Desde la heterodoxia

Las enésimas bromas pesadas del FMI

Corría el año 2008 cuando el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Olivier Blanchard, publicó un artículo bajo el título The State of Macro, algo así como el estado de la macroeconomía. En él Blanchard sostenía que había una visión ampliamente compartida por la mayoría de los economistas sobre las causas de las fluctuaciones o ciclos económicos y la metodología de trabajo. Apuntaba que, en líneas generales, el estado de la macro era bueno. A las pocas semanas se desató la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, cuyos efectos económicos y sociales han sido tremendos, despiadados, brutales. Los economistas convencionales ni la previeron ni la olieron. Y ahí siguen, dándonos recetas para afrontar los nuevos retos, todas ellas, por cierto, completamente inútiles.

Heibroner y Milberg anticipaban el vacio intelectual y las falacias que había detrás de los elegantes modelos matemáticos de la economía neoclásica

Las afirmaciones de Blanchard son un ejemplo más de lo que ya hace casi veinte años el economista e historiador del pensamiento económico Robert Heilbroner y su pupilo William Milberg diagnosticaron en un libro con un título muy sugerente, La crisis de visión en el pensamiento económico moderno. En él, Heibroner y Milberg anticipaban el vacio intelectual y las falacias que había detrás de los elegantes modelos matemáticos de la economía neoclásica, y que nos ha llevado a la actual crisis sistémica. Afirmaban que la crisis en cuestión era consecuencia de la ausencia de una visión, de un conjunto de aquellos conceptos políticos y sociales compartidos, de los que depende, en última instancia, la economía.

A la decadencia de la perspectiva económica le han seguido diversas tendencias cuyo denominador común era una impecable elegancia a la hora de exponer los términos, acompañada de una absoluta inoperancia en su aplicación práctica. Basta echar una ojeada a las últimas recomendaciones del FMI para España. Siguen sin enterarse aún que las causas que provocaron la actual crisis sistémica, deuda alrededor de una burbuja y sistema bancario insolvente, se han acrecentado, y que las recetas aplicadas solo han generado más miseria.

Las paradojas y leyes que el FMI aún desconoce

Existen multitud de paradojas y leyes que invalidan las recetas del FMI. Sobre ellas ya hemos hablado largo y tendido. La paradoja de costes kaleckiana, la ley de Verdoon, la paradoja del ahorro keynesiana, el principio de demanda efectiva, la causalidad inversión-ahorro, la paradoja de la tranquilidad minskyana y su hipótesis de inestabilidad financiera, la curva de demanda de trabajo postkeynesiana, la endogeneidad del dinero, la ecuación de Cambridge, las leyes de Kaldor, la ley de Thirlwall…

La deflación salarial, el desplome de los costes financieros, y la flexibilidad laboral extrema, no han sido capaces de atraer inversiones

Las políticas propuestas por el FMI y/o los Bancos Centrales de medio mundo, tenían como objetivo último atraer inversiones, pensando que mejorarían la competitividad, reactivarían el ciclo económico. Sin embargo, la deflación salarial, el desplome de los costes financieros, y la flexibilidad laboral extrema, no han sido capaces de atraer inversiones. Se “olvidaron” de todas y cada una de las paradojas, hipótesis y leyes citadas anteriormente. Por eso, lo que han recomendado hasta ahora no ha generado renta, solo burbujas financieras alimentadas por más deuda. No dudan de movernos de burbuja en burbuja, de inflación de activos en inflación de activos, pero, y ahí está el quid de la cuestión, protegiendo la riqueza de las élites extractivas. Todo lo que ellos llaman reformas estructurales no son más que instrumentos destinados a continuar alimentando la mayor concentración de poder económico, político y mediático de los últimos cuarenta años

Sin embargo, el sistema financiero mundial ya no posee capacidad productiva alguna para generar suficientes ingresos que permitan mantener los valores actuales de los activos. Los mercados financieros globales se encuentran sobrevalorados, sobrecomprados, el optimismo de los inversores es irracional. Cuando aumente la aversión al riesgo este nuevo esquema Ponzi estallará, y el FMI nos dirá lo de siempre, un nuevo "shock exógeno" nos adentra en una fase recesiva. No, todo lo que va a suceder es endógeno al funcionamiento del sistema.

¿A quién representa el FMI?

Las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe para la economía española no dejan de ser una prueba más de dos comportamientos esquizofrénicos. Por un lado, reflejan una profunda incompetencia estructural. Son como las recetas prescritas por ese médico que aún no ha dado con el diagnóstico correcto del enfermo. Fueron incapaces de prever nada porque simplemente su visión sobre cómo funciona el sistema capitalista es errónea. El escáner con el continúan haciendo el diagnóstico está claramente dañado. No se han molestado en ver el porqué, dónde falla y, de paso, repararlo.

Detrás de las políticas del FMI hay un instinto de supervivencia de la clase dominante, la gerencia bancaria

Sin embargo, una vez que han fracasado, la insistencia, persistencia y perseverancia en las mismas políticas implica algo más. Supone que detrás de las mismas hay un instinto de supervivencia de la clase dominante, la gerencia bancaria. Esa clase dominante está representada en el FMI por su cúpula, no tanto por sus economistas o ciertos estudios externos que el propio FMI ha publicado y que en líneas generales son bastante certeros. Por eso, hoy más que nunca es necesario un control democrático de estas instituciones y de su cúpula. Deben explicar sus recomendaciones y responder de sus errores.


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