“Que no venga la mora…, la mora grande, la mora con dientes verdes...”

(Nana de la mora, de José Ángel Valente, cantado por Paco Ibáñez)

Al comienzo de la crisis pandémica, los augurios sobre la escalada futura de la tasa de mora del sector bancario fueron ciertamente pesimistas. Estaba entonces en torno al 4,8% y los expertos debatían sobre si su nivel futuro llegaría al máximo de la crisis anterior (13,5% en 2014) o simplemente se quedaría en el máximo de la crisis previa (9% en 1994). Ha pasado cerca de año y medio y la tasa de mora no sólo no ha subido nada, sino que se ha reducido hasta el 4,5%. Está claro que los economistas hemos hecho honor una vez más al dicho de que, primero, anticipamos lo que va a pasar y luego, tras equivocarnos, explicamos por qué no ha ocurrido...

Y es que la mora está “anestesiada” por las medidas de apoyo que se han tomado. Porque los avales, las moratorias y periodos de carencia, junto con los apoyos al sector privado en forma de ERTEs y demás, han minimizado los impagos…. por ahora. Y, además, la actuación del BCE mantiene una enorme liquidez en la economía y unos tipos de interés por los suelos. Aparte de que los créditos avalados por el ICO permitieron aumentar el denominador de aquella tasa (el saldo de crédito), reduciéndola.

La realidad es que 3/4 partes de los préstamos o las moratorias ya vencidas están en situación normal. Y, además, ahora todo apunta a que viene un fuerte crecimiento de la economía española, como nos han dicho la presidenta del Santander y del BBVA (aunque habrá que ver hasta qué punto pasa de mero rebote a crecimiento sostenido). Por ello, hay quien ya sostiene que la tasa de mora no subirá prácticamente. Aunque debe estar confundiendo deseos con realidades.

El daño en numerosas empresas y negocios es considerable y, aunque buena parte está por aflorar públicamente, lo acabará haciendo

No se puede evitar sentir algún escalofrío cuando uno mira la evolución de las carteras en vigilancia especial en las entidades financieras, cuyo importe se eleva a más de 80.000 millones de euros, o los porcentajes de créditos renegociados. Curiosamente, es probable que la mejora económica en la que estamos entrando tras la reapertura sea contraproducente para la mora contable en las entidades. Es lo que se conoce como efecto acantilado, tras la retirada de las diversas medidas de apoyo público. Y es que el daño en numerosas empresas y negocios es considerable y, aunque buena parte está por aflorar públicamente, lo acabará haciendo. Las ayudas europeas no son para ayudar a esos acreditados con problemas sino para la inversión en sectores que nos aporten crecimiento futuro. Y las del Gobierno son escasas y tardías, y no pasan de ser un parche.

Así que, con elevada probabilidad, la tasa de mora en España acabará subiendo, aunque, eso sí, el pico de mora que se auguraba para 2020 o 2021 no va a llegar hasta 2022. Y parece que resulta descartable que se aproxime siquiera a ninguno de los máximos de las últimas crisis.

Por otra parte, ya les gustaría a los citados presidentes de nuestras dos multinacionales bancarias que, en algunos países donde están sus principales negocios, la situación pandémica fuera como en Europa, pero Sudamérica está a la cabeza de la infección. Y, además, en otros, la situación política y económica no es tampoco nada favorable para el negocio.

Bastantes provisiones hace un año, muchas menos luego

Las entidades financieras provisionaron bastante en el primer semestre de 2020, pero bajaron el pistón fuertemente en el tercer y cuarto trimestres, así como en el primero de 2021.

Y casi todos los bancos nos han venido a decir en sus recientes presentaciones de resultados que ya no les van a hacer falta más provisiones por la covid. Por el contrario, el BCE y el BdE se desgañitan diciendo que no se ha provisionado lo suficiente y pidiendo a las entidades que sigan saneando. Desde luego, el supervisor está en el papel que le corresponde, aunque quizás podría reforzar la intensidad de las inspecciones a los bancos, incluso a la vieja usanza repasando expedientes con detalle, para ver si se refuerzan sus argumentos. En cualquier caso, en mi opinión, no dejaría de ser sensato dotar más y, si luego sobrase, mejor.

Además, creo que no se puede hablar del sector bancario como un todo uniforme. Sin duda, hay entidades que ya han hecho provisiones extra cuantiosas y que estarían en una situación confortable. Pero me temo que también hay otras que no han hecho los deberes en la medida necesaria.

El BCE tiene en su mano el arma de la autorización para repartir dividendos. Previsiblemente, levantará la limitación generalizada en unas semanas, porque no tiene mucho sentido mantenerla. Pero lo ideal es que pudieran hacerse compatibles las dos cosas: provisionar más y repartir dividendos mayores que el pírrico de 2020.