Cocinar para otra persona es una de las mayores muestras de amor y cariño que existen. Si piensas que esta frase es verdad, tienes que tener claro que San Valentín es una fecha excepcional para sorprender a tu pareja con un menú a la altura del amor que le procesas.

Para ello, en Gastrópoli recopilamos algunas de las recetas que hemos publicado hasta la fecha para confeccionar un menú con el que triunfarás seguro en el día de los enamorados. Pero si no te convence alguno de los platos no pasa nada, échale un vistazo a todas las elaboraciones que hemos publicado hasta la fecha y seguro que alguna te encantará.

Primer plato: berenjenas gratinadas al horno

La berenjena es una de esas verduras que podemos utilizar en muchísimas recetas. Con un sabor muy característico, acepta diferentes formas de cocinarla y complementa muy bien otros ingredientes. En Gastrópoli  hemos escogido para San Valentín una receta de berenjenas muy muy sencilla (y rápida): con queso provolone y tomate frito.

Berenjenas gratinadas al horno

Ingredientes*

  • Dos berenjenas medianas
  • 200 gramos de provolone
  • Tomate frito
  • Aceite de oliva y sal

*Para dos personas

Cómo preparar las berenjenas con provolone

  1. Antes de empezar con la receta en sí, vamos a quitar el amargor de las berenjenas. Para ello las cortamos en rodajas de medio centímetro (más o menos) intentando que todas sean iguales, las salamos por ambas caras y las podemos en un colador. Dejamos reposar unos 30 minutos y enjuagamos en agua fría y secamos.
  2. Ponemos una sartén grande a fuego máximo, añadimos un poco de aceite y disponemos las berenjenas. Queremos que se doren, por lo que servirá con cocinarlas durante unos tres minutos por cada lado. Vamos repitiendo el proceso hasta tener todos nuestros trozos de berenjenas a la plancha.
  3. Cogemos una bandeja para horno de unos cuatro centímetros de grosor (similar al que usaríamos para hacer una lasaña para dos personas). Echamos una cucharada de tomate frito en el fondo y esparcimos, ponemos una capa de berenjenas, otra de tomate, otra de berenjenas... así hasta que se acaben las rodajas de verdura.
  4. Cortamos a la mitad el queso provolone (habitualmente se vende con forma redondeada, por lo que queremos obtener son dos formas redondas pero más finas) y las ponemos sobre la base que hemos preparado. Lo que pretendemos es que cubra la mayor parte de las berenjenas. Precalentamos el horno a 200 grados y, cuando esté caliente, introducimos la bandeja. Pasados diez minutos subimos al grill para que se gratine y, cuando veamos que el queso está adquiriendo un tono dorado, sacamos. Servimos y comemos.

Segundo plato: solomillo Wellington

Hablar del solomillo Wellington es hablar de cosas serias. Estamos ante una magna receta que, aunque se puede preparar en cualquier época del año (sus ingredientes, más allá de las setas, no son de temporada), en San Valentín puede adquierir un protagonismo especial.

Recetas solomillo Wellingont.

Ingredientes para el solomillo Wellington*

  • Un solomillo de cerdo de unos 400 gramos
  • Una placa de hojaldre
  • 120 gramos de setas
  • Una cebolla mediana
  • Un diente de ajo
  • 100 mililitros de vino blanco
  • Una cucharadita de mostaza de Dijon
  • Siete lonchas de panceta (también puede ser bacon o incluso jamón)
  • Un huevo
  • Aceite de oliva
  • Sal, pimienta y aceite

Pasos para prepararlo

  1. Antes de comenzar a elaborar la receta, hay que tener en cuenta los utensilios que vamos a necesitar para su elaboración: una sartén grande, una sartén mediana o un cazo y una bandeja de horno.
  2. Comenzamos preparando uno de los rellenos: las setas y las cebollas. Si disponemos de una picadora nos ayudará mucho, ya que facilitará nuestro trabajo. Si la tenemos, introducimos las setas, la cebolla y el diente de ajo en la misma y picamos bien; si no poseemos una picadora, lo cortamos fino a mano. En una sartén pequeña o en una cacerola añadimos un chorrito de aceite de oliva, calentamos y echamos las setas, la cebolla y el ajo picado. Salpimentamos al gusto. Lo mantenemos a fuego medio alto y vamos removiendo cada poco tiempo. Cuando empiece a dorar añadimos el vino, dejamos el fuego a la misma temperatura y seguimos moviendo cada minuto. El objetivo es obtener una pasta que no tenga nada de líquido. Reservamos.
  3. Quitamos el exceso de grasa del solomillo de cerdo (si lo tuviese). Salpimentamos a nuestro gusto y añadimos un poco de aceite al mismo, untándolo para que toda la carne tenga una pequeña capa de aceite. Ponemos la sartén grande al fuego (máximo) y cuando empiece a humear metemos la carne. Queremos que el solomillo se dore por todos los lados, por lo que tenemos que ir girándola para que toda la carne adquiera ese color dorado. Cuando esté lista, retiramos, ponemos en un plato y reservamos.
  4. En una superficie plana ponemos papel transparente y disponemos la panceta (o el bacon) una loncha detrás de otra a lo largo. Lo ideal es que se superpongan una encima de la otra en torno a medio milímetro (puede ser un poco más, pero tampoco sin pasarnos). Lo que pretendemos es tener una base sobre la que poner la carne (por lo que tenemos que calcular que al poner nuestro solomillo, la panceta lo cubra entero). Pero antes de poner la carne y enrollarla sobre la panceta, tenemos que untar las mostaza en el solomillo. Cuando la mostaza esté bien esparcida por la pieza de carne, la ponemos en la panceta y la enrollamos, queremos que la carne quede totalmente envuelta.
  5. Es el momento de precalentar el horno a 200º. Mientras, en la bandeja que vamos a utilizar para el cocinado ponemos un papel de horno y encima la placa de hojaldre. Sobre el hojaldre añadimos la pasta de cebolla y setas, intentando que haya un centímetro de hojaldre 'limpio', para poder enrollarlo y que por los bordes no se salga esta mezcla. Ponemos encima la carne ya enrollada en el bacon y volvemos a enrollar, esta vez el hojaldre, hasta que tengamos un cilindro. Pondremos hacia arriba la parte lisa, dejando hacia abajo la parte en la que se han unido las dos placas. En los laterales lo que hay que hacer es aplastar juntarlas, presionando bien para sellarlo de manera que no se salga nada.
  6. Es el momento de la decoración. Si dispones de más hojaldre puedes hacer unas tiras y ponerlas por encima. No es nuestro caso, pero lo que hemos hecho ha sido hacer unos cortes para que la superficie de nuestro solomillo Wellington quede más bonita. Antes de hornear hay que hacer un paso fundamental, batir el huevo y untarlo sobre toda la superficie del hojaldre. Con esto conseguimos un increíble tono dorado.
  7. Finalmente introducimos la bandeja en el horno y, aunque podamos calcular unos 20-25 minutos, el punto nos lo dará el dorado del hojaldre. En cuanto veamos que el hojaldre tiene el punto perfecto, sacamos del horno y dejamos reposar unos minutos. Cortamos con un cuchillo de sierra unos trozos de unos 2-3 centímetros, y servimos.

Postre para San Valentín: tiramisú

El tiramisú es un clásico de la comida italiana. Y aunque lo primero que se nos viene a la mente al pensar en la comida de dicho país mediterráneo sea la pasta o la pizza (aquí ya te contamos cómo preparar una masa de pizza casera), el postre que traemos hoy a Gastrópoli hace las delicias de los amantes de los dulces. Además, es una gran elección para San Valentín.

Tiramisú casero, uno de los postres italianos más conocidos.

Ingredientes del tiramisú

  • 500 gramos de mascarpone
  • Cuatro huevos
  • 100 gramos de azúcar
  • Medio litro de café
  • Algún licor (opcional)
  • 300 gramos de bizcochos soletilla
  • Cacao puro en polvo

Pasos para preparar el tiramisú casero

  1. Empezamos preparando los utensilios que vamos a utilizar para la receta: un vaso medidor, unas varillas para batir o una batidora con accesorio de varilla, dos recipientes hondos tipo ensaladera, una cafetera, un plato hondo, un par de tenedores, una cuchara, un recipiente rectangular en el que montaremos el tiramisú y un colador.
  2. Lo primero que vamos a hacer es preparar la crema de mascarpone. Sacamos el mascarpone de la nevera para que atempere. Mientras, separamos las claras de las yemas de los huevos y montamos las claras a punto de nieve (podemos montarlas a mano con unas varillas y añadiendo una pizca de sal o con la batidora, que será mucho más rápido). Cuando estén las claras listas a punto de nieve introducimos el bol en el frigorífico.
  3. En el otro cuenco añadimos las yemas y el azúcar y batimos con la varilla a mano hasta conseguir que se unifiquen los ingredientes, para posteriormente ir añadiendo el mascarpone poco a poco y seguir batiendo (a mano o con la batidora) hasta conseguir una crema homogénea.
  4. Sacamos el bol con las claras montadas a punto de nieve y vamos añadiéndola poco a poco al cuenco de las yemas con el azúcar. Tenemos que ir mezclando con una lengua y realizando movimientos envolventes para no perder la textura del punto de nieve. Cuando hayamos añadido todas las claras montadas y hayamos vuelto a obtener una crema homogénea, introducimos el bol en el frigorífico tapado para que se mantengan fría.
  5. Es la hora de preparar el café. Cuando lo tengamos listo lo ponemos en el plato hondo y preparamos todos los ingredientes para montar nuestro tiramisú. Bizchocos de soletilla, café (aquí es donde podemos añadir el licor, un vaso de chupito) y la crema de mascarpone. El orden es el siguiente: introducimos cada bizcocho con la ayuda de dos tenedores (cogemos cada tenedor con una mano y lo ponemos por debajo de los bizcochos) unos segundos en el café, escurrimos el exceso de líquido y lo ponemos en la base del recipiente rectangular. Repetimos esta operación hasta cubrir toda la base. Es el momento de añadir la crema hasta formar una capa lisa que tape todos los bizcochos. Volvemos a poner una capa de bizcochos mojados en café, otra de crema, otra de bizcochos y otra de crema. Finalmente terminamos añadiendo por encima el chocolate puro en polvo, para lo que podemos utilizar un colador para tamizar el cacao y que quede perfecto.