La tribuna de Pilar García Jáuregui

Partido Ciudadanos, un nuevo lenguaje

La política puede llegar a ser tan aburrida como una opera sin sonido. Vemos a sus protagonistas gritar y gesticular pero no hay manera de entender lo que dicen. Ante esta falta de sintonía, la mercadotecnia de los partidos ha tenido la ocurrencia de aprovechar cualquier simulacro de enfrentamiento para llamar la atención. Prueba de ello es que conocemos mejor las mundanas filias y fobias de los candidatos que sus programas políticos. Tengo dudas sobre si la confusión y la bronca pueden ser la solución de algo. Especialmente en este momento en el que observo que muchos de los desencantados, indignados y críticos  hace tiempo que cumplen a rajatabla con su voto de abstinencia en cuestiones políticas.

En medio de este guirigay, las tertulias televisadas también acostumbran a disfrutar con los alborotos

En medio de este guirigay, las tertulias televisadas también acostumbran a disfrutar con los alborotos. Parecen coincidir con los parlamentarios en la necesidad de ganar audiencia. Para lograrlo, buscan antagonistas que den juego. Unas veces, interrumpiendo con destreza dialéctica, y otras, con insultos y broncas propias de un becario de taberna en prácticas. De ahí que, al igual que en un concurso de Gran Hermano, lo que ocurre a menudo en los debates de televisión sea un sucedáneo de la política y la vida de los políticos y que la magia de los medios logra que nos parezca real.

Justo en el centro de estas escaramuzas de birlibirloque emergen de forma claramente diferenciada las voces de Ciudadanos en el café-encuentro-de-simpatizantes al que asistí recientemente en el transcurso de uno de mis viajes por España. Los impulsores de la iniciativa ciudadana se muestran como alumnos aventajados con la necesaria dosis de ironía y el punto exacto de indignación ante las injusticias. Imagino en ellos la moderna versión española de esa parte de la cultura globalizada comprometida con un modo de vida sano, progresista y poco prejuiciado.

Todo es tranquilo en este encuentro mientras explican su deseo por  impulsar una sociedad a la medida de las personas. Pero me recuerdan, sin embargo, que, para lograrlo, han de gestionar con acierto los bienes compartidos. Don Dinero tiene su espacio aquilatado en el corazón de sus integrantes. Valoran su mérito, importancia y transcendencia al servicio de una mejor distribución de los recursos. Tienen presente que se ha de crear valor añadido para poder trasladarlo a 'generaciones futuras', que, en la actualidad, se sienten en puertas de ver esquilmadas sus dotaciones y privadas así de cualquier derecho de sucesión. La juventud de su líder hace más creíble este compromiso que sintoniza bien con lo establecido por la Comisión Brundtland de lograr "un desarrollo que asegure las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades". Este reto parece hecho a la medida de estos nuevos aspirantes a representar  a una parte relevante de la sociedad española del siglo XXI.

A los Ciudadanos no les gusta la bronca. Sorprende su capacidad para afirmarse y hacer visibles sus postulados con algo más de glamour que sus adversarios

Me recuerdan mucho a las gentes de la costa californiana donde se han rodado series tan conocidas como Los vigilantes de la playa. Como recordarán sus seguidores, salvar a la gente de ahogarse era una de las situaciones más frecuentes en esta serie junto con los ataques de tiburones y los terremotos. Un cometido que, en su versión política, parece ajustarse como anillo al dedo a estos nuevos surfistas de la cosa pública empeñados en reconducir desavenencias, no entrar al trapo de las provocaciones y en buscar lo que une a la población en lugar de centrarse en sus diferencias. Mano de seda. A los Ciudadanos no les gusta la bronca. Sorprende su capacidad para afirmarse y hacer visibles sus postulados con algo más de glamour que sus adversarios.

Los Ciudadanos no ponen el acento en la representación que las encuestas les otorgan en las municipales. Son conscientes del esfuerzo que se requiere para conseguirlo. Quizás, por eso, ponen el foco en agruparse "todos a una" alrededor de la identidad que les define, a saber: progresistas, liberales, laicos y a favor de un mercado regulado solo hasta el punto en que la intervención venga avalada por sus resultados a favor del bienestar de sus administrados. "Los grandes proyectos no se hacen de la noche a la mañana. Sacar representacion  es importante, pero no imprescindible; centrar los esfuerzos en eso y no en un  proyecto duradero, sólido y esperanzador es un error" me dice Alejandro de la Agrupación de Jóvenes.

Reconocen las dificultades y complejidades de la cosa publica pero creen en sus posibilidades: "esperamos mejorar con ayuda de todos. Lo que nos motiva es que el proyecto llegue a la gente y generarles confianza".

Ciudadanos ha decidido  abrirse paso con educación y buen tono aprovechando el momento en que la jauría acomoda su obligado descanso

Pero, ¿como abrirse camino en un momento de máximo enfado social y mientras los principales adversarios se empeñan en saltarte a la yugular?. Ciudadanos ha decidido  abrirse paso con educación y buen tono aprovechando el momento en que la jauría acomoda su obligado descanso. Saben en Ciudadanos que, sus adversarios, los lideres del enojo, ya están mas quemados que unas brasas en la boca de un volcán al que todavía le queda mucho tiempo para seguir escupiendo lava. Estos Ciudadanos observan su fulgor, al tiempo que, sin aspavientos, con acompasado ritmo, van retirando las piedras en la ladera, despejando el terreno, para que vuelva a crecer la hierva.

¿Quien puede apoyar a los compañeros a repartir folletos en el mercado? Es lo ultimo que les oí decir antes de dejarles para escribir mis impresiones de este café ciudadano. Estarán en los parlamentos próximamente. Y, a partir de ahí, algo me dice que no habrá Dios laico que los pare.


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