Sólo hay un colectivo en España con un futuro más sombrío que el de los jóvenes: los extranjeros. El mal augurio está sustentado en cifras oficiales, las que miden la salud del mercado laboral. El paro entre los foráneos que residen en España crece a triple velocidad que el resto

El dato no preocuparía en exceso a los expertos si describiera un hito puntual. El problema es la tendencia: el desempleo entre los extranjeros lleva 11 meses creciendo por encima del 30%. Desde que la pandemia reventó la economía, los no nacionalizados han sufrido con más virulencia el azote del paro. El techo se alcanzó el pasado agosto, con un crecimiento interanual del 45,76%.

La lenta pero progresiva recuperación no ha servido para alterar el rumbo. Al contrario, la estadística más reciente del Ministerio de Trabajo demuestra que siguen siendo el colectivo más castigado, más incluso que los jóvenes. Al concluir marzo, había en nuestro país 3.949.640 parados registrados en las oficinas del Sepe, 401.328 más que hace un año, cuando el coronavirus saltó a escena. Este dato refleja un crecimiento del 11%. 

El aumento en el caso de los extranjeros es del 31,70%.  Actualmente, hay en España 584.165 parados foráneos, 140.611 más que al inicio de la pandemia. Prácticamente uno de cada cuatro parados no es español. La tendencia ha ido revirtiendo en otros estratos de la población laboral, a excepción de los jóvenes, donde el desempleo sigue creciendo muy por encima de la media. En marzo, el paro entre los menores de 25 años subió un 24,29% en términos interanuales (frente al 11% de la media nacional).

Del cruce de datos oficiales se obtiene la cifra más desalentadora. En marzo, el número de parados jóvenes y extranjeros se disparó casi un 42%. El avance es más galopante aún en el caso de los hombres: un 44,51%

Del cruce de datos oficiales también se obtiene la cifra más desalentadora. En marzo, el número de parados jóvenes y extranjeros se disparó casi un 42%. El avance es más galopante aún en el caso de los hombres: un 44,51%.

Quienes estudian los vaivenes del mercado laboral coinciden en que la escalada del paro entre extranjeros esconde un mismo patrón, que se repite en otras crisis. Una parte importante de este colectivo está dispuesta a aceptar puestos de menor cualificación o peor remunerados. Sobre todo, en sectores como los servicios (fundamentalmente en la hostelería) o la agricultura. Según el último balance del SEPE, el paro se disparó el mes pasado un 41,76% entre los foráneos que trabajan en el campo y un 31,59% entre quienes viven del sector servicios.  

Joven y extranjero: el colectivo más castigado por el paro en España
Una empleada manipula verdura en una empresa hortofrutícola de Almería. EP

Este hecho explica que la mano de obra extranjera sea la primera en sufrir el impacto de una crisis. La misma razón justifica por qué suelen regresar más rápido al mercado laboral cuando llega la recuperación.

Las previsiones, no obstante, invitan poco al optimismo. El propio Gobierno augura un crecimiento tenue del empleo en los próximos años, hasta quedar casi estancado en 2024. Según la revisión que anunció este viernes la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, este año avanzará a un ritmo del 4%, pero en 2022 caerá al 2,7%; y en 2023, al 1,1%. El año siguiente, que coincide con la llegada de las últimas remesas de fondos europeos de recuperación, el empleo sólo crecerá un 0,9%.

La gran duda de los economistas -y del propio Gobierno- es qué ocurrirá cuando desaparezca la red de seguridad de los ERTE. Según los datos publicados esta misma semana por la Seguridad Social, a 31 de marzo aún había 743.628 personas protegidas bajo este esquema. Casi un tercio (243.595) trabajaba en la hostelería, un sector con presencia predominante de mano de obra extranjera.

A Bruselas le inquieta que la economía española acabe creciendo a la japonesa. Y que una generación de jóvenes se quede por el camino

Que esos ERTE deriven en ERE dependerá, en buena medida, del retroceso de la pandemia y el avance de la vacunación. "El mantenimiento de fuertes restricciones a la actividad y a la movilidad, unido al lento avance de la campaña de vacunación, lastra el consumo privado y mantiene a los sectores del turismo y de la hostelería en mínimos de actividad", recuerdan los analistas de Funcas. "En un escenario pesimista de persistencia del miedo a viajar durante el presente ejercicio, la recuperación del turismo se retrasaría hasta 2022", añaden.  

Lo que temen algunos economistas es que esa tendencia refuerce el carácter estructural de los problemas que soporta el mercado laboral. Y el paro juvenil es, para muchos, el principal. Según Eurostat, el desempleo entre los menores de 25 años casi duplica ya la media comunitaria. Que España se afiance como líder de ese embarazoso ranking preocupa sobremanera a la Comisión Europea. A Bruselas le inquieta que la economía española acabe creciendo a la japonesa. Y que una generación de jóvenes se quede por el camino.