Este año se cumplen cuarenta años del Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña, más conocido como Manifiesto de los 2.300, firmado por intelectuales y profesores que por entonces vivían y trabajaban en Cataluña. Después de todos estos años, y tras varias sentencias que cuestionan el modelo de inmersión lingüística en las escuelas públicas catalanas, otros 'discípulos de los 2.300' han recogido el testigo para denunciar que en las aulas catalanas se trate el "castellano como una lengua extranjera".

Su compromiso ha tenido costes personales y profesionales. Algunos se han ido de Cataluña, otros, como Francisco Oya, fue el primer profesor expedientado por combatir el adoctrinamiento escolar en la región. Era docente de historia, además de ser el presidente de Profesores por el Bilingüismo. En conversación con Vozpópuli recuerda poco de los 2.300, ya que entonces todavía no había empezado a dar clases. "Recuerdo haberme sentido plenamente identificado con el texto. Unos años más tarde, unos cuantos compañeros pusimos en marcha la Asociación de Profesores por el Bilingüismo".

Mar Muelas, es profesora de Latín en el Instituto Puig Castelar, de Santa Coloma de Gramanet. Se trata del mismo centro donde trabajó Federico Jiménez Losantos, uno de los firmantes más célebres del Manifiesto de los 2.300, que posteriormente sufrió un atentado terrorista por parte de Terra Lliure. Al preguntarle por la situación actual en los colegios catalanes, sostiene que "cada vez hay un nivel más bajo".

"En las clases de segundo de bachillerato practicamos con exámenes de selectividad de años anteriores y miramos las de todas las Comunidades Autónomas. Hay una diferencia abismal entre unas Comunidades y otras en cuanto al contenido y dificultad de las pruebas".

De hecho, una de sus reclamaciones a los sucesivos gobiernos centrales es la de una "prueba común" en todo el territorio para poder saber con datos objetivos el nivel de castellano de los alumnos según su Comunidad Autónoma. Algo que, como avanzó este medio, la nueva reforma educativa, la 'ley Celaá', tampoco contempla.

Muelas coincide con Oya en que la mayoría de libros de texto, principalmente de Historia, "tienen una gran parte de doctrina". El docente de Historia, ya jubilado, añade que los informes independientes sobre libros de texto que se han publicado, así como los realizados por la Alta Inspección del Estado, dejan poco margen a la duda" sobre la "tergiversación" que se hace.

También señalan el sistema de inmersión lingüística como generador de desigualdad entre alumnos: "La mal llamada inmersión (en realidad, pura y simple imposición del catalán) crea un grave perjuicio a los alumnos castellanohablantes de los sectores sociales más desfavorecidos. Pues la lengua de enseñanza más adecuada para un niño -doctrina de la UNESCO universalmente aceptada- es la lengua materna", abunda Oya.

Otro de los históricos de Profesores por el Bilingüismo es Juan José Sotelo, profesor de Literatura. Hace unos años se marchó de Barcelona por aprobar las oposiciones para el Servicio Exterior. Estuvo en Oxford y en Andorra. Actualmente trabaja en un instituto de Melilla. "La marcha cercana del 50 por ciento de la población laboral catalana de las escuelas e institutos se produjo en 1981 hasta el 1983 por la implementación de la normalización lingüística y la obligatoriedad de impartir la docencia en lengua catalana. En esos momentos abandonaron en menos de dos cursos académicos Cataluña 15.000 docentes", recuerda.

Sotelo también cree que la imposición del catalán ha acarreado un "debilitamiento" del conocimiento del castellano de los alumnos que ésta es su lengua materna.

La escuela, ¿fabrica de independentistas?

Respecto a si el modelo actual de la escuela pública catalana guarda relación con el auge del movimiento independentista, cada uno tiene su opinión. Distinta o matizada. Sotelo, desde Melilla, afirma que sí, por la "manipulación de los contenidos en historia y geografía" y la ausencia de la "cultura hispana" de ese modelo. Muelas también se inclina por el sí, pero matiza que en el instituto donde trabaja no lo percibe: "Eso se da mucho más en la Cataluña profunda".

Oya hace un paralelismo con la época de Franco, con la asignatura llamada "Formación del Espíritu Nacional", que era una materia obligatoria para todos: "Bien es verdad que el adoctrinamiento catalanista es mucho más amplio e intenso, pero está sufriendo un proceso de desprestigio y contestación social acelerado. Cada vez hay más alumnos de secundaria conscientes del tipo de basura intelectual que intentan inculcarles en la escuela. Esto puede acabar creando un fuerte resentimiento en amplias capas de población y ser un factor que favorezca el cambio político que termine con esta situación".

En sus centros en Cataluña, dicen, haber visto casos de adoctrinamiento. Y Muelas apunta a que hay "miedo" a hablar en castellano porque "se busca que el catalán sea la lengua culta y el español la lengua de andar por casa".

"En catalán"

Uno de los casos que recuerda Oya fue la de un profesor, Julio Puentes, que plasmó sus experiencias en el libro 'Cataluña. Entre la sensatez y el delirio'. Puentes pidió traslado a Barcelona en 1986, ocupando plaza en el Instituto Ausias March como profesor de inglés: "Le resultaba muy desagradable comprobar que en su propio centro, el Ausias March, hasta las clases de lengua española se impartían en catalán, a pesar de que la inmensa mayoría de alumnos eran castellanohablantes".

De ahí pasó al Instituto Apel·les Mestres de Hospitalet en 1990, donde pudo observar que una oferta de clases particulares de griego y latín, puesta en el tablón de anuncios del centro y redactada en castellano, era saboteada por otro profesor, que escribió encima, con grandes letras mayúsculas: EN CATALÀ. "Tenía problemas de corazón, y este tipo de cosas le producían una tensión insoportable, por lo cual acabó pidiendo el traslado fuera de Cataluña en 1992", remacha Oya.

"Voluntad política"

Desde la Asociación de Profesores por el Bilingüismo no desisten en su causa. Y se muestran seguros de que con "voluntad política" es fácilmente reversible. Saben de lo que hablan, han estado durante años a primera línea de la enseñanza. "El Estado debería establecer para los alumnos unas pruebas de nivel obligatorias. Dichas pruebas serían en lengua española y las mismas para toda España. Lo cual permitiría medir y comparar el nivel alcanzado en Lengua española, de obligado conocimiento, según la Constitución, por los alumnos de las distintas autonomías, así como detectar eventuales signos de adoctrinamiento", relata Oya.

Otro de los puntos que subrayan es que "los directores de centros e inspectores tendrían que depender directamente del Ministerio". Así como "sus nóminas". "Todos son funcionarios del Estado, no de las autonomías". Sotelo, por su parte, insta a llevar a cabo algún tipo de "armonización" por parte del "poder central" de un asunto tan capital como la educación.