A Pedro Sánchez se le complican las relaciones internacionales. El presidente del Gobierno está alejando a España de sus aliados tradicionales. Sus recientes choques con la OTAN, por la aportación española al presupuesto neto de la Alianza, y con la recién elegida administración de Donald Trump, a cuyos gurús de Silicon Valley denomina "tecnocasta," dan cuenta de ello. El líder socialista afronta en solitario un contexto internacional adverso para sus intereses políticos y personales.
Aunque las fuentes consultadas en su entorno no lo ven como una debilidad. Más bien al contrario: como una posibilidad. No obstante, estas fuentes admiten que no son buenos tiempos para la pervivencia de la coalición de izquierdas que gobierna España si se echa un vistazo a lo que ocurre en el resto del planeta. A Sánchez le quedan cada vez menos manos amigas que estrechar que piensen como él.
Lo cierto es que el presidente del Gobierno ha pasado en poco menos de dos años de considerarse un "actor global" con influencia -según su equipo- a perderla poco a poco. Las coordenadas políticas de Occidente están cambiando aceleradamente y se están desacoplando de la sensibilidad ideológica de Sánchez. El principal faro del mundo, Estados Unidos, alumbra ahora a Donald Trump. La llegada del republicano a la Casa Blanca ha trastocado por completo la sintonía entre Madrid y Washington.
En verdad, el derrumbe de aliados 'progresistas' se ha acelerado. Si Sánchez no tiene a Biden a los mandos de la primera potencia mundial, tampoco podrá contar ya con Justin Trudeau al frente de Canadá, que renunció a principos de mes y, si se cumplen los pronósticos de las encuestas, también perderá a su colega socialdemócrata alemán, Olaf Scholz, que se la juega en unas elecciones en menos de un mes, y que adelantó tras saltar por los aires su coalición.
En la UE solo resisten España, Dinamarca y Malta con partidos en el gobierno pertenecientes a la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Y fuera capea el temporal el primer ministro británico, el laborista Keir Starmer. Sánchez ve el tsunami de lejos y, por eso, ha decidido confrontarlo aunque implique mover a España de algunos ejes tradicionales. El presidente del Gobierno, que lidera la internacional socialista, quiere ser el contrapeso ideológico de una corriente que ya está aquí. Esta corriente, de hecho, es la que le pone difícil un puesto internacional de relumbrón cuando termine su etapa en Moncloa. Sánchez miraba a Europa y a las instituciones que surgieron tras 1945 para continuar su carrera política, pero los equilibrios y alianzas se le están rompiendo.
La situación de Pedro Sánchez ante la OTAN ha dado un cambio drástico en menos de tres años. Si en 2022 se erigía como anfitrión de la Alianza en su Cumbre de Madrid -se llegó a vincular su figura como posible sucesor de Jens Stoltenberg al frente de la organización-, hoy todos los focos de los Estados miembro se dirigen hacia España, en el vagón de cola de inversión presupuestaria de Defensa.
El choque es de sobra conocido. España manifiesta su compromiso de llegar al 2% del PIB en Defensa de cara a 2029, tal y como suscribió con la OTAN en la citada Cumbre de Madrid. Será una misión compleja, teniendo en cuenta que el listón se ubica ahora en el 1,29% y que el previsible bloqueo de los Presupuestos Generales del Estado dificulta el progresivo crecimiento previsto antes de que finalice la década. Con todo, el Gobierno manifiesta su total seguridad de alcanzar el horizonte marcado.
Pero el 2% amenaza con ser del todo insuficiente. Su secretario general, Mark Rutte, que este lunes se reunió con Pedro Sánchez en la Moncloa, eleva la exigencia al 3,6% o al 3,7%, lo que supondría triplicar la actual partida de Defensa. España se defiende y argumenta que es el octavo país en contribuciones a la Alianza teniendo en cuenta otras variables, como despliegues de militares en misiones auspiciadas por la OTAN en el flanco este, como medida de disuasión ante Rusia.
La colisión es aún mayor si se mira al otro lado del Atlántico, en busca de otros aliados tradicionales. Las exigencias de Donald Trump van aún más lejos y apuntan al 5%. El presidente de Estados Unidos, en su toma de posesión, enmarcó a España en el bloque de los BRICS; países emergentes de los que forman parte China o Rusia. Algo que, más allá de una mera equivocación, muchos tomaron como un aviso a navegantes.
La relación bilateral Madrid-Washington amenaza con ser tortuosa durante los próximos años. Pedro Sánchez no duda en calificar de “tecnocasta” al equipo que rodea a Donald Trump, en clara referencia a Elon Musk. Por su parte, el nuevo presidente norteamericano esquiva estos enfrentamientos y presenta una hoja de ruta internacional efectista, basada en el cumplimiento de objetivos específicos. Respecto a España, su única pretensión manifiesta se centra en el presupuesto armamentístico, donde el entendimiento es cuanto menos complicado.
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Bluesman
28/01/2025 14:33
Carallo, lo de este muchacho, Mr. Handsome, se va pareciendo más y más a 'Dos Hombres y Un Destino' o 'Telma y Louise'. En breve se parecerá a 'El Lute: camina o revienta'.
Caballeria
El sinverguenza enterrador, ya se aseguro la vida, 180.000 al año, y cuando lo deje, pensión vitalicia, otros 180.000, de por vida, más coche oficial escolta secretaria y despacho, todo pagado por nosotros, ¿de verdad alguien piensa que al enterrador le importan las víctimas de un atentado?, andaaaaa, tiraaaa tiraaaa....
Robespierre
¿En qué idioma dices que escribes?