Opinión

La yenka de Pedro Sánchez

El presidente en funciones marea la perdiz sin dejar claro si quiere elecciones, pactos de gobierno o apoyos externos sin concesiones. Todo le vale para cumplir su único objetivo: tener un Falcon a su disposición

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez EFE

Pedro Sánchez se ha instalado en un laberinto de espejos. Mire donde mire solo se ve a sí mismo. Pero haga lo que haga no hay salida posible. El presidente en funciones pretende seguir en La Moncloa sin ceder nada. Sin hacer nada. Sin ofrecer un programa de gobierno a nadie para consensuarlo. Sin redactar un folio con 10, 100 o 1000 medidas que puedan suscribir sus posibles aliados o sin ofrecer o aceptar cinco o diez grandes pactos de Estado que faciliten la abstención de sus rivales políticos. Porque para Pedro Sánchez solo existe Pedro Sánchez y cree que ganar las elecciones es mérito suficiente para que la mayoría se rinda a sus pies. Este virus de autosuficiencia lo debió heredar del anterior inquilino del palacio presidencial.

La actualidad va tan rápido, la lucha por el maldito relato es tan dantesca que la perspectiva se pierde. Sánchez convocó elecciones porque los secesionistas le tumbaron el presupuesto. También porque Tezanos le ayudó a tomar la decisión. Esto sucedió hace más de 100 días. ¡¡100 días!! Desde entonces, por las elecciones locales primero y por la increíble inacción e incapacidad después, el secretario general del PSOE no ha logrado sumar a nadie a su proyecto. Bueno, sí. Al diputado del PRC. Dato elocuente.

El presidente en funciones pretende seguir en La Moncloa sin ceder nada. Sin hacer nada. Sin ofrecer un programa de gobierno a nadie para consensuarlo

Entre medias, solo declaraciones vacías y contradictorias. De pedir la abstención de la derecha, a montar un teatrillo con la izquierda para no llegar a ningún sitio. Luego, de nuevo guiño a la derecha, después reuniones con los colectivos sociales de la izquierda. Una yenka política para llegar a la casilla de salida: sin el apoyo de Rivera, solo el bloque que apoyó la moción de censura a Rajoy puede hacer presidente a Sánchez. Las matemáticas son más tozudas que los sueños.

Para darse cuenta de esto, sin las rocambolescas peticiones de abstención a cambio de nada, Sánchez ha necesitado 103 días. Ahora, solo le quedan dos salidas: ceder ante Podemos y los nacionalistas, incluidos algunos secesionistas, o llevar al país a unas irresponsables elecciones. Todo lo demás es humo, es eso que llaman relato y que no deja de ser la dejación de la política para hacer mercadeo electoral. 

Ahora, solo le quedan dos salidas: ceder ante Podemos y los nacionalistas, incluidos algunos secesionistas, o llevar al país a unas irresponsables elecciones

La política española se ha convertido en un esperpento desde hace años. Empezó Zapatero con sus dos tardes de clases de economía en las que solo aprendió a ver brotes verdes. Siguió Rajoy y su parálisis total que llevó al país al desastre político en temas clave como la lucha contra la corrupción o el desafío secesionista. Y ahora lo culmina Pedro Sánchez, con una inacción impropia de alguien que dice querer reformar y que, en cambio, no busca aliados para hacerlo y renuncia a la máxima de la política de tender acuerdos. Es verdad que no han ayudado nada los llamados nuevos partidos. Pero tampoco se pueden cargar los errores y la inacción del Gobierno a la impericia e inexperiencia de la oposición. La principal responsabilidad del parón institucional de España es de un Pedro Sánchez que quiere repetir su ascenso a la Moncloa sin negociar nada con nadie. Falta inteligencia política.

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