Cuando Sánchez se quitó de en medio a Edmundo Bal como representante de la Abogacía del Estado en el caso del procés sabía muy bien lo que estaba haciendo. Recuerden, Bal quería acusar a los golpistas de rebelión, mientras que el gobierno lo presionaba para que se limitase a hacerlo por sedición. La diferencia en años de cárcel es notable. A Edmundo lo sustituyó doña Rosa María Seoane que es quién ahora nos dice en su escrito de acusación contra la familia Pujol que con el patriarca y su esposa, nada, que el malote es el hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola, que debería pagar 7,7 millones a Hacienda por presuntos delitos cometidos entre el 2007 y el 2012, aproximadamente, y que la esposa de Junior tendría que apoquinar una parte de la cifra. Bueno. Ah, y que un puñadito de empresarios tendrían también que pagar por sus penas, penitas, penas.

Además, y como cosa ejemplar, al primogénito de esta pervertida versión de la saga de los Rius, lo que vendría siendo el Desiderio, le pide 25 añitos de trullo, a su señora 14 y medio y al otro hermano malote, Josep, cuatro y medio. Ya está. Ni organización criminal, ni asociación ilícita, ni bolsas de la basura repletas de fajos de billetes, ni misales en Andorra, ni madres superioras, ni el Puerto del Rosario, ni el 3%– que siempre fue muchísimo más -, ni Estivill, ni Piqué Vidal, ni De la Rosa, ni Prenafeta, ni Alavedra, ni las loterías catalanas, ni los hipódromos, ni las fortunas que se hicieron a la sombra del pujolismo. Jordi Pujol i Soley está libre de toda mancha, su esposa, también, y el resto tiene que pringar más o menos. Más menos que más.

A partir de aquí, hagan números. Pujol padre no ha dejado de ser homenajeado, aplaudido y venerado durante estos años que el mismo califica como de voluntario poco voltaje político. Ahora, no estando imputado, podrá volver si lo desea a ocupar el sitial de máximo patriarca del separatismo. Un sitial que estaba vacío desde su marcha porque, en honor a la verdad, sus monaguillos no le llegan ni a la suela del zapato. Pujol es el responsable político de todo lo que pasa en Cataluña, cierto, pero no lo es menos que su capacidad política y su inteligencia le hacen sobresalir respecto a Mas, Torra, Puigdemont y ya no digamos Aragonés.

Miedo al independentismo

Por todo esto, que la Abogacía del Estado no haya querido meterse en honduras con el ex banquero tendría una cierta lógica si en el Gobierno hubiera vida inteligente, a saber, prefiero a un Pujol conocido que un Aragonés por conocer. Pero ni siquiera. Pedro Sánchez se va de bareta ante el separatismo catalán porque sabe que depende de él en el congreso y porque le tiene más miedo que a una pedrada. No quiere que las imágenes de la plaza Urquinaona o del Prat se repitan, con él, no. Con él todo es diálogo, empatía, entendimiento y negociación. Es decir, no nos haremos daño, como en el chiste del dentista y el paciente que lo agarra por salva sea la parte.

Ya lo ven, cuarenta años de comisiones, de chanchullos, de omertá, de cuentas en el extranjero, de latrocinio, se saldan con esto. Y esperen, porque la Abogacía del Estado solicita, pero luego habrá que ver como sigue la causa, qué dice la Fiscalía y como sentencia el juez. Pero todo eso son minucias. Cuando al jefe del clan se le exonera, el resto carece de relevancia. Tenía razón Pujol cuando, a propósito del caso Banca Catalana, gritó desde el balcón de Palau que a partir de entonces los únicos que podrían hablar de moral serían los convergentes. Tanta razón como que intentar dar un golpe de estado sale gratis.

Imagínense, pues, lo de esta familia. Todavía les darán una indemnización por daños y perjuicios. De ahí mi consejo: Sánchez, no se complique la vida. Cuando firme el indulto de los líderes del golpe de estado, firme también el de la familia Pujol, aunque todavía no haya juicio. Qué más dará a estas alturas saltarse la legalidad. Y propóngalos como candidatos al Princesa de Asturias y a la Laureada de San Fernando. Total…

Por cierto, ¿han pagado ustedes a Hacienda? ¿Les ha llegado el recibo de la luz? ¿Mantienen su trabajo o lo han perdido? ¿Y cómo andan de saldo en sus cuentas? Lo digo por hablar de lo que comenta la calle, de lo que hay. Que nada tiene que ver con la miseria de nuestros dirigentes, porque la miseria de la gente no es moral, es económica. Justo al revés que los que manejan el cotarro.