Desde hace meses en Moncloa están decididos a alejar a ERC de JxCat. La elección de Salvador Illa como candidato del PSC fue su gran apuesta para atraer el máximo de votos procedentes de Ciudadanos de los últimos comicios de 2017, pero son conscientes de que los de Oriol Junqueras estarán en posición de decidir las siglas que integrarán el nuevo ejecutivo autonómico.

En base a esta geometría variable, que reflejan todos los sondeos, buscan reproducir en la medida de lo posible los equilibrios del Ayuntamiento de Barcelona y del Gobierno de coalición. Y esto pasa por que, al menos Podemos, esté en el nuevo gobierno que surja de las urnas. Se trató inicialmente, explican las fuentes consultadas, del “proyecto de Pablo Iglesias” para garantizar la “estabilidad” de la legislatura en Madrid. Y creen que esto es más factible si el partido de Carles Puigdemont está lejos de la ecuación.

Pedro Sánchez dará este miércoles el último arreón al PSC en un acto en Barcelona. El presidente del Gobierno se ha implicado activamente en la campaña y empujará para que la federación catalana no imposibilite un acuerdo de gobierno en esa dirección que haga a Pere Aragonès presidente de la Generalitat.

El PSC ha dejado muy claro que no habría un nuevo “tripartito” tras el 14 febrero –en referencia a los ejecutivos entre el PSC, ERC e ICV de 2003 a 2010-. En la misma línea, ERC ha dicho por activa y por pasiva que no piensa pactar con el PSC. La estrategia de los republicanos –y que les aleja de JxCat- es la de “ampliar la base” con un frente de izquierdas y soberanista. Y en estos criterios, más allá de los separatistas, solo hay lugar para los comunes (En Comú Podem) al no oponerse a un eventual referéndum de autodeterminación.

La baza de Sánchez

La baza con la que juega Sánchez es que si el PSC logra la primera plaza en votos y ERC cae en un segundo o tercer puesto, no podrán rechazar la oferta de liderar el nuevo Gobierno de la Generalitat. Al mismo tiempo, creen que tampoco la CUP podrá oponerse a un Ejecutivo de “izquierdas” si son ellos el principal apoyo externo y pueden obtener contrapartidas por el respaldo prestado.

Como informó este medio, distintas corrientes de la CUP buscan quitarse de encima el estigma de que solo quieren pactar con la derecha de JxCat. Y la imputación de Laura Borràs por parte del Tribunal Supremo en un caso de presunta corrupción cuando estaba al frente de la Institución de las Letras Catalanas choca frontalmente con sus postulados de “tolerancia cero” con la corrupción.

Gobierno en minoría

La fórmula que Moncloa ve con buenos ojos no es tan alejada de la que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno. Se trataría de un gobierno en minoría. El equilibrio es frágil y se deben conjugar muchos intereses para que prospere, pero la elevada fragmentación en Cataluña y la necesidad de salir del bloqueo institucional son elementos que juegan a su favor.

De acuerdo con el último sondeo flash del CIS, ERC contaría, en el mejor de las hipótesis, con 33 diputados. Con Comuns (9-12) y la CUP (8-11) sumarían 56 escaños. La abstención del PSC (con 35 escaños) y siempre y cuando JxCat, Cs, PP y Vox no se opongan en bloque, el nuevo gobierno podría salir adelante.

En la misma línea, el último sondeo publicado en Cataluña, de Institut Opinómetre, revela un desgaste del actual ejecutivo de JxCat y ERC debido a la pandemia. Y, como opción favorita de alianzas de los catalanes se halla un gobierno ERC-PSC-Comuns (con un 21,9% de los apoyos). Aunque PSC y ERC descartan hoy por hoy esta posibilidad, sí están dispuestos a equilibrios similares, que den peso a la CUP y Podemos, y se lo resten a JxCat.