Como la vida misma

Previsiones financieras

Uno de los retos al que a diario nos enfrentamos los profesionales del asesoramiento financiero es el de intentar esbozar el comportamiento futuro de la economía.

Armados con nuestro bagaje formativo, técnico, histórico y  laboral  y apoyados en el alud de informes que a  diario Bancos, gestoras, agencias, expertos independientes y organismos económicos internacionales emiten, intentamos aventurar los futuros movimientos de los distintos activos financieros así como la fase del ciclo económico en la que nos encontramos, pues ella nos va a condicionar la ocurrencia de la siguiente.

 Una tarea compleja y que exige un componente de apuesta personal profesional de gran calado, pues no en pocas ocasiones las conclusiones que se desprenden de dichos informes son contradictorias cuando no antagónicas.

Estamos muy acostumbrados a que en los medios de comunicación aparezcan previsiones de lo que van a crecer las principales economías mundiales, la inflación, los tipos de interés o el desempleo. Tan usual es que las predicciones sean diferentes según el interés del que las emite, como que muchas no acierten ni una.

Las causas de esa desconexión entre las previsiones  pueden ser diversas: los intereses creados, la imposibilidad de entender la complejidad de la economía, el acompañamiento del consenso general o a la inversa, recurrentes intentos desesperados de ganar notoriedad con vaticinios anticonsenso y generalmente apocalípticos.

Y la reflexión es oportuna, pues el economista del IMF ( International Monetary Fund ) Prakash Loungani acaba de publicar un informe en el que las habilidades predictivas de los economistas quedan seriamente perjudicadas.

Como ejemplo, en Abril de 2008 el consenso predictivo de los principales analistas jefes de las primeras gestoras de inversión del mundo sobre 77 países, era que estos no entrarían en recesión en el siguiente año. 49 de ellos entraban en recesión en 2009.

En septiembre de 2009, el consenso esperaba 54 países en recesión, seis más que los 49 que realmente acabaron en contracción. No fue un caso aislado: en primavera de 2011 tampoco se esperaba que ningún país estuviera en recesión en 2012, algo que finalmente ocurrió en 15 casos.

Nada nuevo en el mundo del análisis del fracaso de la pericia adivinatoria, pues en los años 90 el mismo Loungani llegó a la conclusión de  que el historial de fracasos a la hora de predecir recesiones con independencia de la talla profesional de quién las emitiese, era prácticamente intachable.

Y es que está claro que por muy economista que uno sea, por muchos datos que analice y herramientas y modelos econométricos que utilice, adivinar, no adivina. Se podrá acertar más o menos, pero siempre existe un factor de imprevisibilidad combinado con un infinito universo de condiciones que solo los ingenuos o los interesados esconden.

Desengáñense, los economistas no son videntes ni tienen el poder de ver el futuro. Usando el método científico para analizar temas relacionados con la gestión, distribución y creación de recursos atisban tendencias futuras que serán decisivas para tomar decisiones personales y empresariales.

A pesar de que algunos de ellos parece que se ganen la vida anunciado el “apocalipsis económico” y que como modernos oráculos nos prevengan de los caprichosos designios de la incontrolable macroeconomía, sus opiniones deben ser puestas en cuarentena y a lo sumo las podemos utilizar para contribuir a la formación de una opinión propia.

Ya lo dijo Laurence J. Peter, padre de entre otros, el famoso “Principio de incompetencia de Peter” :

Un economista no es más que un experto que te dirá mañana por qué las cosas que predijo ayer no han sucedido hoy.


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