Las revueltas en Cuba son un rayo de esperanza para todos aquellos que creemos en la libertad, especialmente cuando su ausencia conduce al nivel de miseria y opresión que padece el pueblo cubano.

El poder de atracción del comunismo –o de una socialdemocracia invasora, hiperburocratizada y liberticida- se explica por la exaltación de un concepto que a casi todo el mundo le suena bien: la igualdad. Parte del éxito de la Declaración Universal de los Derechos Humanos radica en que estos recaen sobre toda persona por igual. El problema aparece cuando se pretende explicar y regir todo fenómeno humano según un único principio, ya sea la igualdad, la libertad o la prosperidad.

Las dos ideologías políticas que dominan el panorama actual se refugian bajo una sola de estas dos ideas –igualdad o libertad-, y ambas prometen prosperidad. Que sean únicamente dos las propuestas se debe a múltiples factores. El que me interesa resaltar es que la política en la que participan grandes sectores de la población necesita reproducir el modelo económico de las empresas que fundamentan su gestión básicamente a través del marketing. Se trata de un fenómeno que, pese a que tan sólo cuenta con un siglo de existencia, se aplicó rápidamente al mercado de las ideas: no existe propaganda más efectiva que prometer el paraíso en la tierra a través de un principio rector, un catalejo unívoco desde el cual interpretar el mundo. Si esto lo aderezas con encontrar un enemigo común, el éxito está asegurado.

Llegas mejor y más rápido al corazón del consumidor si te centras en una sola característica, especialmente si el discurso es sentimental

¿Por qué vender sólo una idea? Los publicitarios conocen bien esta estrategia, la llamada USP, “única proposición de venta” en español. Llegas mejor y más rápido al corazón del consumidor si te centras en una sola característica, especialmente si el discurso es sentimental. La era de la comunicación de masas no permite mucho más. Tanto a los votantes-consumidores como a los políticos-vendedores no es que les manque finezza: sencillamente, no hay espacio para ella.

Ahora bien, explicar la naturaleza humana y su organización social y política desde un único concepto no solo es absurdo sino que nos lleva a conclusiones y acciones irracionales y profundamente equivocadas. Conocemos los resultados de la exaltación de la igualdad en países socialistas, pero se habla poco de lo que ocurriría si la idea desde la que interpretarlo todo fuera la libertad. Es un buen momento para hacer este tipo de reflexiones, entre otros motivos por el tipo de propuestas con las que las nuevas hornadas de liberales tratan de contrarrestar el liberticidio que progresivamente nos va envolviendo, sin prisa pero sin pausa.

La juventud liberal lleva al menos una década cobrando fuerza en Internet, extendiéndose desde ahí al mundo no virtual. Este éxito no se explica únicamente por la alta conectividad y rapidez que proporcionan las redes sociales. El factor principal es la necesidad que tiene el ser humano de luchar por una libertad perdida o en grave riesgo de desaparición. Gracias a toda esta generación de guerrilleros de Internet una parte importante de la población ha ido despertando del plácido y confiado sueño de “esto no llegará a ocurrir”, ojalá sean más los que vayan abriendo los ojos.

Evitar importantes errores

Ahora bien, su propuesta liberal –como cualquier otra propuesta humana- es susceptible de incurrir en importantes errores que conviene señalar si no queremos caer en la trampa del conocido péndulo de la historia. ¿Qué deberían considerar los jóvenes liberales?

Primero, lo ya destacado: no podemos explicar todo lo que afecta al ser humano con un único concepto ni guiarnos exclusivamente a través de él. Segundo, la idea de libertad es un concepto sobre el que se debate desde hace milenios y no es precisamente asunto sencillo. Las nuevas hornadas de liberales tienden a informarse sobre esta idea a través de autores relativamente actuales, no siempre muy brillantes, y con cierta tendencia a reducir todo este asunto, casi inabarcable, a lo estrictamente económico. Suelen tener tanta fe en el libre mercado que llegan a creer que de éste se derivaría una suerte de “mano invisible de la moral”, cuando la relación es más bien a la inversa. Si han llegado a darse las condiciones para crear una sociedad que respeta la libertad y defiende los derechos humanos es por cómo se ha configurado la civilización occidental después de siglos de filosofía, derecho romano, de cristianismo y de numerosos y cruentos conflictos.

¿Queremos conservar esa libertad y prosperidad por la que ahora lucha el pueblo cubano tras seis décadas de dictadura? No cometamos el error de creer fervientemente en una sola idea, por más indispensable que sea. La libertad es imprescindible, no es negociable, pero pensar al ser humano y la sociedad de forma cabal precisa introducir más factores, sutilezas y variantes en juego.