Marta Martín (Alicante, 1972) era la diputada más veterana de Ciudadanos en el Congreso. Llegó a ser portavoz adjunta del grupo parlamentario en la breve legislatura de 2015 y, poco después, formó parte del equipo negociador que logró un acuerdo para la investidura de Pedro Sánchez allá por 2016. Cinco años después, y con Inés Arrimadas al frente de la formación naranja, la catedrática de Comunicación Audiovisual y Publicidad ha decidido renunciar a su acta y volver a la Universidad de Alicante.

Atrás deja cuatro legislaturas como portavoz de Educación; miles de iniciativas e intervenciones parlamentarias y un buen puñado de comisiones. En esta entrevista con Vozpópuli asegura que no está arrepentida porque no se reconoce en el partido que abandona. "Teniendo la promesa de que el escaño no se va a mal utilizar, sopesé que soy más útil cumpliendo mi compromiso ético y trabajando como catedrática que siendo una diputada incómoda en el Congreso", defiende.

Pregunta. No ha pasado ni un mes desde que entregó su acta. ¿Se arrepiente de la decisión?

Respuesta. No, porque hice lo correcto. Fue una decisión muy meditada y tengo la conciencia tranquila. Yo me presenté a unas elecciones con una dirección, un programa, un compromiso y un estilo de hacer política. La dirección, el rumbo y el estilo del partido cambiaron y muchas personas también.

Algunas decisiones que se han tomado, en especial, recientemente, no respetan en puridad lo prometido a los electores en campaña. Agoté todas las vías posibles para una rectificación, incluso pedí un Consejo General o una Asamblea para que se debatiera la estrategia. No se ha querido convocar. En esta situación no podía seguir trabajando con serenidad para algo que no veía claro.

P. ¿Por qué no se fue antes?

R. Tampoco me podía ir hasta que se me garantizara que el escaño que yo ocupaba, que se había sacado en otras condiciones y con otro contexto, no se iba a usar para apoyar lo contrario de lo que los electores habían votado. En esencia hay dos ejes que a mí me parecen fundamentales, luchar contra la corrupción y combatir el nacionalismo, que es desigualdad ya sea en directo o "en transferido", como está sucediendo con muchas de las políticas de Sánchez. Cuando conseguí la palabra de la presidenta (Arrimadas) de respetar ambas cuestiones, pensé que podía irme. Me dijo que no hacía falta hacerlo por escrito.

P. ¿Confía en su palabra?

R. Ahora toda la responsabilidad está en su tejado y en el de la persona que me va a sustituir. La palabra es una cosa muy seria, más si se da ante toda España. Así que confío en ellos.

P. Era la diputada más veterana de Ciudadanos. ¿Qué evolución ha visto en el partido para terminar abandonándolo?

Yo me metí en política para luchar por un proyecto de país y en estos momentos lo único que yo percibía era un proyecto de partido. Son cosas distintas.

Cambio de timón con Arrimadas

P. ¿Barajó la posibilidad de irse al Grupo Mixto como su compañero Cambronero? ¿Por qué no lo hizo?

R. Sí, barajé todas las posibilidades. A mí me han votado en cuatro ocasiones los alicantinos como cabeza de lista para representarlos y en otras dos ocasiones los afiliados en primarias para pelear por un proyecto, con un programa y unas promesas que para mí tienen valor, que deberían ser un contrato. No me podía ir sin más. Es verdad que el sistema español es partitocrático y no contempla la situación de cambio de timón y rumbo que hemos vivido en Ciudadanos. Con muchas decisiones hay gente, como yo, que se ha podido sentir políticamente huérfana.

P. ¿Por qué?

R. Ha sido complicado. Tenía claro que lo valiente y lo correcto era no ceder en ningún caso el escaño para apuntalar un proyecto de país que tiene Sánchez en estos momentos, diametralmente contrario al nuestro en muchísimas cosas. Si no hubiera obtenido las garantías de la presidenta del partido o no creyera en su palabra o hubiera tenido un objetivo concreto e importante sin terminar por el que pelear, como la tramitación de la LOMLOE, a lo mejor habría hecho otra cosa.

Lo cierto es que la capacidad política de las áreas en las que yo estaba, desde el grupo mixto, en estos momentos eran pocas. Teniendo la promesa de que el escaño no se va a mal utilizar, sopesé que soy más útil cumpliendo mi compromiso ético y trabajando como Catedrática en la Universidad, que siendo una Diputada incómoda en el Congreso.

P. ¿Siente que la dirección del partido le empujó a hacer las maletas?

R. Sí. No tomando en consideración algunas de las propuestas esenciales para poder hacer mi trabajo y animándome abiertamente a marcharme si no estaba de acuerdo.

P. ¿Hubo presiones por no lidiar con algunas de las últimas decisiones de la cúpula?

R. Sí, pero permítame que las guarde para mi futura investigación sobre deontología política.

P. ¿Cuáles son los principales errores políticos cometidos por Ciudadanos?

R. ¿Qué Ciudadanos? ¿En el que entré o en el que dejo? Del Ciudadanos que dejo prefiero no opinar porque en él no me reconozco. En el que entré creo que el mayor error político fue la ingenuidad y el querernos creer que la política se movía al margen de otros muchos juegos de intereses y poder. Que bastaba un buen líder, buenas ideas y buenas personas para que la gente nos apoyara incondicionalmente. Infravaloramos variables que no son "ideales" y "valores", pero que determinan los votos. Fuimos incautos y eso nos pasó factura. El mayor error fue "quedarnos a las puertas de"…

Del Ciudadanos que dejo prefiero no opinar porque en él no me reconozco. En el que entré creo que el mayor error político fue la ingenuidad"

P. ¿Y aciertos?

R. El mayor acierto, aunque parezca una paradoja, haberlo intentado genuinamente.

Marcos de Quinto, la entonces candidata de Ciudadanos al Congreso de los Diputados por Barcelona, Inés Arrimadas, Toni Cantó y Marta Martín en un acto de campaña de Ciudadanos en Alicante el 20 de abril de 2019. Joaquín Reina / Europa Press.

P. ¿Fue partidaria de que Rivera pactase con Sánchez?

R. Sí. Pero en 2015, cuando firmamos el llamado 'Pacto del abrazo' y cuando Sánchez era "el otro Sánchez" y apoyaba aquellos puntos concretos para un Gobierno. Y en la famosa Ejecutiva de después, en 2019, fui de las pocas personas que le dijo a Albert Rivera que debíamos intentar que no entrara Podemos y los nacionalistas. Nadie de la dirección actual se atrevió a hacerlo.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que Albert no nos mintió: no fuimos nosotros quienes vetamos a Sánchez, fue Sánchez el que nos había vetado ya porque había pactado otro modelo de país, diametralmente opuesto al nuestro de 2015. Por eso con este Sánchez yo no podía pactar.

P. Los resultados de las últimas elecciones no han sido buenos. ¿A qué motivos atribuye esta deriva?

R. Creo que por diversos motivos y decisiones, Ciudadanos no ha encarnado el proyecto alternativo al nacionalismo que encarnó en las elecciones anteriores y mucha gente no nos han votado porque se han sentido defraudados. No nos han sentido útiles como nos sintieron en las elecciones anteriores.

P. Las encuestas también apuntan a un declive en Madrid. ¿Qué le parece que Edmundo Bal se presente como candidato? ¿Logrará salvar los muebles?

R. Lo importante no es lo que me parezca a mí, sino lo que les parezca a los madrileños. Tendrá que demostrar que han sido y que van a ser una alternativa real para solucionar los problemas de la gente, no para crearlos. Me da que a la mayoría de los madrileños en estos momentos les preocupa más no enfermarse, poder trabajar y comer, que no les sangren a impuestos, que respeten sus propiedades y dar a sus hijos una educación de calidad que las mociones de censura y los pactos de los tránsfugas.

Ley Celaá y sistema educativo

P. Como portavoz de Educación, se convirtió en uno de los mayores ‘azotes’ contra Isabel Celaá. ¿Qué recorrido le da a la LOMLOE?

R. Pues espero que corto porque confío en que la pare el Constitucional. Y es verdaderamente vergonzoso porque esta ley, que ha sido un pago al Podemos y al nacionalismo, nos va a sumir una vez más en un caos que solo perjudica a la comunidad educativa. Espero que al PSOE le pase factura su irresponsabilidad: se podría haber consensuado una reforma de calidad, pero Celaá no ha querido y, en lugar de enmendar el lío en el que nos sumió la LOMCE, lo va a cronificar sumando nuevos problemas.

P. ¿Qué problemas urgen más solucionar en el sistema educativo español?

R. Necesitamos una reforma de calado en el sistema educativo que aborde las desigualdades por razones socioeconómicas, personales y territoriales y que fomente la calidad y la modernización del sistema.
Para combatir desigualdad socioeconómica hay que garantizar la financiación por puesto escolar y establecer un sistema intensivo y eficiente de becas, que no lo hay. Por cierto, para todos los territorios, no según dónde vivas y quien gobierne.

Urge fomentar la equidad. Eso implica también la libertad, el esfuerzo y la educación en resiliencia. Hay que atender correctamente las necesidades de educativas específicas y especiales mejorando la educación individualizada y especializada, no eliminándola como ha hecho la LOMLOE.

También necesitamos mejorar el sistema de formación y de promoción del profesorado y hay que impulsar el conocimiento. Si no les damos a nuestros jóvenes las herramientas para que sean libres, solidarios y demócratas, competentes y autónomos en un mundo global y en una sociedad de la información, la educación no sirve.

Necesitamos una reforma de calado en el sistema educativo que aborde las desigualdades por razones socioeconómicas, personales y territoriales"

P. ¿Considera que los políticos españoles tratan la Educación como un asunto de Estado o lo contrario?

R. Solo los nacionalistas han tratado la educación como un asunto de estado, pero de "sus estados". La prueba fehaciente: la eliminación del castellano como lengua vehicular. Para el nacionalismo la educación ha sido una máquina de fabricar futuros votantes para sus 'Narnias'. Hace cuarenta años que lo tienen claro. Para el resto, especialmente para el PSOE, la educación ha sido una moneda de cambio con el nacionalismo y una herramienta de confrontación muy rentable electoralmente.

P. Usted ha vuelto a la Universidad, ¿cómo es volver a su trabajo después de seis años en el Congreso?

R. Ilusionante, la verdad. Ahora mismo voy a estar dedicada unos meses a la investigación, estoy deseando retomar con fuerza la dirección de algunas tesis doctorales, y tengo muchas ganas de volver a dar clases con una mochila de experiencias y de conocimientos que creo que pueden servir mucho a mis alumnos.

P. Ha sido una de las diputadas más proactivas. ¿Trabajan todos al mismo ritmo o el suyo es un caso excepcional?

R. Creo que lo más operativo es que los lectores revisen las fichas del Congreso y así pueden comparar. Yo hablo por mí, he trabajado muchísimo y tengo que decir que lo he hecho encantada. Me he sentido una privilegiada de poder ejercer la labor de control y de orientación política. He metido muchas horas y mucho esfuerzo, pero creo que es lo que todo el mundo debería hacer. Para eso nos pagan.

P. ¿Qué es lo que más echa de menos de la vida parlamentaria?

R. Poder ayudar. Reunirme con colectivos o con personas con algún problema y poderlo solucionar a través una pregunta o de una negociación. Me gusta mucho el parlamentarismo también. Echo mucho de menos a la gente, desde diputados, hasta ujieres, pasando por técnicos, periodistas o representantes de colectivos. He aprendido mucho de todos.

P. ¿Y algo que echase de más?

R. No echo nada de menos estar sentada tantas horas en el Pleno. Y no tener intimidad ni vida fuera de la política. Y valoro muchísimo, no sabe cuánto, haber recuperado mi libertad.

P. ¿Volvería a la política en un futuro?

R. Si vuelvo a tener un reto que me merezca la pena, que me vuelva a ilusionar y en el que sienta que puedo ser útil, ¿por qué no?

P. ¿Ha habido algún contacto con el PP?

R. Claro. Y con el PSOE y con Vox… Tengo contacto con mucha gente de muchos partidos. Incluso ahora que me he ido me sigo llamando y whatsappeando porque ha sido mi vida durante seis años. Y lo voy a seguir haciendo con total libertad, faltaría más.

Si lo que me pregunta es si me han hecho "una OPA", la respuesta es rotundamente no. Estarían en su derecho y yo de decir sí o no. Pero lo cierto es que para algunos como yo, afortunadamente, hay vida, y bonita, fuera de la política. En estos momentos quiero vivirla y disfrutarla, creo que me lo he ganado.

P. ¿Se han planteado algunos de los ya ex dirigentes de Cs fundar un nuevo proyecto? ¿Cuentan con usted?

R. Pues si se lo han planteado, y si cuentan conmigo, yo en estos momentos no tengo conocimiento.