César Vidal se considera un exiliado y es tajante al afirmar que no piensa volver a España. Los últimos años ha vivido en Estados Unidos mientras litigaba por la Agencia Tributaria para tratar de corregir "una injusticia". En el otro lado del Atlántico ha encontrado la dicha, entre otras cosas, porque considera que la nación americana le ha dispensado un buen trato.

En esta entrevista habla sobre España desde la perspectiva que otorga la lejanía y se pronuncia sobre su realidad social y política; y acerca de su evolución durante los últimos siglos. También conversa sobre Estados Unidos y sobre los populismos latinoamericanos.

Pregunta. Y los cubanos explotaron, ¿cree que el movimiento provocará, al fin, la caída del régimen?

Respuesta. Me gustaría creerlo, pero no soy optimista.  No me sorprendería que, como en 1980 y 1994, el régimen decidiera anunciar que se puede ir de Cuba el que quiera y decenas de miles de personas se lancen hacia Estados Unidos a la vez que en su número incluye la dictadura a delincuentes y enfermos de todo tipo.  Con eso, como antaño Fidel Castro, daría salida al vapor social y arrojaría el problema sobre Estados Unidos.

P. Leía el comunicado que emitió esta semana el Gobierno a este respecto y no incluía ni una crítica al régimen. ¿Vuelve España a hacer el caldo gordo a una dictadura?

R. Yo creo que España, en general, ha mantenido siempre una postura benevolente hacia la dictadura cubana.  La excepción fue la época de Aznar, pero, como tantas cosas de ese período, no pasó de ser un paréntesis.

P. Lo de Cuba no es un caso aislado. El populismo de izquierdas se ha extendido por Hispanoamérica, desde México hasta a Perú; o Argentina, donde solo un presidente no peronista ha podido agotar una legislatura en varias décadas. ¿Percibe que esa influencia socialista también en Estados Unidos.

R. Son fenómenos diferentes.  En Estados Unidos se ha producido una conjunción entre la 'estrategia del arco iris' - consistente en sumar a todas las minorías étnicas y sexuales junto con un sector de la población blanca para derrotar a la mayoría blanca de la nación – y la sumisión a la agenda globalista de la que Biden es un ejemplo. Me temo que se trata de algo peor que el socialismo aunque la sociedad americana es más viva a la hora de reaccionar ante este desafío de lo que podemos ver en España.

P. España, ¿qué ha aprendido de este país desde Estados Unidos, si es que había alguna lección pendiente?

R. Se ven las cosas desde otra perspectiva. El primer verano de exilio lo dediqué a releer los clásicos de La Celestina, a Torrente Ballester pasando por El Lazarillo de Tormes, Cervantes, Quevedo y Galdós. Te percatas de que España siempre se ha enfrentado con las mismas situaciones irresueltas aunque entonces fuera en carro y ahora en AVE. No soy optimista sobre su futuro, pero es que debemos recordar que desde el siglo XVI no ha habido un solo siglo en que España no perdiera parte de su territorio y que el gasto público salvaje, los impuestos insoportables y las quiebras han sido muy habituales en nuestra Historia.

Debemos recordar que desde el siglo XVI no ha habido un solo siglo en que España no perdiera parte de su territorio y que el gasto público salvaje, los impuestos insoportables y las quiebras han sido muy habituales en nuestra Historia.

P. ¿Cómo ve su situación en este mundo polarizado?

R. Sustancialmente, es la misma que desde hace décadas. Busco seguir analizando e informando de manera documentada, seria e imparcial sobre lo que pasa y no suelen contar muchos de los medios convencionales. Si desea resumirlo en una frase: mi trabajo es arrojar luz.

P. Quizás sea una pregunta compleja de responder, pero me interesa su respuesta. ¿Cómo cree que evolucionarán los Estados a tenor de este choque entre China y Estados Unidos? ¿Aumentará su tamaño y su control sobre los ciudadanos? ¿Se debilitarán por las previsibles crisis de deuda?

R. El aumento del control es innegable. En el caso de España, por ejemplo, se han adoptado medidas relativas a la propiedad privada o a la libertad de movimientos que vulneran la constitución y el sentido común más elemental. No tengo, sin embargo, la sensación de que la gente esté defendiendo, en general, ni su propiedad ni su libertad. En cuanto a la crisis de deuda va por barrios. España está quebrada y no veo cómo podría pagar la deuda. 

P. No me resisto a preguntarle por los medios de comunicación españoles. Se ha confirmado, días atrás, una crisis de Gobierno y no fueron muchos, por no decir ninguno, quien dio las claves verdaderas. ¿Tan alejados de la realidad e intoxicados estamos?

R. Me temo que los medios de comunicación en España, con las excepciones y matices que se quiera, piensan por encima de todo en su supervivencia. Con esa meta principal en mente, no están ni para crearse problemas con el poder ni para perder publicidad institucional. Ver, por ejemplo, a medios de trayectoria conservadora alabando a Pedro Sánchez estos últimos días resultaba un espectáculo bien aleccionador, pero no es algo que comience ahora.

P. ¿Cuál cree que es el principal vicio del periodismo español?

R. Hay varios. Ya he señalado la enorme dependencia no de lectores, oyentes o televidentes sino de la publicidad pública y privada. A eso hay que añadir la escasa formación de muchos periodistas. Desconocen la Historia más reciente y así les va. También percibo faltas de profesionalidad inquietantes. Por ejemplo, a la hora de contrastar noticias. Con facilidad, encuentras gente que construye un titular negativo o una información incluso injuriosa sobre alguien con quien ni ha hablado siquiera. En Estados Unidos, una conducta así coloca a ese periodista fuera de la profesión.  

Con facilidad, encuentras gente que construye un titular negativo o una información incluso injuriosa sobre alguien con quien ni ha hablado siquiera. En Estados Unidos, una conducta así coloca a ese periodista fuera de la profesión"  

P. ¿Hay espacio para desarrollarlo fuera de la influencia de quienes lo financian? Es decir, de empresas y administraciones.

R. No es fácil, pero es posible si se asume el costo. En la actualidad, yo llevo siete temporadas de un programa de radio mantenido por crowdfunding y una de una televisión por suscripción, pero reconozco que exige mucho sacrificio de los profesionales, que los emolumentos son muy modestos y que hay que estar dispuesto a enfrentarse con persecuciones. Es posible, pero muy difícil para la inmensa mayoría.

P. Quisiera preguntarle por sus problemas con Hacienda. Usted ha estado en todas las listas de deudores que se han difundido desde el ministerio, pero, a la vez, de los que ha decidido pugnar con el fisco en los tribunales. ¿Cómo se encuentra actualmente este asunto?

R. Supongo que el litigio durará todavía años. Estoy convencido de ser otra víctima de un abuso ilegal, intolerable y vergonzoso y la administración de justicia ya me ha dado la razón en media docena de asuntos, pero el final se percibe lejano. Bien mirado, peor es el caso de otros como Xavi Alonso, que ha hecho morder el polvo a la Agencia tributaria tres veces en los tribunales y al que siguen sometiendo a un acoso indecente. Hace unos años un experto fiscalista internacional con despachos abiertos en varias naciones me decía que la Agencia tributaria española era la más canalla del mundo quizá con la excepción de la argentina en la época de Cristina Fernández de Kirshner. Visto lo visto, no me atrevería a llevarle la contraria y más cuando la Agencia tributaria pierde más del 51 por ciento de las causas en los tribunales. ¡Cincuenta y uno por ciento! O son muy torpes o la prevaricación está a la orden del día.  Añádase a esto que en España, hay funcionarios de la Agencia tributaria que cobran bonus. Ese supuesto en Estados Unidos, por ejemplo, es constitutivo de delito, pero en España es habitual con la izquierda y la derecha. Para colmo, todas esas conductas van encaminadas a mantener los privilegios de distintas castas porque no creo que nadie se crea ahora que la Agencia tributaria trabaja por asegurar la calidad de la sanidad, la educación, la universidad o las pensiones. 

P. Son varios los periodistas que han expresado sus sospechas lo que ocurrió hace unos años, cuando, de repente, se iniciaron inspecciones y se sancionó a diversos periodistas por facturar sus rendimientos profesionales a sociedades. Quizás la pregunta es muy evidente, pero me interesa su respuesta. ¿Se utiliza el fisco con fines políticos?

R. En mi caso, yo era socio minoritario de una sociedad en la que había otras dos personas y que tenía empleados, con lo que el atropello es todavía más inaceptable, pero volviendo a su pregunta, le diré que, en un libro reciente y muy interesante, Federico Quevedo ha contado cómo Montoro, el ministro de Hacienda, le dijo que si quería dejar de tener problemas con Hacienda ya sabía lo que tenía que hacer.  Recuerdo también una entrevista televisiva a Montoro en la que acabó con cualquier pregunta incómoda señalando que había periodistas con problemas con Hacienda. Todos agacharon la cabeza mientras la moderadora decía con un hilito de voz: “¿No lo dirá por mi?”. Fuentes de la Agencia Tributaria me insistieron en su día que existían listas de aquellos a los que había que perseguir. No me atrevería a afirmarlo, pero que cada uno saque sus conclusiones.

Fuentes de la Agencia Tributaria me insistieron en su día que existían listas de aquellos a los que había que perseguir.  No me atrevería a afirmarlo, pero que cada uno saque sus conclusiones"

P. ¿Ha pensado en volver a España?

R. No pienso volver a España. El 31 de diciembre mi libro Un mundo que cambia estaba el número 1 en varias listas de Amazon por delante incluso del último libro de Obama. La semana pasada, apareció mi última novela El árbol de carne y también está el número 1 en listas de Amazon. No tengo la sensación de que eso sería posible en esta España. Hace ya años que soy ciudadano americano, esta nación me ha tratado muy bien, en algunos aspectos mejor que mi tierra natal, y no veo motivo para regresar a un país que amo entrañablemente y cuya realidad sigo a diario, pero que, me temo, se enfrenta a un futuro aciago de inseguridad jurídica creciente y sin defensa real de las libertades.