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Miquel Giménez

Opinión

Miguel Lacambra soy yo

Tengo el deber de admitir mi responsabilidad ante los españoles: soy Miguel Lacambra

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez EFE

Ante el escándalo producido en Twitter, que no en la política oficial donde no hay enormidad que sacuda la pereza de sus señorías, confieso que bajo el nombre de Miguel Lacambra se ocultaba un servidor de ustedes. Sé el dolor que esta noticia producirá en no pocos de mis familiares, conocidos y saludados, pero tenía que decir la verdad. Era eso, o reventar. Y ante la escasez de productos higiénicos en los supermercados y la falta de servicio doméstico no lo juzgué pertinente. Lo que acaso sorprenda a más de uno es el tono hagiográfico pro gubernamental que exhibía en ese perfil falso, intentando justificar al social comunismo, así como todas las barbaridades que están llevando a cabo en esta crisis nacional. Lo reconozco, alababa al Gobierno en demasía y más que lo hubiera hecho de no darme cuenta, demasiado tarde, que, por mucho que mi amor por el sanchismo sea desmedido, no es menor el cabreo que los españoles sensatos experimentan contra Pedro, ay mi Pedro, manojito de claveles, capullito florecío, porque te quiero mi vía voy a perder el sentío.

Y alguno me dirá, pero hombre, Miguel, ¿por qué lo has hecho? Pues miren, por algo muy humano: me moría de ganas por alabar a quien gobierna mi país, me angustiaba tener que pasarme el día señalando los miles de defectos de quienes detentan la responsabilidad de bien gobernarnos, cobrando sueldos astronómicos y con unas ventajas inalcanzables para el común de los mortales. Sí, he de gritarlo a los cuatro vientos, que se entere el mundo entero, yo quería adular, loar, ensalzar al gobierno de mi patria. Pero como eso no puede hacerlo nadie con sentido común, me inventé un perfil falso para dar rienda suelta a la perversión que llevaba dentro. Ah, hermoso onanismo rojeril, placer secreto y furtivo que otorga acariciar tu ideología con fines lascivos y perversos. Les ruego que no me juzguen, que el confinamiento te conduce al oscuro y siempre escabroso camino del torvo placer, los tactos torpes y la calentura político sexual. No lo digo por excusa, pero a ver quién no se convierte en un ser lúbrico al escuchar la risotada de Ábalos en el Congreso mientras Meritxell Batet lo escruta por encima de sus gafas de profesora de colegio mayor. Eso si que es vicio, señores, y no lo mío.

Con ese perfil falso podía experimentar el delicioso placer sadomasoquista consistente en decir que Simón es un sabio o que Iglesias es el gran amigo de los trabajadores"

Además, con ese perfil falso podía experimentar el delicioso placer sadomasoquista consistente en decir que Simón es un sabio o que Iglesias es el gran amigo de los trabajadores. Nadie me podía censurar si daba por buenos los CIS de Tezanos o las ruedas de prensa de Sánchez, sin periodistas, sin preguntas serias, sin nada más que las alegres chicas de Colsada de dos o tres medios amiguetes haciéndole la pelota vía telemática. Ahora, parafraseando al clásico, reconozco que me equivoqué y no volverá a pasar. Más que nada porque antes se pilla a un mentiroso que a un cojo y, la verdad, no compensa.

Es mucho mejor adular en público porque, entre otras cosas, el gobierno te puede conceder gentil y graciosamente como quien no quiere la cosa esa campañita institucional de todos unidos podemos combatir socialistamente el virus que debe ser de derechas o, mucho peor, liberal. Eso, y que te lleven a RTVE de tertuliano fijo y ya tienes tu pacotilla hecha, como diría el gran Larra al que, mucho me temo, Sánchez tampoco le habría dado ninguna campaña institucional. ¿Comprenden porque me he inventado un perfil falso? Me daba vergüenza exhibir mis perversiones en público y que los periodistas honrados, que todavía los hay, tuvieran vergüenza ajena al cruzarse conmigo en cualquier sitio, bueno, hablo hipotecando futuribles porque ahora es difícil cruzarse con nadie que no sea el cónyuge, el periquito, los rapaces alborotados o esa bolsa de basura que todo el mundo esquiva soslayadamente porque nadie tiene la menor intención de bajarla. Eso quería yo, guardar mi basura porno política y, miren por donde, he tenido que confesar. Cagon tó lo que se menea.

(Aprovecho para señalar que el artículo está escrito en clave irónica, más que nada como aviso al censor gubernamental de guardia, que suele ser tardo e iletrado. Sepa que mañana abriré otro perfil falso con el nombre, no sé, de la Bienpagá. Por decir algo)

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