Al hilo de las recientes movilizaciones de un número considerable de riders en distintas ciudades españolas, con el objeto de protestar por la iniciativa legislativa del Gobierno para regular su relación con las plataformas como una relación laboral por cuenta ajena, me planteaba la duda de si a nuestro Gobierno los árboles no le dejan ver el bosque, o quizás sí lo contempla. No estamos ante una cuestión de protección de los trabajadores, como nos cuentan, sino puramente ideológica, y le da igual que los árboles caigan, y el bosque desaparezca.

Un ciudadano bien pensado, y yo procuro serlo (al menos la mayoría de las veces) creería la premisa sobre la que se afirma se construye esa iniciativa legislativa: proteger a trabajadores que desarrollan una prestación profesional en régimen precario.

El objetivo plantea pocos 'peros' desde cualquier posición ideológica, incluso en una España tan polarizada como la que nos están construyendo nuestros políticos (y nosotros les estamos dejando). Ahora bien, el mecanismo para lograrlo, ya venimos advirtiendo algunos desde hace tiempo, no parece el más adecuado, como ahora mismo resaltan los propios interesados, o una buena parte de ellos.

La laboralización introduce elementos negativos, principalmente de rigidez en cuando a jornada y horario

En efecto, existe un consenso más o menos amplio en que la relación que mantienen los riders con las plataformas es una relación que se aborda desde la inferioridad de la posición de aquellos frente a estas, y ello conlleva que determinados elementos de su relación sean en cierto modo precarios.

Ahora bien, ¿hacer que este colectivo trabaje por cuenta ajena acabará con esos elementos precarios? En mi opinión, rotundamente no, probablemente acabará con el modelo directamente, porque se incrementará la rigidez de la relación sobremanera, lo que incrementará costes que serán insoportables por quien será el destinatario de los mismos, el consumidor.

Pero hagamos un mínimo análisis. ¿Cuáles son los principales problemas de precariedad? ¿salario? ¿jornada? Es una pregunta difícil de responder, porque además hay casos y casos, pero la primera opción no parece, ya que hay riders que obtienen retribuciones por encima de los 1.500 euros, es decir, muy por encima del SMI que perciben otros colectivos.

Se trata de un trabajo eminentemente a tiempo parcial y complementario de otras actividades.

La segunda opción tampoco parece ser, puesto que, si bien puede haber algún rider que desee una jornada mayor, se trata de un trabajo eminentemente a tiempo parcial y complementario de otras actividades.

En cualquier caso, ninguno de estos dos aspectos va a cambiar con los cambios en la relación laboral con los empleadores que se van a introducir, ni van a ganar más, ni tienen por qué tener una jornada distinta. En realidad, el problema es que estaríamos ante una especie de contrato de adhesión en el que la plataforma pone las condiciones, y el trabajador las toma o las deja, sin que por otro lado nadie, y por nadie me refiero a la Administración, revise esas condiciones para garantizar un mínimo equilibrio.

Por tanto, la opción que ha tomado el Gobierno para los riders no creo que sea la solución al problema, y en cambio sí introduce elementos negativos importantes, principalmente de rigidez en cuando a jornada y horario, que casa muy mal con el servicio que se pretende prestar, y en segundo término de costes, costes que, por otra parte, no nos engañemos, no repercuten en el trabajador, sino en el Estado que obtiene una mayor recaudación por cuotas a la Seguridad Social que ahora tendrán que pagar las compañías.

Laboralizar a este colectivo lo condena a la desaparición, y en el mejor de los casos, a seguir teniendo un trabajo precario

En consecuencia, dejemos de lado los problemas, ¿hay otras soluciones? Sostengo que sí.

Se podría incidir en una mayor supervisión de los términos del contrato, como se está incidiendo, por ejemplo, en la relación entre los clientes y los bancos, para evitar que quien ostenta la posición dominante en la relación perpetre algunos de los abusos que se vienen produciendo, vigilando más la extinción del contrato, y las propias condiciones del mismo.

Pero hacer que este colectivo trabaje como asalariados solo va a condenarlo a la desaparición, y en el mejor de los casos, a seguir teniendo un trabajo precario, más si cabe que antes, pero con lo que parece el consuelo de poder decir que son trabajadores por cuenta ajena.

Y quien no quiera ver esta realidad es que está cegado, bien como decía al principio, porque los árboles no le permiten ver el bosque, bien porque su ideología le hace aproximarse al problema con excesivos prejuicios.