Internacional

El brexit, China e Irán marcan un G7 fracturado e incapaz de cerrar acuerdos globales

La división en el seno del grupo que reúne a los líderes de algunas de las mayores economías mundiales impide el cierre de grandes acuerdos multilaterales y las conversaciones bilaterales de Trump centran la atención

El presidente estadounidense Donald Trump baja del helicóptero presidencial.
El presidente estadounidense Donald Trump baja del helicóptero presidencial. EFE

Alcanzar acuerdos conjuntos en la cumbre del G7 -que reúne este fin de semana en Biarritz a los líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido- se ha convertido en una auténtica quimera. Impulsado tras la crisis de 1973 para buscar soluciones y estrategias compartidas a los retos globales, la actual división de posturas entre los diferentes miembros del grupo hace casi imposible la rúbrica de acuerdos políticos multilaterales de calado.

Con negociaciones secretas y sin posibilidad de conocer los documentos de trabajo que preparan los Estados a lo largo de todo el año, lo único que trasciende de manera oficial son las declaraciones conjuntas finales. Pero ya en el encuentro celebrado el pasado año en Quebec (Canadá), el presidente estadounidense Donald Trumpdecidió desmarcarse negándose a firmarla. Y en la de este fin de semana en Francia, los socios han renunciado si quiera a elaborarla. 

Las expectativas sobre la cumbre que el presidente francés Emannuel Macron ha pretendido centrar en la "lucha contra las desigualdades" son muy escasas. La reunión del grupo de potencias industrializadas no ofrece, hoy por hoy, más que un espacio en el que sus miembros se pueden fotografiar de manera conjunta en ciudades blindadas por las fuerzas de seguridad. La gran puesta en escena en la que no participan ni Rusia ni China ni Brasil requiere la presencia de 13.000 agentes forman el dispositivo francés y España ha tenido que desplegar a siete mil en el entorno de la frontera ante la posibilidad de altercados. 

Reuniones bilaterales

Así que más que el resultado de los debates previamente acordados, el interés de este G7 está puesto en las conversaciones bilaterales que puedan mantener los mandatarios a nivel informal. Máxime en un momento marcado por la guerra comercial entre un EEUU cada vez más proteccionista y China;por la relación con Irán tras la retirada norteamericana del pacto nuclear;por la posible salida del Reino Unido sin acuerdo de la UE el próximo 31 de octubre; o por las amenazas lanzadas por Trump contra Francia por el impuesto a las tecnológicas que afectaría a compañías estadounidenses como Google, Amazon, Facebook y Apple. 

"Es más importante lo que se negocia de manera oficiosa entre los jefes de estado y de gobierno de estas cumbres que lo que se hace de cara a la galería", apunta Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. "Cuando no es posible alcanzar los grandes acuerdos formales, ese tipo de negociaciones informales donde se pueden acercar posiciones son las que pueden dar más sentido a cumbres como la de Biarritz", añade. "Pero, a veces, lo que hacen es constatar aún más el enfrentamiento", avisa. 

Posiciones distantes

Los miembros del grupo mantienen posturas muy distantes en varios asuntos, con una Italia que acaba de romper su Gobierno y con una canciller alemana, Angela Merkel, de salida. Quien debuta es el recientemente nombrado primer ministro británico, Boris Johnson, con la amenaza de un brexit duro sobre la mesa y con la negativa de Francia a cambiar un ápice el acuerdo alcanzado con Bruselas. 

El jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez -que acude a la reunión como invitado- mantendrá una reunión bilateral con su homólogo británico, al que Trump ve como un aliado de sus intereses comerciales tras la salida de la UE. De hecho, Johnson y Trump podrían avanzar hacia un acuerdo trasatlántico o incluso firmar un pacto que asiente el terreno en ese sentido. Por su parte, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, acudirá a la cumbre con la voluntad de lograr salvaguardas ante el brexit y de desbloquear el acuerdo comercial con EEUU. La economía nipona, la tercera del mundo, sufre una gran exposición a un brexit duro por la gran presencia de sus empresas en Reino Unido. 

Falta de representatividad

Los mandatarios acudirán a la cita número cuarenta y cinco, pero ahora surgen las críticas por la crisis de representatividad. ¿Qué ha cambiado en todas estas décadas? Este tipo de conferencias "han sido muy útiles para ir creando las bases de entendimiento del orden internacional en áreas donde había mucha conflictividad como por ejemplo en la región de Oriente Medio o en sectores o temas en los que había que ponerse de acuerdo porque eran novedosos", opina Calduch. "Sin ellas habría sido más difícil encontrar acuerdos en el marco de Naciones Unidas para desarrollar regulación de nuevas áreas", remata.

Quien ahora está ausente pero a la vez muy presente es Vladimir Putin. Rusia perteneció entre 2002 y 2014 al denominado G8, pero fue expulsada por la anexión de la península de Crimea. Trump aboga por volver a incluirla, pero el resto de socios no está por labor. 

El G7 no es una organización como tal y no tiene capacidad de implementar sus políticas. Son los Estados miembros los que deben trasladarlas luego a las organizaciones internacionales como la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio. Precisamente, uno de los grandes consensos es la reforma de este último organismo. Sin embargo, atrás quedan los tiempos en que el foro servía para impulsar medidas de estímulo de las economías tras períodos de crisis económica o para escribir borradores que podían acabar dando pie a tratados multilaterales o resoluciones de la ONU. 

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