Son dos compactos de nueva generación que miran en sus diseños al concepto SUV pero que llegan desde planteamientos diferentes. El ID3 como sustituto del Golf eléctrico con el que Volkswagen se adentró en esta nueva tecnología años atrás y que es parte de la nueva familia de eléctricos. El ë-C4 como parte de la propia gama C4 que se produce en la madrileña planta de Villaverde junto al resto de versiones de combustión, y que se comercializa como una opción más junto a la oferta diésel y gasolina.

Si sus diseños son muy diferentes, también su concepción mecánica, pues el ID3 se caracteriza por su tracción trasera frente al sistema más habitual de tracción delantera del C4. Donde menos diferentes pueden llegar a ser es en sus sistemas eléctricos, con motores de rendimiento similar, 150 CV para el ID3 y 136 CV para el ë-C4, y baterías de 55 y 50 kWh respectivamente con autonomías homologadas por encima de los 300 kilómetros en ambos.

Por dentro pocas coincidencias en diseño y organización de mandos, algo más vistoso y futurista el ID3 aunque con una sensación de calidad no tan buena como la del Golf que le deja incluso por debajo de las buenas sensaciones en este sentido del C4, más sólido en apariencia. La información en ambos es completamente digital, más sencilla, ordenada y fácil de leer el cuadro de instrumentos del ID3 –aunque la del C4 admite diferentes configuraciones– pero con una pantalla central, táctil ambas, más intuitiva y accesible en el ë-C4. Bajo ella hay dos botones físicos de los que carece el ID3 y un mando circular, para acceder directamente al menú principal y a los reglajes del vehículo, y para manejar el volumen del sistema de sonido con mayor facilidad.

El ë-C4 supera con cierta facilidad los 300 km de autonomía en ciudad.

Ventaja para el eléctrico de Volkswagen en la cantidad de huecos que ofrece en el habitáculo para guardar todo lo que podamos llevar a mano.  Por lo que a la habitabilidad se refiere, bastante igualdad en ambos, mejor por confort delante los generosos asientos del ë-C4 y con unas plazas traseras con amplio espacio de piernas en los dos, anchura un tanto justa para tres ocupantes y unos maleteros prácticamente idénticos en su capacidad, 380 litros en el Citroën, cinco más en el de Volkswagen, y formas muy fácilmente aprovechables tanto en uno como en otro.

Acomodados en sus amplios puestos de conducción, poner en marcha el ID3 solo requiere situar la palanca del cambio en posición D mediante un mando situado tras el volante sin necesidad de pulsar antes botón alguno, mientras que en el ë-C4 hay que pulsar un botón de puesta en marcha y seleccionar luego desde otro situado bajo la consola central la marcha de inicio. Desde sus posiciones de conducción ligeramente sobreelevadas se disfruta de una buena visibilidad hacia delante, mientras que hacia atrás el diseño de la zaga del C4 condiciona una peor visión de lo que sucede a nuestras espaldas.

Como en el ë-C4, el ID.3 necesita unas 7 horas de recarga en tomas de 7,4 kW.

Con las baterías cargadas al máximo, aprovechar toda la autonomía requiere moverse en sus respectivos modos “Eco”, con menor potencia disponible pero suficiente para un uso diario en ciudad y desde el que la eficiencia nos lleva a superar en conducción urbana los 300 kilómetros con facilidad. Volver a recargar las baterías depende de las múltiples opciones disponibles, aunque ambos admiten cargas máximas de hasta 100 kW, que apenas requiere una hora para alcanzar el 100% toda vez que en estas cargas rápidas no se recarga de manera constante a esa potencia.

Pero en condiciones normales, en tomas domésticas, el ID3 carga a un máxima de 7,2 kW, por lo que requiere unas 7 horas, tiempo muy similar al del ë-C4 que carga a 7,4 kW, aunque este en opción puede llegar a hacerlo hasta 11 kW. Si no llegamos a esas capacidades de carga domésticas, no queda otra que dejarlos enchufados durante toda la noche.

Si en ciudad los resultados son similares, con pequeña ventaja del ID3 por su facilidad para girar en espacios reducidos gracias a su tracción trasera, en carretera marca sobre todo las diferencias las puestas a punto de los bastidores. Si buscas confort sobre todo, lo encontrarás en mayor dosis en el ë-C4, provisto de amortiguadores con topes hidráulicos que mejoran de manera clara el mismo y que se deja sentir en el mejor filtrado de las irregularidades del asfalto. Una calidad de rodadura que le convierte en un compacto con el que viajar cómodamente, con mucho silencio de marcha, al menos a destinos que estén a un radio máximo de 250 kilómetros.

Alcanzar esa autonomía es posible en una conducción eficiente, si nos dejamos llevar por su buen dinamismo el tope estaría en los 200 kilómetros. El ID3 ofrece un resultado en este sentido muy similar, aunque da la sensación de ser más sensible que el ë-C4 a la conducción que practiquemos. Su autonomía varía en mayor medida, pero buscando eficiencia se mueve en cifras similares. Eso sí, su tacto es algo más dinámico, más firme en sus tarados y con un paso por curva más ágil y preciso que el de su rival francés.

FICHAS TÉCNICAS:

VERSIÓN: ë-C4 Shine MOTOR: Eléctrico de corriente alterna BATERÍA: De iones de litio de 50 kWh POTENCIA MAXIMA: 136 CV Par máximo: 260 Nm Tracción: Delantera Caja de cambios: Automático de relaciones continuas Vel. máxima: 150 km/h Acel. 0 a 100 km/h.: 9,7 seg Dimensiones: 4.360 / 1.800 / 1.525 mm Capacidad de maletero: 380 litros Peso: 1.616 kg Autonomía en ciudad: 310 km Autonomía en carretera: 240 km PRECIO: 35.100 euros

VERSIÓN: ID.3 Pure Performance MOTOR: Eléctrico de corriente alterna BATERÍA: De iones de litio de 45 kWh POTENCIA MAXIMA: 150 CV Par máximo: 310 Nm Tracción: Trasera Caja de cambios: Automático de relaciones continuas Vel. máxima: 160 km/h Acel. 0 a 100 km/h.: 9,0 seg Dimensiones: 4.261 / 1.809 / 1.568 mm Capacidad de maletero: 385 litros Peso: 1.772 kg Autonomía en ciudad: 290 km Autonomía en carretera: 220 km PRECIO: 34.785 euros