España

Rajoy ve seguro llegar a los 130 escaños y apuesta por la gran coalición sin Sánchez

A Mariano Rajoy no hay quien le quite de la cabeza que lo mejor para el país después del 26 de junio será un Gobierno formado por el PP y el PSOE que dispare el número de ocupados hasta los 20 millones y ofrezca confianza a los inversores.

Mariano Rajoy, este martes, durante una visita preelectoral a La Rioja.
Mariano Rajoy, este martes, durante una visita preelectoral a La Rioja. EFE

Miembros del Gobierno que han tenido ocasión de hablar de manera reposada con el presidente en los últimos días, le ven muy tranquilo, como si en realidad estuviera en su salsa presidiendo un Gabinete en funciones dentro de una interinidad que, al final, se habrá prolongado durante más de seis meses. Y lo que más acentúan en él es su obsesión por una idea fija: lo mejor para el país es que después del 26J se forme un Gobierno de coalición entre el PP y el PSOE que ofrezca confianza a los inversores, consolide la recuperación y dispare hasta los 20 millones el número de ocupados en la próxima legislatura, logro más importante, incluso, que la lucha contra el déficit. Se desconoce si el presidente maneja información reservada sobre los contactos que miembros destacados del PP mantienen con importantes dirigentes socialistas –"yo no me meto en esos fregaos" –, pero lo cierto es que sorprende la contundencia con la que asegura que habrá Gobierno antes del 1 de agosto. El objetivo es claro: llegar a los 130 diputados, algo que da como seguro.

Rajoy ve seguro conseguir el 26J 130 escaños, siete más que el 20 de diciembre

El gran problema que reconoce Mariano Rajoy para lograr la gran coalición es Pedro Sánchez. "Es una cuestión de piel", ha comentado el presidente a personas de su confianza para explicar la mala relación, prácticamente inexistente, que arrastra con el líder del PSOE desde que éste se negó en banda a negociar cualquier posibilidad de formar Gobierno con el PP después de las elecciones del 20 de diciembre y también a facilitar su investidura para favorecer un equipo gestor al que pensaba incorporar también a Ciudadanos. A juicio de Rajoy, España siempre ha avanzado desde el inicio de la Transición sobre dos pilares, el PP y el PSOE, que son los que han sostenido las grandes reformas y los que tendrían que seguir garantizando el Estado del bienestar, afianzando los cambios que considera imprescindibles en la sanidad y el sistema de pensiones.

El presidente suele recordar que se entendió muy bien conAlfredo Pérez Rubalcaba, también con José Luis Rodríguez Zapatero, algo que no ha ocurrido con Sánchez. "Veo imposible entenderme con él, no hay la mínima posibilidad de acuerdo", ha relatado Rajoy a sus interlocutores, convencido, no obstante, de que el PSOE acabará entrando después de las elecciones en un Gobierno presidido por él o cediéndole su voto en la investidura, tarea a la que podría sumarse también el PNV. Rajoy mantiene un trato cordial con el lendakari, Iñigo Urkullu. Algunos ministros coinciden con dirigentes socialistas en que Sánchez se ha convertido en un factor de inestabilidad, pues es como el perro del hortelano, que ni posibilita pactos a la izquierda ni a la derecha. Ni come, ni deja comer.

Desprecio por Ciudadanos y aprecio por el PNV

Uno de los aspectos que más sorprende a algunos ministros de la visión que tiene el presidente de la actualidad política es el desprecio que siente hacia Ciudadanos. Rajoy se pregunta con cierto desdén hasta dónde puede irse con Albert Rivera-"a ningún sitio", se responde él mismo- teniendo en cuenta, además, que no para de cuestionarle en público. Esto último es algo a lo que no concede excesiva importancia ya que está seguro de que el PP mejorará sus resultados el 26J, algo que dejará sin margen a Rivera y al resto de los partidos para impedir que presida el Gobierno. Tan sólido se ve sobre sus posibilidades de éxito que la obtención de los mismos diputados que el 20D, 123, la interpretaría como un fracaso.

Rajoy tiene claro también que un Gobierno del PSOE con Podemos e IU sería "un desastre" para España ya que frenaría la creación de empleo y la inversión. Esto es algo que no se callará durante la campaña electoral y que muchos interpretarán como la agitación del voto del miedo, el famoso "o yo, o el caos".

El presidente en funciones opina que con Ciudadanos no se va a ningún sitio, al contrario que con el PSOE

De lo que Rajoy ha trasladado a algunos de sus ministros se desprende también que no hará una campaña demasiado proactiva. Se volcará en la docena de circunscripciones donde el pasado 20-D los últimos escaños se repartieron por un pequeño porcentaje de votos y donde más puede perjudicarle al PP la alianza entre Podemos e Izquierda Unida. Si por él fuera, no habría debates electorales. A su juicio, no tiene sentido hacerlos ya a dos y como algunos líderes políticos han advertido que solo irán a los debates a cuatro si acude a ellos Rajoy, pues el presidente cree que tiene la sartén por el mango. En todo caso, considera que lo más razonable es que haya uno o dos debates y que los organice la Academia de Televisión, como casi siempre hizo en el pasado. Mala noticia, pues, para las cadenas privadas.

De cómo configuren el PP y el resto de las principales formaciones la campaña, dependerá, en parte, la participación en las urnas. En Génova, 13, están convencidos de que el 26J habrá una mayor abstención, algo que Rajoy reconoce que penalizará a la izquierda y beneficiará a su partido. De ahí que para él vaya a ser tan importante no contribuir a movilizar en las próximas siete semanas el voto del PSOE y de Podemos.

La corrupción, algo del pasado

El candidato del PP no se muestra preocupado por el impacto que la corrupción puede tener en esta nueva campaña. A su juicio, lo que se ventilan son casos del pasado que se han sacado a la luz gracias a la labor de su Gobierno. Lo importante, añade Rajoy, y lo que más puede condicionar el voto, es que se demuestre la capacidad para resolver los problemas de los ciudadanos.

Esta es la razón por la que el presidente no ve prioritaria una reforma de la Constitución. Comenta a sus ministros que el título VIII ha garantizado durante casi cuatro décadas un correcto funcionamiento del estado de las autonomías y, por tanto, que los cambios, en caso de producirse, deberían ser menores. No vería mal, por ejemplo, facilitar que en escenarios como los que abrió el 20D, sea el Parlamento y no el Rey el que pueda convocar las elecciones en caso de que no haya manera de formar Gobierno, agilizando así los plazos. Rajoy tampoco ve motivo alguno para modificar la ley Electoral. La impresión que transmite a algunos de sus oyentes es que, si por él fuera, seguiría en la próxima legislatura con el mismo Gobierno y el mismo equipo al frente del partido.

El líder del PP no ve necesario cambiar el título VIII de la Constitución ni tampoco la ley Electoral

Tampoco emite señales el presidente de que haya sufrido en los últimos meses su relación con el Rey. En su opinión, Felipe VI ha hecho "lo que tenía que hacer" e ignora de dónde ha salido la versión de que cuando él acudió a Zarzuela intentó buscar atajos para anticipar otras elecciones impidiendo que el monarca encomendara a Pedro Sánchez la formación de Gobierno. En tono de broma, Rajoy asegura que ahora solo tiene un problema con el Rey y es que coincidirá con él en Milán en la final de la Champions y no comparten sus preferencias: Felipe VI es del Atleti y él del Real Madrid. Pues eso.



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