El papel que la Constitución reserva al jefe del estado es concreto: el Rey reina, pero no gobierna, es el comandante en jefe de las FFAA y garante de la integridad territorial de España, así como de la Carta Magna. Es conveniente recordarlo pues no son pocos los que se están preguntando si debería o no firmar los indultos a los presos golpistas. La misma presidenta Ayuso temía ayer que Sánchez pretendiera convertir en cómplice a su majestad. Existe una respuesta que no admite réplica para quienes defendemos el principio de la legalidad vigente: si el gobierno elegido democráticamente le presenta al jefe del estado una ley, un indulto o lo que fuere, siempre que se ajuste a derecho, la obligación del monarca es firmarla prescindiendo de sus sentimientos personales. Y no habría nada más que hablar si no fuera porque detrás de los indultos existe la intención perversa de destrozar el orden constitucional, dando al separatismo más alas de las que ya tiene. Alas que, lo sabemos todos y lo sabe Felipe VI, no dejarán de volar hasta llegar a una referéndum de independencia, ese sí, ilegal.

Don Felipe debe reflexionar seriamente acerca del futuro inmediato, habida cuenta que lo próximo que pueden presentarle sea la convocatoria de un referéndum bordeando la legalidad en el que, bajo la apariencia de “consultar” a los catalanes acerca de su grado de satisfacción con la autonomía, se oculte un pseudo referéndum sobre la independencia

¿Podría el Rey negarse a firmar los indultos sabedor de que no son más que una pieza más en el camino que conduce a la ruptura de Cataluña con España? ¿Debería pesar en su ánimo la mayoría de catalanes – repito, la mayoría – que no desean esa ruptura? Siendo sensatos, ningún jefe de estado puede firmar papeles en base a futuribles, citando a Felipe González. No hay otra, no tiene más salida, no puede negarse. A diferencia de los políticos, el monarca sabe que la más alta misión de la Corona es cumplir con su deber.

Dicho esto, don Felipe debe reflexionar seriamente acerca del futuro inmediato, habida cuenta que lo próximo que pueden presentarle sea la convocatoria de un referéndum bordeando la legalidad en el que, bajo la apariencia de “consultar” a los catalanes acerca de su grado de satisfacción con la autonomía, se oculte un pseudo referéndum sobre la independencia. Eso forma parte de la hoja de ruta descubierta por la Guardia Civil a Vendrell, ideólogo del procés, en su día consejero en el tripartito por parte de Esquerra y ex militante de la organización terrorista Terra Lliure. La idea: aprovechar la consulta para, si sale mayoría, proclamar la DUI. ¿Podría, sabiendo esto, firmar el rey esa convocatoria sin incumplir el mandato constitucional que le obliga a ser el garante de la unidad territorial? Es la cuestión más preocupante.

El dilema moral es tremendo, porque algo que puede ser aparentemente legal puede convertirse en la cobertura necesaria para cometer un delito. No hablo de prevaricación, aunque en determinados casos así podría considerarse, puesto que supone dictar una norma a sabiendas de que es injusta.

El Rey de España no puede firmar la disolución de esta. Que proclamen la república, si se atreven. Ésa es la cuestión

Ayuso, insisto, lo dijo muy claro. ¿Quiere Sánchez hacer cómplice al Rey en su intento desesperado para salvar su poltrona, ya que solo dispone en el congreso del apoyo separatista catalán, estando el PNV a verlas venir y con un Podemos que no es el mismo que con quien pactó el gobierno? Quiere. Pero no conoce la fortaleza de la Corona. El mismo monarca que pretende manipular es el que este gobierno ha relegado a un mero papel decorativo de cortar cintas, inaugurar congresos y saludar sin que haya dicho nada por lealtad institucional. Es cierto. Pero recuerda, Sánchez, Felipe VI también se dirigió a los catalanes cuando el intento del golpe de estado de manera contundente. Es el rey que va a una terraza madrileña a comer con el presidente de Portugal Marcelo Rebelo de Sousa, en inteligente gesto que viene a refrendar la política de la presidenta madrileña. Es el rey que, a propósito del Teatro Real, dijo que lo de Madrid “había sido una liberación” ante un Sánchez y un vicepresidentas estupefactas.

Resumiendo, don Felipe no puede firmar nada que vulnere el ordenamiento constitucional. Los indultos, a los que soy contrario, son legales para desgracia de todos. Y ante la ley, nadie más cumplidor que nuestro rey. Lo que venga después quizá no lo sea. Entonces se verá lo que hay. Porque el Rey de España no puede firmar la disolución de esta. Que proclamen la república, si se atreven. Ésa es la cuestión.