Pedro Sánchez e Iván Redondo, los hombres más poderosos de España, viven en una suerte de mundo paralelo. O propagandístico, mejor dicho. En esa zona tan particular y reservada a mentes privilegiadas como las suyas puede ocurrir casi cualquier cosa imaginable, pero siempre con un mismo rumbo insoslayable: exaltar la figura ya de por sí planetaria de este extraordinario presidente del Gobierno.

Este jueves el acto ha sido uno de esos que, por tener un formato diferente a lo habitual, dejan huella en las mentes anonadadas de los ciudadanos. Resulta que Sánchez se ha ido a un cuartel de la Benemérita a presidir una destrucción de armas. Más en concreto, dice el teletipo de Europa Press (y dirán todas las televisiones y radios) que el jefe del Ejecutivo ha presidido este glorioso acto celebrado en el Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada de la Guardia Civil en Valdemoro (Madrid). Allí, aplanadora mediante como atestiguan las imágenes, se han destruido más de 1.300 armas pertenecientes a organizaciones terroristas, entre ellas las usadas por una decena de comandos de ETA desarticulados entre 1978 y 2002.

Sánchez le ha puesto voz a semejante momento al afirmar que el acto simboliza "levantar acta de la derrota de ETA frente a la democracia española". Con esta destrucción de armamento vetusto se pretende escenificar la "entrega de armas de quien acepta la derrota". Podría aducirse en contra que estas no eran armas entregadas, sino incautadas, pero no estamos para preciosismos. Incluso, al decir del destructor, nunca antes tras la desaparición de una banda terrorista se mostró "con rotundidad la destrucción de sus arsenales". Quizás convendría puntualizar que lo que nunca se ha visto antes es un gobernante que quiera sacar tajada mediática de un momento así pero tampoco nos quedemos con esos detalles. Porque lo que pretendía hoy Sánchez, según sus propias palabras, era vender al personal "la idea de la derrota de la banda terrorista ETA que reclaman las organizaciones de víctimas".

Invencible. Resistente. Inigualable

Curiosa manera de hacer caso a las organizaciones de víctimas. Sobre todo teniendo en cuenta que esas mismas organizaciones de víctimas son las que reclaman a Sánchez que el Gobierno que preside no acerque a presos de ETA a las cárceles próximas al País Vasco y Navarra sin que cumplan escrupulosamente los requisitos legales para lograr dichos traslados. También esos colectivos le suelen pedir a Sánchez que su partido, el PSOE, no pacte con Bildu, y le recuerdan que dijo una y otra vez que una de sus líneas rojas era no llegar a acuerdos con la coalición abertzale que lidera Arnaldo Otegi.

De esas cosas Sánchez no ha dicho ni esta boca es mía, claro. Hoy la cosa iba de vender a los ciudadanos en los telediarios que el presidente del Gobierno destruye las armas de los terroristas. Es un destructor. Un auténtico killer. Invencible. Resistente. Inigualable. Nada se le pone por delante. Para destruir armas viejas y también sus propias "líneas rojas".