esposa política que no tengo en la vida real”, ha confesado el alcalde a Vozpópuli.

El pasado martes, en El Hormiguero de Antena 3, Almeida se pavoneó durante más de una hora en mangas de camisa. Se dejó medir en directo para competir con el presentador -1’66 frente a 1’68 de Pablo Motos- y no dudó en compartir mesa con un doble que caminaba sobre un montón de falsa nieve.

Lo petó –dice uno de sus compañeros en el PP de Madrid que no oculta su debilidad por el alcalde-“. Almeida –mientras sus colaboradores seguían entre bambalinas el programa “conscientes” de que “no era plaza fácil, porque todos esperaban que triunfara”, bromeó con su vida sentimental –“nadie entiende que con mi físico, no tenga novia”-; con su conocido antimadridismo y hasta con la absorción de Ciudadanos: “Todavía no”.

Reírse de sí mismo

Incluso, habló del “carapolla” sin citarlo, el insulto que le persiguió al principio de su mandato cuando le arrebató la alcaldía a Manuela Carmena cuyo despacho, el que ahora ocupa, “nunca pisé en cuatro años”. Un compañero que le conoce bien recuerda que a Almeida le enviaron una foto en la que se veía un cartel con el insulto con El Vaticano de fondo. “El alcalde la colgó en uno de los chats que comparte con sus amigos y comentó triunfal: Ya hemos llegado a Roma”. Siempre ha sabido reírse de sí mismo.

¿Y en Génova, cómo se ve este auge de Almeida? “No hay que olvidar que Almeida –como Díaz Ayuso- son una apuesta personal de Pablo Casado”, insiste una fuente del PP nacional. “Que repasen las hemerotecas de lo que se dijo cuando, por sorpresa, fueron los elegidos. En el partido, nadie creía en Almeida y, en el caso de Ayuso, hasta Garrido (Ángel) acabó yéndose despechado a Ciudadanos”.

Sin embargo, la imagen de un Almeida conciliador, que lograba durante su primer año en el Ayuntamiento constantes alabanzas como “el alcalde de España”, o el “hombre de consenso”, que pergeñaba un acuerdo con todos los grupos para afrontar la pandemia y que era elogiado por ello también por parte de la izquierda –aunque en buena medida, como sucedió en el pasado con Aguirre y Gallardón, era para crear un enfrentamiento entre Ayuso y Almeida- acabaron por provocar ciertos recelos en el entorno de Casado.

Llegó su nombramiento como portavoz nacional. “Alguien cerca de Pablo –dicen en el PP de Madrid- debió pensar que había que atarlo en corto y que se comiera los ‘marrones’ de Bárcenas, el PP del pasado, etc…”. La izquierda dejó de elogiarle pero las encuestas siguieron aupándole

Llegó entonces su nombramiento como portavoz nacional. “Alguien cerca de Pablo –dicen en el PP de Madrid- debió pensar que había que atarlo en corto y que se comiera los ‘marrones’ de Bárcenas, el PP del pasado, etc…”. Y Almeida tuvo que compatibilizar desde entonces el Ayuntamiento con el PP nacional. Su equipo de prensa, incluso, tiene que montar a diario desde entonces dos “escenarios”: para la prensa local y la nacional. Sin embargo, el alcalde salió airoso. La izquierda dejó de elogiarle pero las encuestas siguieron aupándole.

Sucedió lo mismo con Filomena, la nevada que puso a prueba por primera vez su gestión. Y durante diez días, no logró el aprobado: calles sin limpiar, clases suspendidas diez días, basura sin recoger… “Cualquier otro se hubiera hundido en los sondeos”, insisten las fuentes consultadas. “Sin embargo, apenas unas semanas después, se había recuperado y ahí sigue, disparado”.

El desastre de 'Pepu'

En el entorno cercano del alcalde son conscientes de que Almeida es ya una pieza “de caza mayor” al ser portavoz nacional del partido. Y desde hace meses esperan el plan de la izquierda para asaltar Madrid. La capital es un páramo para la oposición socialista. Pepu Hernández es un caso “inexplicable” hasta para el partido. “Fue una elección personal de Sánchez –dice un miembro del PSOE regional- que, evidentemente, ha sido un absoluto fiasco”. Entre los munícipes madrileños, y no solo del PP, causa extrañeza la poca habilidad política del exseleccionador de baloncesto. “Le cuesta hasta seguir los plenos, parece que le aburren soberanamente”, dicen en uno de los grupos.

Sin oposición real en el Ayuntamiento, Podemos intenta convencer al PSOE de crear una alternativa real a Almeida con los cuatro concejales de Más Madrid más cercanos a Manuela Carmena. La idea es que Marta Higueras, Luis Cueto, José Manuel Calvo y Felipe Llamas–que se acaban de escindir de Más Madrid- hagan de cabeza de puente para una alianza futura entre el PSOE y Podemos ante las próximas elecciones.

Pablo Casado, Ayuso y Almeida, en la protesta en Madrid contra la ley Celáa. Europa Press

Pero en el PSOE, o al menos eso creen desde hace tiempo en el entorno de Almeida, tienen otros planes: Margarita Robles. En Cibeles están convencidos que la ministra de Defensa acabará siendo la candidata elegida por Moncloa. “Saben que Madrid es una pieza indispensable para sus planes de futuro y para abortar cualquier recuperación del PP a nivel nacional –insisten-. Y necesitan a alguien que encarne los valores del PSOE tradicional: 'españolista', sensato, que se enfrente a los nacionalistas y a Podemos…”. La ministra de Defensa acaba saliendo siempre en la conversación.

En el ministerio y en Moncloa aplazan cualquier decisión de nombres. “No estamos en eso aún –insisten en fuentes del Gobierno-. Queda mucho tiempo”. Pero la sombra de otra operación Illa –sacar un ministro del Ejecutivo para intentar ‘asaltar’ un puesto clave- está en la recámara. Eso sí, sin precipitaciones: el candidato no puede prescindir del escaparate del Ministerio y cualquier movimiento se haría lo más cerca posible de la convocatoria de mayo de 2023.

"Robles da el perfil perfecto"

Un veterano político socialista de Madrid confirma que “para el elector socialista madrileño –y para conquistar al votante de Ciudadanos que puedan tener la tentación de quedarse en casa, en vista del rumbo electoral del partido- Robles da el perfil perfecto: es la voz de la conciencia socialista frente a las excentricidades de Podemos”.

Efectivamente, la ministra de Defensa se ha enfrentado al vicepresidente Pablo Iglesias y a otros ministros y portavoces morados que se sientan con ella en el Consejo de Ministros en múltiples frentes: en su defensa de la Constitución del 78 y en defender que "España sí es una democracia plena"; en separar la figura del rey emérito de la de su hijo; en la defensa de la prensa, señalada por Iglesias; o por la insistencia de Irene Montero en mantener las marchas del 8-M. “Es la voz de la conciencia frente a la parte morada del Gobierno”, dice el veterano político.

En el Ayuntamiento, además, recuerdan que durante la nevada, y cuando Madrid estaba colapsado, solo la UME y el Ejército echaron una mano. Lo mismo sucedió en las residencias madrileñas –desinfectando, trasladando ancianos o hasta sacando cadáveres- en lo más duro de la pandemia. Y todo ello está fresco en la memoria de los madrileños.

“Sería una rival difícil –dicen en el PP de Madrid- pero el alcalde ya demostró en 2019, cuando nadie creía en él, que se crece en las dificultades”. Este abogado del Estado, número 17 de su promoción de 25, está acostumbrado a superar retos: “Soy muy competitivo”, insiste. Y si hay que pactar con Vox –“reto a cualquiera a ver si hay algo fuera del orden constitucional en todo lo que he acordado con ellos”- lo hará sin problemas. Y si hay que cautivar a Ciudadanos, también. “Todavía no toca”. Quedan dos años para las elecciones. Hay que ir partido a partido.