Hierro acabará siendo calificada como serie de culto. Este thriller de Movistar, cuya segunda temporada se está emitiendo ahora mismo en la plataforma de pago, es otro ejemplo, y van unos cuantos, del momento dulce que vive la ficción nacional. Los productos audiovisuales made in Spain están viviendo una suerte de edad de oro más que merecida. Y esta serie explica mejor que cualquier otra este fenómeno.

Ya hemos destacado en no pocas ocasiones que las series de Movistar son una apuesta segura. Ahí están los ejemplos triunfantes como La peste o Antidisturbios y otras series menos ruidosas pero igualmente potentes como Gigantes o La zona. Pero Hierro es especial dentro del catálogo de Movistar. Diferente. Genuina. Entre otras cosas porque el principal protagonista es el lugar donde transcurre la historia.

Toda la serie es El Hierro. Sus paisajes, su atmósfera, sus gentes, su acento y sus costumbres. Tanto es así que, por momentos, la historia que se cuenta es casi lo de menos

El Hierro, una de las Islas Canarias, es el lugar donde se ambienta esta serie creada por los hermanos Coira. En realidad toda la serie es El Hierro. Sus paisajes, su atmósfera, sus gentes, su acento y sus costumbres. Tanto es así que, por momentos, la historia que se cuenta es casi lo de menos. Muchos estamos descubriendo una isla que hasta ahora no hemos visitado pero que, gracias al influjo misterioso que retrata la serie, tendremos que visitar obligatoriamente en cuanto la pandemia lo permita.

Lo bueno es que, una vez que te acostumbras al lugar, la trama vuelve a ser casi lo de más porque resulta interesante. Asesinatos. Tramas y subtramas que se entrelazan. Un ritmo que parece pausado, como al compás de esos planos de las olas que bañan sus playas, pero que en realidad es veloz como los rayos de una tormenta. Y giros inesperados en el guión que enganchan hasta a los espectadores que ya están más hartos de thrillers similares. Lideran el reparto Candela Peña, como jueza que investiga los crímenes, y Darío Grandinetti, como veterano delincuente señalado como culpable por todos en la isla.

La propia Candela Peña le contaba a la compañera Miriam San Martín en Vozpópuli unas semanas atrás que en esta segunda temporada la jueza a la que interpreta está "más triste, más sola y más enfadada". Esté como esté su personaje, la verdad es que ella es el epicentro de la historia. Todo lo que se cuenta, marcado por el escenario donde emana, acaba desembocando en ella. Estaría bastante justificado, de hecho, que, en lugar de Hierro, la serie se llamase La jueza, pero funciona mejor la denominación elegida.

La actriz borda el papel dentro de un elenco donde también brillan otros como el propio Grandinetti y varios de los secundarios. Quizás la particular relación entre ambos, uno a cada lado de la ley, es uno de los aspectos más logrados de esta serie que, como ya se ha dicho, debe ser considerada de culto. Si sus protagonistas y hacedores tuvieran apellidos más rimbombantes, quizás ya lo sería. Pero lo será. Y, para terminar de conjugar el mismo verbo en diferentes tiempos, lo será porque, dada su calidad, tiene que serlo.