Observamos con sorpresa que, ante el repunte en la infección, algunos están quitando importancia a las cifras. Nos dicen que, como los mayores ya están vacunados y en los jóvenes el contagio suele ser asintomático o con efecto leve, es casi irrelevante el número de infectados. Según ellos, sólo habría que prestar atención a cómo evolucionan los hospitalizados o los ingresados en UCIs. Es más, algunos incluso nos dicen que cuantos más jóvenes se infecten, mejor, porque así se alcanzará antes la inmunidad de grupo. En fin, nuevos negacionistas, que ya no se dedican a negar la pandemia ni las vacunas, pero sí a quitar importancia a sus efectos. Quizás el ansia por dejar atrás los confinamientos, las mascarillas y las restricciones puedan estar en el origen de estas actitudes.

Desgraciadamente, la realidad es tozuda y no parece que esté tan cerca el día en que podamos decir que nos hemos librado de este maldito virus. Porque hay que recordar que las vacunas no son efectivas al 100%. O que el virus muta y no tenemos plenas garantías de protección frente a nuevas variantes. O que aún hay un alto porcentaje sin vacunar, incluso de edad mediana. Y que, aunque en los jóvenes los efectos graves del virus sean menos frecuentes, podrían colapsar la atención primaria.

Yo no soy epidemiólogo sino un economista que analiza estadísticas y series temporales. Y constato que la variante delta, antes india, ha golpeado con fuerza a UK, Portugal, y luego España, ayudada por el “desmadre”. Y no sería de extrañar que acabara afectando también a nuestros vecinos europeos próximos. Por eso, lo que más me inquieta son las consideraciones económicas: el daño al turismo y el impacto de posibles nuevas restricciones en el crecimiento económico.

Nuestras cifras de infectados sólo pueden desalentar a los foráneos a venir. Incluso, quizás ni siquiera nos convenga que vengan turistas de países con alta tasa de infección

Porque, con todo ello, es probable que la temporada turística resulte más floja de lo que preveíamos hace sólo unas semanas, con un pésimo comportamiento del turismo extranjero, a pesar de lo que diga la ministra Maroto. De hecho, ha habido correcciones de precio en Bolsa en valores relacionados con el turismo. Está claro que nuestras cifras de infectados sólo pueden desalentar a los foráneos a venir. Incluso, quizás ni siquiera nos convenga que vengan turistas de países con alta tasa de infección.

Y sería aún peor si los repuntes provocasen nuevas restricciones en Europa y también en España. El resultado de todo ello sería un dinamismo económico no tan intenso como el que estábamos esperando hace bien poco. De hecho, creo que en breve habrá que revisar las previsiones, pero esta vez algo a la baja.

Hace poco, Sánchez presumía de que el crecimiento interanual del PIB en el segundo trimestre superaría el 18%. Lo extraño sería que no lo hiciese tras la debacle de hace doce meses. Puede ser incluso más, pero no es significativo. Y el riesgo que estamos empezando a correr es que la nueva oleada frene el avance previsto para los siguientes trimestres. De forma que, frente a lo que pregonan los corifeos del PSOE sobre una explosión de crecimiento en 2021 y 2022, el PIB de 2019 no se vuelva a igualar al menos hasta 2023. Aparte de que nos encontraremos un déficit estructural y deuda brutales.

En realidad, nunca nos hemos tomado suficientemente en serio la lucha contra el virus. Al superar la última oleada, por ejemplo, en nuestros vecinos europeos la tasa de infección (incidencia acumulada de 7 días por 100.000 habitantes) se ha logrado reducir a 5 en Alemania, a 8 en Italia, a 19 en Francia o, anteriormente, a 22 en Portugal y a 16 en UK. Pero en España el mínimo sólo descendió hasta 42 (el 21 de junio). Y con el repunte actual ya somos los segundos con índice más elevado tras los británicos. Sin embargo, sigue siendo válido el principio de que sin solución sanitaria no habrá solución económica. Lo que resulta especialmente patente en un país muy dependiente de los servicios como es el nuestro. Parece que a la población le gusta eso de hacer compatible el virus con el ocio que pregonan algunos gobernantes, pero no es lo que hacen los países europeos con mayor éxito.

Así que la pandemia no está controlada en absoluto. Y, en mi opinión, si el Gobierno del Estado y los de las CCAA no se toman en serio la aplicación de las medidas adecuadas para erradicar la infección, vamos a tener una evolución económica peor de lo que creíamos.