La CUP afronta una de las elecciones más complicadas. La formación que irrumpió en el Parlament en 2012 ha envejecido rápidamente debido a su papel protagonista en el procés. Ahora, ante la nueva etapa post-procés, apuesta por un nuevo referéndum en 2025 que culmine el camino emprendido con el 1-O. Pero ya no está tan abierta a “investir a un tercer presidente de derechas”.  

La división interna de los anticapitalistas se ha acentuado con la ruptura de la unidad entre JxCat y ERC, que han adoptado estrategias opuestas. La CUP, que era el principal apoyo externo del Govern de coalición, se haya ahora desorientada. Hasta el punto de que las bases del partido han tenido que corregir en dos ocasiones a su nueva líder, Dolors Sabaté, e incluso la han ‘escondido’ en el último debate de candidatos de RTVE, así como de la entrevista en ‘Els Matins’ de TV3. En ambos sitios, fue Carles Riera, diputado autonómico y excabeza de lista.

Las fuentes consultadas por Vozpópuli temen que se produzca otro “culebrón” si de la CUP depende dar su apoyo a un gobierno de independentistas (con Pere Aragonès o Laura Borràs al frente). Tampoco tienen claro que la alternativa, un gobierno de izquierdas, con los comuns en la ecuación, les convenga. 

En el partido siempre han convivido dos almas, la nacionalista y la antisistema. Los líderes que capitanearon la formación durante la aventura separatista de 2017 estuvieron dispuestos a dejar en un segundo término la cuestión social para avanzar hacia la independencia. Aprobando incluso presupuestos muy poco sociales, que ellos mismos reconocieron y justificaron en pro de la independencia de Cataluña.

Pero la nueva etapa liderada por Sabaté, exalcaldesa de Badalona de la órbita de Podemos, ha dado peso a los que temen la posibilidad de investir “a un tercer presidente de derechas”, en el caso de que la candidata de JxCat gane las elecciones. Después de Carles Puigdemont y Quim Torra, Borrà sería la tercera dirigente de JxCat en ser investida por la CUP. 

Sabaté manifestó su voluntad de que la CUP formara parte del nuevo Ejecutivo catalán que salga de las urnas. Es decir, dando un paso más a su tradicional “apoyo externo”. Y también se distanció de una posible investidura de Borràs si no se aclara antes la causa abierta en el Tribunal Supremo por presunta corrupción cuando estaba al frente de la Institución de las Letras Catalanas. 

Esta posición de su líder, sin embargo, fue desautorizada por las bases. El partido, que se rige por asamblea, dio marcha atrás y aseguró que no se planteaban entrar en el próximo gobierno y, al mismo tiempo, no cerraron la puerta a hacer a Borràs presidenta de la Generalitat. 

Impostura 

Por el flanco nacional, la CUP también se ha visto erosionada por la falta de responsabilidades penales de sus dirigentes en las acontecimientos del procés. Pese a ser la formación que más presionó al Govern para emprender la vía unilateral, no sufrieron las consecuencias por no formar parte del Ejecutivo.

Su exlíder, Anna Gabriel, decidió irse a Suiza para no personarse ante la justicia. Pero su imputación por un delito de desobediencia no entraña penas de cárcel. En paralelo, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña condenaba el pasado octubre a los cuatro miembros de la Mesa del Parlament durante el 1-O a 20 meses de inhabilitación y una multa de 30.000 euros. La única que se salvó fue Mireia Boya, diputada de la CUP.

Intervencionismo

De cara a la nueva legislatura, y ante la imposibilidad de materializar la independencia, la CUP ha dado un golpe de timón para reivindicar también posiciones izquierdistas más allá del tema independentista. Una de las más llamativas ha sido la de proponer una renta universal básica universal sostenida con "un tipo único de IRPF del 49%".

Una vez medidas su fuerzas en las urnas, les tocará decidir si cambian el rumbo emprendido desde su salto a la política autonómica, o si se sienten más cómodos en su papel de muleta de sucesivos ejecutivos de signo independentista.