Después de 20 años de investigación en sumarios judiciales y tras haber cubierto algunos de los juicios más importantes de la última década, el periodista especializado en tribunales Alfonso Pérez Medina publica 'No lo sé, no recuerdo, no me consta' (Arpa); un libro en el que hace un repaso por los casos de corrupción más relevantes que se han producido a lo largo de los últimos años en nuestro país y en el que también incluye testimonios exclusivos del exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, del juez del 'caso Nóos', José Castro, y del fiscal jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Alejandro Luzón.

En esta entrevista con Vozpópuli, el autor cuenta cuál ha sido el caso que más le ha gustado cubrir como periodista y expresa su opinión sobre la investigación al rey emérito o sobre la relación entre la política y la justicia.

Pregunta: El ‘Tamayazo’, la Gürtel, los ERE de Andalucía, el caso del 3%… ¿se podría pensar que en España la corrupción es intrínseca del poder político y empresarial?

Respuesta: Es una pregunta interesante que yo abordo en el libro y la respuesta que puedo dar después de hablar con mucha gente, con jueces, con fiscales, con muchas personas que saben mucho sobre la cuestión, es que España no es un país mucho más corrupto que otros. Por ejemplo, tú cuando vas al médico o cuando haces un examen en la universidad no tienes que pagar normalmente un soborno, como sí ocurre en muchos otros lugares, o cuando te para la policía por la calle. Entonces digamos que la corrupción no está tanto en el nivel cotidiano, sino más bien que España ha tenido en una época determinada un problema de corrupción política. Ha sido a raíz de la burbuja inmobiliaria y eso es lo que ha provocado en buena medida ese crecimiento desbocado que tuvo el país durante unos años que luego estalló con la crisis de 2008. Entonces yo no creo que sea un país mucho más corrupto que los demás pero sí creo que es un problema sobre todo de corrupción política.

P: Según explica en el libro, la corrupción se basa en tres grandes ámbitos: financiación de los partidos, establecimiento de estructuras clientelares y caciquiles y codicia individual. ¿Cuál diría que es el mayoritario?

R: Creo que ha habido muchos casos de corrupción política asociados a la financiación de los partidos, sobre todo los más importantes. Tenemos el caso de la caja 'b' del Partido Popular, que ha sido el que ha monopolizado un poco durante los últimos años toda la información de tribunales, y un antecedente muy claro que es el de 'Filesa' en el PSOE. Hemos visto también financiación irregular en Convergencia Democrática de Cataluña con el 3%, casos regionales con el PP madrileño... Creo que la financiación política está detrás de muchos casos. También es verdad que hay algunos casos de corrupción en los que no es lo nuclear la financiación de un partido, sino el mantenimiento de esas estructuras de poder que en el fondo no deja de ser una corrupción también abominable. El más prototípico de eso es el de los ERE: crear una serie de estructuras clientelares sin las cuales es difícil sobrevivir fuera. Tenías que entrar por el aro para conseguir, en este caso, las ayudas. También hay casos de codicia personal pero creo que son minoritarios.

P: De todos los casos de corrupción que ha cubierto estos años, ¿cuál ha sido el que más le ha gustado seguir?

R: Si tuviera que elegir me quedaría con el 'caso Gürtel' y la caja 'b' del PP porque fue un caso que fue creciendo con el tiempo. Empezó siendo una pequeña trama de unos ayuntamientos madrileños que parecía que no tenía mucha importancia, que afectaba a algunos alcaldes, y lo que me parece fascinante es cómo a partir de la investigación policial, de la investigación judicial y también de la labor que hacen los medios de comunicación, de repente se van conociendo más cosas y al final acaba al descubierto toda la financiación ilegal que tenía el partido del Gobierno en aquel momento durante los últimos 20 años. Lo fascinante del caso me parece cómo a partir de un pequeño hilo se descubrió toda una madeja. Para mí ese ha sido el más bonito de cubrir como periodista.

Las mismas excusas de hace siete años, que es cuando las dijo la infanta Cristina, se han dicho ahora, esta misma semana"

P: Lingotes de oro, el caballo blanco de Granados, zulos para esconder patrimonio... Uno vuelve a recordar todo esto leyendo el libro y parece que está ante el guion de una película.

R: Totalmente. Creo que la corrupción española da para muchas series, aunque algunos de los argumentos que hemos visto en la realidad y en los sumarios judiciales difícilmente se le podrían haber ocurrido a algún guionista. Lo que tú dices, el altillo de Granados, por ejemplo, todas las explicaciones que dan todos los corruptos ante el juez cuando les pillan...

Me ha pasado una cosa muy curiosa y es que justo cuando ha salido el libro a la gente le hacía gracia el título y precisamente esas mismas frases las ha pronunciado esta semana María Dolores de Cospedal cuando ha ido a declarar a la Audiencia Nacional por el 'caso Kitchen', entonces te das cuenta de que realmente no ha cambiado nada y que las mismas excusas de hace siete años, que es cuando las dijo la infanta Cristina, se han dicho ahora, esta misma semana.

P: Precisamente 'Excusas para imbéciles' es el título de uno de los capítulos de su libro. ¿Tratan por imbéciles los protagonistas de los casos de corrupción al resto de los ciudadanos?

R: Un poco sí. Entiendo que está el derecho de defensa y que todo el mundo tiene no derecho a mentir pero sí por lo menos a no decir la verdad, pero hay cosas que realmente sí que es tomar por estúpidos a los ciudadanos. Cuando tienes una riqueza en Suiza, por ejemplo, que supera los 40 millones e intentas convencer al tribunal y también a los ciudadanos de que eso en realidad se debe a tu pericia como empresario, como hombre de negocios o corredor en Bolsa, pues hombre... No niego que efectivamente algunos de estos imputados pueda tener muchas cualidades, y probablemente las tienen porque si no igual no habrían escondido esa riqueza durante tanto tiempo, pero sí me parece tratar a la gente como si fuera idiota. Lo bueno es que al final en las sentencias queda en negro sobre blanco lo que se puede demostrar. Aunque haya mucha parte que no se puede demostrar, la verdad, o una parte de la verdad al menos, sí que sale a relucir.

El periodista Alfonso Pérez Medina.

P: ¿Qué anécdota destacaría de estos 20 años de investigación?

R: Me hace mucha gracia una que cuento en el libro que es una vez que estaba comiendo en un bar cerca de la Audiencia Nacional y tenía al lado a Francisco Correa con Guillermo Ortega, uno de los alcaldes a los que se estaba juzgando, y resulta que yo estaba mirando el móvil, lo coloqué en vertical y ellos pensaron que les estaba grabando. Lo sorprendente es que Correa le pidió al alcalde que viniera y que por favor me preguntase si les estaba grabando, y no, estaba mirando Twitter pero tenía el teléfono un poco levantado. Cuando vio que no, pidió perdón y luego vino incluso Pablo Crespo a disculparse, pero sí refleja un poco el nivel de organización que tienen y de cómo quien mandaba en ese caso era realmente el corruptor mientras los políticos estaban a su servicio.

P: ¿Es Villarejo el mayor personaje de la corrupción en España?

R: Es uno de los grandes personajes. Desde luego es ahora el que está de plena actualidad, sin duda, y cada vez que comparece ante los medios de comunicación puede soltar cualquier cosa y desde luego es un personaje muy agradecido para los medios.

En los últimos veinte años creo que ha habido otro muy importante que ha sido Luis Bárcenas, que ha centrado todo el interés informativo durante este tiempo. Además, con sus cambios de opinión y sus vaivenes de llevarse bien con el PP a luego ir a muerte contra sus antiguos compañeros de partido, me parece otro de los grandes personajes de la corrupción en España.

P: ¿Cuántos 'Villarejos' y personajes como estos cree que quedan por destapar?

R: Seguramente muchos. Yo no soy muy optimista en eso. De la corrupción conocemos solo la punta del iceberg. Probablemente va a haber muchos casos y muchas prácticas que no se van a conocer nunca. Sí que es verdad que creo que la etapa más álgida se ha cerrado, pero pienso que la corrupción es un fenómeno que no va a cesar. No sé si es por nuestro carácter latino o por la falta de ética de una parte de la clase política, pero sí me parece que todavía quedan muchos por descubrir y que conoceremos nuevos casos judiciales en un futuro. Seguro.

P: Le veo escribiendo la segunda parte del libro...

R: Hay muchos fondos europeos que repartir (risas). Donde hay dinero y donde hay políticos que tienen que gestionarlo, siempre es un acicate para la corrupción. Esperemos que no, pero yo soy un poco pesimista.

No es tan fácil manejar al juez como se piensa. Tenemos múltiples casos en los que jueces conservadores han tomado decisiones que podríamos calificar de progresistas y a la inversa"

P: Sobre la investigación al rey Juan Carlos, ¿es un hito en la Justicia de nuestro país?

R: Desde luego es el máximo exponente del sistema y que por lo menos hayan salido a relucir todos los negocios que tenía mientras era rey yo creo que eso es bueno para la democracia, lo que pasa que la investigación judicial no es que avance lentamente, es que apenas avanza. En realidad todo lo que sabemos es gracias al fiscal suizo. Teniendo en cuenta que al rey emérito le ha dado tiempo a hacer dos regularizaciones fiscales y que todavía la Fiscalía no ha presentado ninguna querella contra él, yo creo que ahí desde luego la Justicia, no sé si decir que no está haciendo nada, pero podría estar haciéndolo mucho más rápido. Eso seguro.

P: En cuanto a esto, en el libro también hace mención a la relación entre la política y la justicia. ¿Son los jueces tan fácilmente controlables como se piensa?

R: Creo que no, la verdad. Es cierto que los jueces tienen su ideología y que probablemente es una ideología conservadora, porque las asociaciones judiciales mayoritariamente son conservadoras, pero pienso que luego la mayoría de los jueces actúa en función de sus criterios y seguramente, como cualquier ser humano, en función de sus filias y sus fobias. Eso también es un factor. El factor personal muchas veces puede influir en las decisiones de los jueces, pero en general yo creo que no es tan fácil manejar al juez como se piensa. Tenemos múltiples casos en los que jueces conservadores han tomado decisiones que podríamos calificar de progresistas y a la inversa. Esto de que 'todos los jueces son así o si está sala está compuesta por estos determinados jueces la decisión va a ser esta', he visto cientos de casos en los que no ha sido así. En general todos actúan en función de sus criterios y con criterios mucho más judiciales, jurídicos, que políticos.

P: A raíz del bloqueo del Consejo General del Poder Judicial, ¿es tan determinante para un juez su posición política? ¿Donde está la objetividad de los hechos?

R: Lo que es evidente es que al final los nombramientos los hace el Consejo General del Poder Judicial y que el nombramiento de los jueces se hace a partir de las mayoría que hay en el Parlamento. Eso es evidente y supone que al final los partidos políticos son los que se tienen que poner de acuerdo para repartir los altos cargos judiciales. Ahora, yo sí creo que en la mayoría de las ocasiones los jueces no tienen una deuda con los partidos que los han nombrado. De hecho hemos visto muchísimos casos en los que esos jueces luego han tomado decisiones contrarias totalmente a los intereses del partido que los ha nombrado. Me parece que establecer una relación directa entre la mayoría parlamentaria que te nombra y luego las decisiones que tomas, a menudo no se corresponde con la realidad.

P: ¿Cuál es el objetivo del libro?

R: No presentar todas estas historias, estos casos judiciales que hemos ido contando en las últimas décadas, como un montón de casos aislados, sino como parte de un puzzle. Muchos están relacionados entre ellos y en el fondo lo que reflejan es una forma de actuar de la clase política.

Sobre todo, el objetivo de este libro es que los ciudadanos tomen conciencia de lo importante que es a nivel personal luchar contra la corrupción, ser exigentes con la clase política e intentar que este tipo de cosas no se vuelvan a repetir. Hemos visto muchos casos en los que políticos metidos hasta el cuello en la corrupción han sido reelegidos, y eso es terrible para una sociedad. Parece que la corrupción no penaliza, pero en el fondo sí. La corrupción fue uno de los factores que hizo saltar todo el sistema bipartidista por los aires. Me parece que toda esa indignación fue fruto de la crisis de 2008, pero también en buena parte de todos esos casos de corrupción que al final indignaron a la mayoría de la ciudadanía: cómo se había gestionado el país, cómo se habían saqueado las cajas de ahorros, cómo se habían repartido los beneficios de la época de la burbuja inmobiliaria... Eso sería lo más importante, que tomáramos conciencia de que contra la corrupción se lucha a nivel individual también, votando y siendo críticos con los políticos independientemente del partido al que pertenezcan.