Si hay una imagen icónica para la Policía Nacional en los altercados que se han registrado en Cataluña en los últimos años, esa es la que abre este artículo. La de un grupo de agentes en las inmediaciones de la plaza de Urquinaona (Barcelona) frente al caos. Un puñado de policías rodeados de cascotes y material maltrecho; fuerzas que flaquean ante la vorágine de aquella violencia. Fue justo después de que se dictase sentencia contra los líderes del procés, los mismos que esta semana son indultados por el Gobierno. Lorenzo (nombre ficticio) es uno de los policías que conforman esa “delgada línea azul”, policías que arriesgaron su integridad para hacer frente a las embestidas radicales. Y ahora, tras la decisión adoptada por Moncloa, manifiesta su incredulidad en conversación con Vozpópuli: “Nosotros aún tenemos juicios pendientes y ellos ya están en la calle”.

Fue en octubre de 2019. “Nunca había vivido nada así, era una guerra”. No han pasado ni dos años. Imágenes atronadoras en una batalla urbana. Los vecinos de las zonas más conflictivas que se atrevían a asomarse a las ventanas grababan con sus teléfonos móviles las embestidas de los radicales: objetos contundentes, artefactos incendiarios, fuegos pirotécnicos… incluso contra un helicóptero policial. Todo con el objetivo de causar el mayor daño posible entre los policías desplegados con la difícil misión de salvaguardar el orden público. Y en cierta medida lo consiguieron: el balance dejó cerca de 300 agentes heridos, la mayoría de ellos de los Mossos d’Esquadra.

Los radicales se lanzaban con todo. Entre sus objetivos figuraba la Jefatura Superior de Policía de Barcelona; la misma que el nuevo Govern catalán quiere reconvertir ahora en un museo contra la represión franquista. Lorenzo no se había visto en una igual en su vida. Él estuvo desplegado durante horas en uno de los puntos críticos de acceso a aquella ubicación, donde se produjeron los mayores altercados. Así recuerda aquellos acontecimientos.

El episodio

“Siempre se dice que éramos la delgada línea azul y no falta razón. Pero no es sólo eso, no sólo frenamos a los violentos en un punto concreto. En ese momento nos convertimos en la última línea del Estado de Derecho. Tenemos el monopolio de la fuerza y ejercimos la defensa de la Jefatura de Policía. Me atrevería a decir que, en cierta medida, el orden constitucional dependía de esa línea de agentes que frenábamos a los violentos”.

Fueron horas críticas. Lorenzo recuerda cómo no les alcanzaba ni el material. Las fuerzas, a duras penas, pero las mantuvieron. La Policía organizó furgones lanzadera para llevarles todos los medios que iban escaseando. Por momentos, apenas tenían sus escudos para frenar los ataques radicales. Y en otras ocasiones se sobreponían y lograban avanzar posiciones: “Si se nos hubiera dado la orden de tomar aquella plaza desde el primer momento… pero se optó por una decisión más conservadora, que era quedarnos en nuestro lugar”.

Lorenzo se desplegó en la operación Copérnico y en la operación Ícaro; la primera, durante el referéndum ilegal de 2017, la segunda por los problemas de orden público que se registraron a partir de la sentencia del procés. Veterano miembro de la Unidad de Intervención Policial (UIP) -más conocidos como antidisturbios- asevera que “nunca había visto nada igual”: “De los policías que aparecemos en la foto -la que abre este artículo- no todos terminaron bien. Todos recibimos el impacto de piedras, algunos con más de una decena en el casco. El grupo con el que nos relevábamos, de Vigo, tuvo problemas graves, a alguno lo han tenido que jubilar por las secuelas que sufrió”.

Los indultos

Imágenes que contrastan con las que se han vivido estos días en los exteriores de las cárceles catalanas, con los líderes separatistas en libertad y clamando su intención de volver a poner en marcha la maquinaria secesionista. Escenas que -cuanto menos- impactan a Lorenzo y a sus compañeros: “Es tremendamente frustrante”.

El motivo de esa frustración no se aviene únicamente a causas políticas, también por sus derivadas jurídicas: “Tenemos muchos compañeros imputados por los disturbios que se han registrado en Cataluña en los últimos años que están pendientes del resultado de juicio, con esa espada de Damocles que no sabemos cómo va a terminar. Mientras, los líderes independentistas ya están en la calle”.

Apunta al malestar que se registra entre los compañeros que constituyeron aquella "delgada línea azul": "Que la ubicación de la Jefatura que tanto defendimos vaya a ser moneda de cambio con los independentistas... es difícil de asimilar". Y a los episodios judiciales a los que se refiere habría que sumar la "falta de condecoraciones" para tantos agentes que se desempeñaron en aquellos disturbios.

Un "olvido" -siempre siguiendo sus consideraciones- que también lamentan voces internas de la Policía Nacional. “Es una falta de respeto hacia nuestro trabajo”, advierten desde el sindicato Jupol. A su juicio, la decisión del Gobierno supone un “ataque a la Constitución” y a “cientos de agentes de la Policía Nacional lesionados”.

"Han dicho que lo volverán a hacer y que mantienen sus intenciones", reflexiona Lorenzo en referencia a los condenados que han sido indultados. "Y si vuelve a haber problemas de orden público, ahí estaremos para salvaguardarlo. Aunque por el momento sea difícil asimilar que los que propiciaron aquellos episodios estén ahora en una posición más fácil en términos judiciales que los que hicimos frente a los violentos".