El Blog de Ethenea

Godot era seguramente griego

Actualmente hay dos temas que mueven los mercados de capitales: Grecia y la Reserva Federal. Mientras que el problema griego, si puede denominarse así, no es en realidad un problema verdadero, sino más bien un problema político, la Fed pone a prueba a los mercados.

El gobierno griego, y en particular el ministro de Economía, Yanis Varoufakis, va de una metedura de pata a otra, recordando así bastante a una obra de teatro de Samuel Beckett. No hacemos demasiada justicia al escritor al comparar su obra maestra de 1952 “Esperando a Godot” con el espectáculo que está dando la política griega. Pero se observan algunos paralelismos. Al fin y al cabo, Atenas nos recuerda diariamente que el acuerdo entre el deudor y sus acreedores es casi inminente, pero el final podría estar exactamente tan lejos como el mencionado Godot. Para poder abordar mejor la dimensión económica del problema, debería tenerse en cuenta que de la economía griega en 2014 no representó más que el 1,6% de la capacidad económica de la Unión Europea, y sólo el 0,3% del PIB mundial. La dimensión política, por otra parte, es claramente distinta. En caso contrario, la posición negociadora del gobierno griego sería mucho más débil. Y tanto si esto termina en una salida de Grecia del euro (Grexit) como si solo sigue habiendo intervenciones desafortunadas, se está haciendo un flaco favor a los ciudadanos griegos mientras se les siga haciendo creer que todo puede continuar como hasta ahora.

Además, hasta el momento, todas las crisis griegas y las supuestas soluciones han aumentado la incertidumbre y, por consiguiente, la volatilidad en los mercados. Por otra parte, que el denominado contagio exista dentro del grupo supuestamente homogéneo de los países PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) desde 2011, es algo que ha cambiado y probablemente una fuerte subida de los rendimientos de la deuda pública griega en caso de un Grexit no comportaría un movimiento similar de la deuda española o italiana, ya que el mercado diferencia claramente entre estos países. Por tanto, por lo menos desde el punto de vista de los inversores, el riesgo de contagio debería de contemplarse con algo más de tranquilidad.

Ahora pasemos al segundo problema: la Fed. El 29 de mayo se revisó el crecimiento del primer trimestre de 2015 al -0,7%. Actualmente, la mejor previsión para el segundo trimestre es del 0,8%. En caso de que las tasas de crecimiento sigan tan bajas, será bastante difícil alcanzar el 2,5% previsto por la Fed para 2015. La mayoría de economistas de los grandes bancos prevén el denominado lift-off, es decir, el inicio del ciclo de subidas de tipos de la Fed, para septiembre de este año. Es difícil imaginar que puedan equivocarse, pero es probable que la Fed, como ya ha demostrado tantas veces en el pasado, actúe con más inteligencia de lo que suponen todos.

Dicho esto, nos atrevemos a realizar un ejercicio mental y suponemos por ahora que la economía estadounidense, tras seis años de auge, ha entrado en una fase de desaceleración. Pese a las limitaciones, es difícil no llegar a la conclusión de que o bien las previsiones son muy positivas, o bien los datos son muy negativos; o, lo que es lo más probable, que nos encontramos ante una combinación de ambas cosas. Lo último precisamente indicaría un cambio de tendencia y respaldaría la tesis de que la economía de EEUU está ahora en una fase bajista. Es bastante probable que en caso de una desaceleración, la Fed no lleve a cabo la subida de tipos esperada y que así demuestre un tino similar al de años anteriores. Los mercados estarían así esperando en vano a Godot, es decir, la subida de tipos, incluidas las reacciones correspondientes a las nuevas circunstancias. Siempre y cuando la inflación se mantenga reducida en los países industriales, en este escenario los rendimientos de la renta fija a más largo plazo tenderán más a la baja que al alza.

El precio del petróleo, que a principios de año registró una corrección alcista, no parecen tampoco iniciar un cambio de tendencia. Siempre y cuando no haya perspectivas de fuertes revalorizaciones del petróleo y la economía mundial, encabezada por EEUU, entre al mismo tiempo en una fase de debilidad, la renta fija de determinados emisores deberían continuar siendo una recomendación de compra.


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