Un año sin Sant Jordi ni Feria del Libro, con el Museo del Prado cerrado a cal y canto por tres meses y las bibliotecas desiertas. El 2020 fue malo para todos: el estado de alarma ante la crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus confinó a la Humanidad entera y se cobró la vida de dos millones de personas en el mundo y casi 70.000 en España. La cultura no consiguió escapar indemne de una pandemia que aún no acaba.

A partir del 15 de marzo cerraron sus puertas el Museo Nacional del Prado, el Reina Sofía, el Thyssen-Bornemisza, el Museo Arqueológico Nacional, así como los museos estatales: el Cerralbo, de Artes Decorativas, el Museo de América, también el del Romanticismo, el Museo del Traje o el Sorolla. Las galerías, ferias de arte y anticuarios suspendieron su programación (a día de hoy sus pérdidas rondan el 80%), al igual que los teatros, los cines, auditorios y salas de conciertos. 

No hubo ninguna actividad que fuese inmune a la hecatombe producida por la covid 19, absolutamente ninguna: desde la música en vivo hasta la tauromaquia, que vio suspendidas sus principales ferias, incluidas Sevilla, San Isidro y San Fermines. Ni siquiera la crisis económica surgida en 2008 y la posterior ralentización económica arrastraron consecuencias como las que se derivan de la parálisis ocasionada por la pandemia que sacudió al mundo entero en 2020.

A eso se suman las pérdidas humanas: al menos una veintena de creadores, intérpretes e intelectuales que murieron en 2020. Desde la pronta desaparición de la escritora Mary Higgins Clark, el guionista y cineasta José Luis Cuerda o el escritor y periodista David Gistau, hasta la reciente muerte del novelista británico John Le Carré. Pero hubo más: Kirk Douglas, Luis Eduardo Aute, Marcos Mundstock, Pau Donés, Carlos Ruiz Zafón, Juan Marsé, Enio Morricone, Sean Conney, Quino, Van Halen,  Pedro Costa y la actriz y bailaora Teresa Vallejo, entre otros. 

Se vacían los museos

Después de tres meses de confinamiento, en junio volvió la actividad a las principales instituciones culturales, una de las primeras en abrir fue el Museo del Prado, que ofreció una selección de sus obras maestras para dar la bienvenida a los visitantes. A pesar de la llegada del verano y con este, supuestamente, lo que el Gobierno llamó la “nueva normalidad”, tanto la pinacoteca madrileña como el resto de los museos vieron desplomarse sus visitas entre un 80% y 90%.

Los museos, como los teatros y el resto de los recintos, abrieron con aforo limitado y eso, sumado a la ausencia de turistas, tuvo consecuencias directas en taquilla: el Prado, por ejemplo pasó de 7.992 visitantes diarios a 2.500. Tan solo en el mes de julio, las visitas pasaron de las 267.523 del año pasado a 49.192, es decir, un 81% menos, según los datos suministrados por la institución. El Museo Reina Sofía vivió una situación similar: 80% menos con respecto a 2019. 

Barcelona experimentó una situación similar a la de la capital española. Siete de cada diez visitantes de los museos barceloneses provienen del extranjero. El 16% proviene del resto de España y del resto de Cataluña 6%, según los datos aportados por el Ayuntamiento en 2019. El desplome del turismo internacional hizo estragos no sólo en museos como el Picasso, sino también en los grandes monumentos, con el agravante de que el flujo más significativo de visitantes extranjeros proviene de Estados Unidos, país especialmente golpeado por la pandemia.

Con el fin del estado de alarma y la apertura de las fronteras, apenas 204.926 turistas visitaron España, un 97,7% menos que un año antes, según el Instituto Nacional de Estadística. Los datos indican que el país perdió 27,3 millones de viajeros. Según un informe elaborado por la Red de Museos Europeos, institución independiente localizada en Berlín, tres de cada cinco museos informaron haber perdido una media de 20.300 euros a la semana debido al cierre y la interrupción de los viajes. La pérdida de ingresos en concepto de entradas, tiendas y cafés afectó las arcas de muchos de ellos.

El teatro pierde 200 millones de euros

Las pérdidas ocasionadas en el sector teatral por el confinamiento sobrepasan los 200 millones de euros. Los musicales como el Rey León, que facturan cuatro millones al mes, han permanecido cerrados durante más de un semestre. Se han suspendido más de 5.000 representaciones, eso ocasiona que tanto la parte artística como técnica esté sujeta a ERES, cuando ya no directamente al despido. Según datos de 2019, en el sector de las industrias culturales trabajaron 720.000 personas. Y en el sector de espectáculos en vivo más de 350.000. 

Así como los libreros vieron una caída en picada de las ventas, otras opciones de ocio como Netflix y otras plataformas audiovisuales como HBO, Amazon Prime Video, Filmin o Movistar+, se beneficiaron de la situación. Disney+, por ejemplo, alcanzó unos 50 millones de clientes de pago globales solo cinco meses después de su estreno en noviembre, más de la mitad de su objetivo de 90 millones para 2024. Según las cifras de FECE apuntadas por Mirian San Martín, el 13% de los cines españoles se mantienen cerrados desde el pasado mes de marzo tras el decreto del estado de alarma, lo que supone alrededor de 70 salas comerciales cerradas desde que comenzó el confinamiento. Desde que comenzó la desescalada, el nivel máximo de apertura ha sido del 87%, un porcentaje que sin embargo en las últimas semanas ha caído a cerca del 50%.

Las pérdidas causadas al sector de la música en vivo en España por el parón provocado por la covid-19 podrían superar los 1.200 millones de euros cuando se cumpla un año de pandemia, según las estimaciones hechas por los afectados. Esta cifra dobla la inicialmente ofrecida hace siete meses, cuando se alertó de pérdidas, hasta septiembre de este año, de más de 600 millones por la imposibilidad de desarrollar la temporada estival de festivales y que pondrían en cuestión la supervivencia del sector.

Mala salud de hierro 

A pesar de haber calculado unas pérdidas de entre 1.200 y 1.600 millones de euros, la industria editorial consiguió retomar su actividad, pero sin las citas tradicionales, incluidos los premios y eventos. Este año, por ejemplo, se celebró una edición extraordinaria de la ceremonia de entrega Planeta sin cena y con aforo limitado. Ceremonias como la entrega del Premio Cervantes fueron postergadas o directamente canceladas mientras otras se llevaron a cabo de forma excepcional, como la de los Premios Princesa de Asturias, ya no en el teatro Campoamor sino sino en una sala del Hotel Reconquista, el lugar donde se creó la fundación hace cuarenta años, y que recibió ese día a cincuenta personas, entre galardonados y autoridades. Pero hubo más cambios: las  conferencias de prensa, las presentaciones públicas  y coloquios pasaron a la opción telemática.

A pesar de su fragilidad, la cadena del libro ha hecho un esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos: desde las editoriales, que han retrogradado sus catálogos y novedades, hasta las librerías, que han tenido que continuar adelante a pesar del terreno que ganado Amazon durante el estado de alarma. La no celebración de Sant Jordi (la versión que se hizo el 24 de julio tuvo más de saludo a la bandera que otra cosa) y la cancelación de la Feria del Libro de Madrid no ayudaron a los libreros independientes, pero la mayoría insiste en continuar: han reintentado sus envíos y presentaciones, como por ejemplo la librería Rafael Alberti, que celebra coloquios vía Zoom y permite a sus clientes recoger en la tienda el libro firmado por el autor. 

El ministerio de Cultura no existe

A la tragedia que supuso la covid para el sector se sumó una variable que empeoró la situación: la falta de una autoridad competente, capaz de atender y resolver las demandas del sector de la cultura. El entonces recién nombrado ministro en la materia, José Manuel Rodríguez Uribes, confirmó la aprehensión con la que lo recibieron la mayoría de creadores, gerentes culturales y responsables institucionales, que apenas sabían que era.

En su primera comparecencia durante el estado de alarma, el ministro Uribes exhibió una total desconexión, indolencia y desinterés, por no hablar de una manifiesta  improvisación. Declaró haber sostenido una ronda de seis videoconferencias con más de 30 representantes del mundo de la cultura: del ámbito de las artes escénicas, el cine, la música, el libro y los representantes sindicales del sector, así como con los responsables de bellas artes e industrias culturales.

En aquella comparecencia pública tras el consejo de ministros del día 7 de abril, además de enunciar dichos contactos puntuales, Rodríguez Uribes no anunció ninguna medida derivada de esas reuniones y despachó unas cuantas frases memorables. Por ejemplo aquella en la que, parafraseando a Orson Welles, aseguró que "primero va la vida y luego el cine aunque la vida sin el cine y la cultura tiene poco sentido”.  Tuvo que rectificar y convocar reuniones con cada uno de los sectores de la Cultura. Su papel, entre la invisibilidad y la lentitud, se ha redimido sin embargo en la dotación económica.

Presupuestos 

El año 2020, la cultura en España debía enfrentar al menos cinco de sus asuntos decisivos. Los retos del sector pasaban -y pasan aún- por resolver temas enquistados que llevan mucho sin solución: desde la Ley de Mecenazgo, aplazada sin gobierno ni presupuestos durante más de dos legislaturas, pero también la reforma del INAEM que el exministro José Guirao no pudo resolver, las condiciones de cesión de la colección Carmen Thyssen al museo que lleva su nombre, además de los problemas estructurales de la dotación económica.

Sin duda se trata de una buena noticia para uno de los sectores de actividad más castigados por la pandemia de la covid-19 y muy necesitado de oxígeno en forma de dinero público. A pesar del aumento previsto para 2021, la financiación para la cultura representa solo un 0,3% de los Presupuestos Generales del Estado, a pesar de que la industria cultural española  genera el 3,2% del Producto Interior Bruto (PIB), según el Anuario de Estadísticas Culturales 2019 publicado por el Ministerio de Cultura y Deporte.

En el proyecto de Presupuestos de 2021 la partida más alta corresponde a los programas de Promoción y cooperación cultural y de Promoción del libro y publicaciones culturales, que aumenta un 190 y un 64%, las cifras más altas del conjunto con respecto a los epígrafes de Música y danza, Teatro, Cinematografía, Museos y de Exposiciones, que tienen una dotación conjunta de 163 millones de euros.