Confieso que me he divertido mucho en estos días de Eurocopa política imaginando al ex jugador holandés De Jong, ya saben, el autor de aquella patada infame a Xabi Alonso en la final de Sudáfrica 2010, durante la agotadora y tensa cumbre de líderes celebrada este fin de semana en Bruselas: no hubiera pasado de becario.

Hoy, el malo por excelencia en España es su compatriota y primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, empeñado en patear con el dedo a Pedro Sánchez en una foto ya para la historia, sobre la base de recordarnos -en compañía de Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia, dato importante- que habrá condicionalidad por los 72.700 millones que van a recibir vía transferencias los proyectos de transición a la economía verde.

Sea con freno de seguridad o con el más rústico pie en pared, cualquiera de los autodenominados países autodenominados "frugales" podrá pedir que se reúna el Consejo Europeo antes de desembolsar una ayuda si no está convencido de que los objetivos del proyecto en cuestión se van a cumplir. Porque, como bien tenemos interiorizado todos cuando pedimos dinero... nadie lo da a cambio de nada. 

Esto, que debería ser una obviedad, curiosamente no lo es tanto en esta España que cuando habla del proyecto europeo cae presa del infantilismo de pensar que Papá Noel siempre viene del Norte y en trineo. Nos hemos acostumbrado tanto en estas tres décadas de pertenencia a que la UE sea sinónimo de dinero fácil y barato, cuando no "a fondo perdido" (sic), que si alguien se empeña en que la tercera y cuarta economías del euro -Italia y España- deben ser más autoexigentes, nos revolvemos con el balón en el área y nos tiramos a ver si el árbitro pita penalti. 

Paraíso fiscal, lo que se dice paraíso fiscal, la evasión de cientos o miles de compatriotas que nos condena a los españoles a un agujero de 70.000 millones cada año... Y eso no es responsabilidad de Rutte

Cierto que Holanda tiene mucho por qué callar, que su deuda privada es del 240%, que detrae recursos públicos de otras Haciendas a base de una imposición ridícula rayana en la figura del paraiso fiscal y que, en cierta medida a los holandeses les beneficia una prima de riesgo española alta para que sus fondos de pensiones privados obtengan más rentabilidad; pero no es menos cierto que, paraíso fiscal, lo que se dice paraíso fiscal, la evasión de cientos o miles de españoles, que nos condena a un agujero de 70.000 millones cada año... Y eso no es responsabilidad de Rutte sino de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y todos los mandatarios que les han precedido.

Con esos ingresos y con los que surgirían de aflorar de una vez por todas la enorme bolsa de economía sumergida que aflige desde tiempo inmemorial a este país tan poco calvinista, nos ahorraríamos escenitas bochornosas como la del dedo y que cada vez que España se enfrenta a una crisis económica, sea inmobiliaria, sea por los efectos desastrosos de la Covid-19 sobre nuestras cuentas públicas y privadas, alguien nos saque los colores.

Conviene que despertemos de una vez de este letargo de siglos y que, para empezar, seamos más hábiles a la hora de fijar la agenda política y el marco de debate. Porque ni Holanda es tan "frugal" ni nosotros tan manirrotos ni, por supuesto, nos van a dar nada a "fondo perdido", que la sola expresión asusta a media Europa del río Rin para arriba.

Sí, he dicho del río Rin para arriba porque en esta cumbre se ha producido un fenómeno curioso: la otrora austera canciller alemana, Ángela Merkel -¿recuerdan a su brazo de hierro Wolfgang Schauble?-, parecía Mamá Nöel este fin de semana en Bruselas... No me creo nada.

Ni Rutte ni el primer ministro austriaco habría podido llegar tan lejos en el pulso a las cuatro grandes economías del euro sin algún tipo de aquiescencia de esa Merkel que necesita reconciliarse con el 'Norte'

Mark Rutte el malo y el primer ministro austriaco, Sebastian Kurtz nunca habrían podido llegar tan lejos en el pulso a las cuatro grandes economías del euro como han llegado sin algún tipo de aquiescencia de esa misma Merkel que necesita reconciliarse con el Norte; empezando por su propia opinión pública amenazada por el populismo ultra de Alternativa por Alemania, después de haber ido demasiado lejos en su apoyo al Sur hasta en el nombramiento de la vicepresidenta Nadia Calviño como presidenta del Eurogrupo. 

Así que no se extrañen de que, como el diablo suele estar en la letra pequeña de los acuerdos, cuando lo leamos una tercera y una cuarta vez, descubramos que hay gato encerrado; y que los famosos 72.700 millones los vamos a recibir con cuentagotas a mediados de 2021 -todavía tienen que dar el visto bueno los parlamentos nacionales- previo compromiso de reformas estructurales no escritas entre las que está, diga lo que diga Pablo Iglesias, una marcha atrás en la derogación de la reforma laboral del PP y un cambio en el sistema de pensiones para hacerlo viable: