En el año 1969, cinco espeleólogos del grupo Edelweiss que inspeccionaban las galerías en el sistema kárstico de Ojo Guareña, en Burgos, llegaron hasta una sala en las profundidades de la cueva y, a pesar de lo largo y dificultoso que había sido el recorrido, por un momento pensaron que otro grupo se les había adelantado: el suelo estaba lleno de pisadas. Pero cuando se acercaron a observarlas de cerca se dieron cuenta de lo que tenían delante. “Acerqué mi luz al suelo”, recuerda Eliseo Rubio, “y exclamé sobresaltado: ¡huellas de pies! ¡Pies descalzos! No podía dar crédito a mis ojos”. A lo largo de las dos galerías había centenares de pisadas de pies de diferentes tamaños, en sentido de ida y vuelta, en un recorrido de unos 300 metros. Y parecían muy antiguas.

Cincuenta años después, aquel rastro de más de 1200 huellas en la profundidad de la cueva sigue albergando un misterio que el equipo liderado por la investigadora Ana Isabel Ortega, del CENIEH, está empezando a desentrañar. En todo este tiempo el estudio de estas pisadas, en un lugar de muy difícil acceso, se ha visto muy limitado porque se trata de huellas “frescas” sobre la arcilla. “Si las pisas, te las cargas”, asegura la investigadora a Vozpópuli. De hecho, en algunas zonas aún se pueden observar las pisadas de las botas de los primeros espeleólogos, aunque por fortuna la protección del lugar lo ha mantenido a salvo del deterioro y la espera del desarrollo de técnicas de análisis no invasivas ha dado sus frutos. En el año 2012 el equipo de Ortega pudo llegar hasta este lugar a más de 1,2 kilómetros de distancia de la entrada de la cueva y realizar el primer escaneo mediante láser óptico y fotogrametría de las huellas. Desde entonces, ha estado documentando su morfología y su disposición para recomponer, como detectives, cuál es su historia y quiénes dejaron aquellas marcas en el barro. 

La estructura de las dos galerías y distribución de las huellas | Ortega et al. Springer, 2021

Un grupo de exploradores

“Las huellas se encuentran en dos galerías muy amplias, de más de cien metros de longitud y unos diez metros de anchura”, explica Ortega. En total, han podido reconstruir hasta 18 rastros individuales de pisadas de un grupo de entre diez y doce individuos y la superposición de las huellas de regreso indica que avanzaron hasta el fondo de la galería y regresaron sobre sus pasos. “Creemos que era un grupo que estaba explorando”, asegura la investigadora. “En la Galería 1, algunos se separan hacia las paredes para ver qué hay. En una zona vemos un gran barullo de huellas, donde la mayoría se quedó esperando y solo uno o dos entraron a indagar”. En la Galería 2 hay otra historia parecida; los autores de las huellas entraron hasta el fondo y al ver que no había salida regresaron sobre sus pasos. “Aquí, en el ensanche que sale a la derecha, tenemos las huellas de un individuo que se desvió del grupo y se quedó en la esquina. Claramente se acerca a ver lo que hay. Pensamos que es una exploración”.

Rastros de pisadas humanas de la Galería de las Huellas | Miguel Ángel Martín Merino

La disposición de las pisadas apunta a que se trató de una sola incursión en cada galería y ahora los científicos pretenden confirmar, mediante análisis morfológico comparativo, si las marcas de las dos galerías son del mismo grupo o si fueron dos exploraciones diferentes. “En el último análisis hemos estudiado 39 huellas de 7 rastros distintos”, explica Ortega. “Dos de ida y cinco de salida. Hemos estimado que su altura era de entre 175 y 179 cm y que pesaban entre los 76 y los 99 kilos. Parece que todos eran personas adultas, quizá hombres, y creemos que había uno que cargaba con un peso, pues presenta un pie torcido y un patrón singular en las zancadas. Quizá llevaba un objeto encima o tal vez un crío, no lo sabemos. Por estos datos, lo que está claro es que eran individuos muy robustos”.

“Medían entre 175 y 179 cm y pesaban entre los 76 y los 99 kilos. Eran gente robusta” 

¿Quiénes eran aquellos hombres y por dónde habían entrado hasta un punto tan distante de la entrada de la cueva, sin apenas luz y entre grandes bloques de piedra? Las dataciones indican que las pisadas tienen una antigüedad de entre 4.200 y 4.600 años, aunque en la cueva hay señales humanas de hace hasta 19000 años. El hecho de que las huellas estén frescas sobre la arcilla húmeda les da un aura especial: parece que el grupo acaba de pasar por allí. Los autores de las pisadas utilizaban antorchas para alumbrarse y dejaron por las galerías fragmentos de carbones que han sido muy útiles para las dataciones. Para llegar hasta las salas de las huellas, curiosamente hay que ascender desde una zona inferior de la cueva donde se encuentran marcas en las paredes, tizonazos con las antorchas, que son todavía más antiguos. Los investigadores creen que los individuos que llegaron hasta la galerías superiores treparon por una zona donde los anteriores no se habían aventurado, subiendo la ruta ascendente entre grandes bloques por las que todavía hoy cuesta avanzar. 

Como las huellas siguen frescas sobre la arcilla húmeda, parece que el grupo acaba de pasar por allí

“Los autores de las pisadas pertenecían a la población de esta zona en el Calcolítico”, afirma Ortega. “Son los que hacen los dólmenes que vemos en el exterior”. La humanidad, según la investigadora, está entonces en una fase de exploración de todo su entorno, estaban buscando ampliar su territorio, adentrándose en lugares singulares igual que nosotros subimos hoy a la cima del Everest. Como en otros lugares arqueológicos de esta y otras épocas, probablemente penetrar en las profundidades estaba asociado a un significado simbólico, relacionado con el inframundo. “Esta parte de las cuevas es lo que llamamos la “zona oscura” y creemos tenía un componente simbólico y social”, señala Ortega.

Detalle de una de las huellas de la cueva | Miguel Ángel Martín Merino

El trabajo más reciente de los investigadores del CENIEH forma parte de una monografía publicada por la editorial Springer que reúne 22 capítulos dedicados a la investigación y análisis de los principales rastros de huellas humanas prehistóricas conservados en el mundo. Su conclusión es que durante miles de años los primeros seres humanos husmearon por todo este complejo sistema de cuevas, que ha cambiado muy poco desde entonces, y penetraron en las profundidades de la roca en busca de lo desconocido. “Entraron descalzos y se metieron a través de un caos de bloques tremendo”, concluye Ana Isabel Ortega. “Entraron, vieron y se marcharon; y luego, durante otros 4000 años, nadie volvió a entrar”.

Referencia: Prehistoric Human Tracks in Ojo Guareña Cave System (Burgos, Spain): The Sala and Galerías de las Huellas (Reading Prehistoric Human Tracks) | Más info: CENIEH