Opinión

El huevo de Sánchez

Sánchez, ahora mismo está rodeado de escándalos por todas partes menos por una, su arrogancia, la que le permite confiar en que puede salirse de toda situación

  • Sánchez, en la clausura el XV Congreso Regional del PSOE de Canarias -

Huevos han existido en la historia que han tenido su repercusión e incluso fama. Ahí tienen de Colón, que impresionó a Isabel la Católica para que ésta le financiara su expedición en busca de las Indias. Me apresuro a añadir que era un huevo de gallina con el que demostró la redondez de la Tierra y no otra cosa, que hay mucha mala lengua en este mundo. Ítem más, tenemos los famosísimos huevos de Fabergé, prodigio de la exquisita joyería y creados a mayor gloria de la familia imperial Rusa; no olvidemos a esos grandes personajes de la historia conocidos por ser monórquidos, o sea, por tener un huevo sólo como Hitler, Carlos II o Napoleón. Se llegó a decir incluso de Franco. En el terreno de la res coquinaria y el arte sería un no parar. Desde el archiconocido “Vieja friendo huevos” de Velázquez a los de Casa Lucio hay una miríada de ejemplos.

Pero queremos hablar del huevo, en plural, de Sánchez, en alusión al ibérico “¡No hay huevos", conjuro infalible para que alguien haga lo que parece imposible. Ahora se emplea más “Agárrame el cubata”, pero se nos antoja una expresión más flojita que la primera, hija del castellano recio sin resquicio para el equívoco, que invoca lo testicular a la hora de plantear un reto, lo mismo a un albañil que a un presidente el gobierno.

Sánchez, ahora mismo es una península rodeada de escándalos por todas partes menos por una, que es su arrogancia, la que le permite confiar en que puede salirse de cualquier situación

Sánchez ha dicho a la brava que piensa agotar la legislatura con presupuestos o sin presupuestos, con mayoría parlamentaria (sic) o sin mayoría. Ahí, con un par. Seguro que lo ha hecho a petición de la lenguaraz Marijesú o Gracita Bolaños. “¡No hay huevos!”, los imagino a ambos animándole desde el tendido. Tamaña demostración de chulería pasará a la historia ovípara simbólica, porque hay que tenerlos – y tenerlos cuadraos – para afirmar tal cosa cuando sabes que incluso tus propios socios como Junts te dejan más colgao que una paraguaya a la primera de cambio.

Sánchez, ahora mismo es una península rodeada de escándalos por todas partes menos por una, que es su arrogancia, la que le permite confiar en que puede salirse de cualquier situación. Pero “las condiciones objetivas”, término que en las mocedades de servidor se empleaba tanto igual que otros como “los poderes fácticos”, han cambiado en estos años de sanchismo. Nunca Sánchez estuvo tan acorralado por los escándalos de presunta corrupción, tanto en su familia como en su partido, ni nunca la ya de por sí natural fragilidad de la peña de los autos de choque que le apoya fue tan quebradiza, tan volátil, tan desgastada.

La imagen de su rostro acobardado en Paiporta, huyendo de aquellos ciudadanos que juró defender le perseguirá hasta el fin de sus días

Sánchez, por otro lado, no goza del apoyo ni de Estados Unidos, con un Trump al frente que lo tiene entre ceja y ceja, ni de Israel, que no le perdonará el reconocimiento del Estado Palestino y el apoyo a los terroristas de Hamás, ni de una Unión Europea cada vez con más países gobernados por partidos patriotas ni con una Von der Layen que va, como en “Tatuaje”, vagando lentamente de mostrador en mostrador. Sánchez no goza del apoyo del capital internacional y si miramos hacia España no puede salir a la calle sin que la gente le organice la mundial. La imagen de su rostro acobardado en Paiporta, huyendo de aquellos ciudadanos que juró defender le perseguirá hasta el fin de sus días.

Pero, todo y así, ha dicho que acabará la legislatura, que hay gobierno para rato, que se puede gobernar sin presupuestos y que eso de las mayorías ya se verá. En otro cualquiera podría ser una alucinación de orate, una cortina de humo que encubriese una estrategia sofisticada o una bravuconada vomitada en un momento de calentura lingual. Sin descartar ninguna de las tres, lo peor es que Sánchez lo dice porque se lo cree, porque piensa que va a estar presidiendo a España hasta que le dé la gana. Lo dicho, él, que se preguntaba con la modestia franciscana que le caracteriza, como iba a pasar a la historia ya tiene la respuesta: será como el del huevo de Sánchez. En plural, insistimos.

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