Primavera Sound, Mad Cool, Bluescazorla, Cabo de Plata, Rock Fest Barcelona, Rototom Sunplash, RockNRock, Azkena Rock, Monegros Desert... Son algunos de los nombres de las imperdibles citas estivales con la música, que tendrán que esperar otro año más para volver a celebrarse. Tras el 2020, en el que la pandemia obligó a suspender todos los festivales, 2021 prometía recuperar el ritmo gracias al proceso de vacunación, la vigencia de las restricciones y la falta de coordinación para que tengan lugar este tipo de eventos.

"Es una decisión muy difícil y triste pero no se puede garantizar la seguridad de todos", reseñaban los promotores del Weekend Beach en un comunicado cuyas líneas pueden ser suscritas por la mayoría de festivales. Pocos reconocen públicamente que el problema no radica solamente en la pandemia, sino la incertidumbre organizativa a la que se enfrentan festivales como Paraíso, que su anuncio de cancelación apuntaba que no existe "una normativa gubernamental diseñada para poder organizar" un certamen de determinada "magnitud".

La ausencia de un plan para celebrar en condiciones tasadas los grandes eventos ha dejado al arbitrio autonómico la resolución de un problema que desde hace meses lamenta el sector de los espectáculos en directo, uno de los más azotados por la pandemia. Sin una normativa a la que atenerse, muchos han arriesgado con la organización de festivales voluminosos de bajo coste para el público, y otros tantos han optado por ofrecer formatos reducidos con menor rentabilidad pero con más garantías.

Sin una normativa a la que atenerse, muchos han arriesgado con la organización de festivales voluminosos de bajo coste para el público, y otros tantos han optado por ofrecer formatos reducidos pero con más garantías

Alguno, como el Festival Cruïlla, mantiene su apuesta "sin limitación de movimiento ni distancias" por el despliegue de medidas frente al coronavirus: mascarillas FF2 'gratis', personal médico y test de antígenos, de coste variable en función de los días que se asista. Un modelo que emula el exitoso concierto de Love of Lesbian y que cuenta con el apoyo de las administraciones catalanas.

Falta de ayuda institucional

Pero no es lo habitual. "A nivel estatal hay una falta de coberturas que ayuden a que las decisiones de los promotores de festivales y otros eventos tengan algún tipo de protección", señalaba en conversación con Vozpópuli Joaquín Martínez, Kin, presidente de la Federación de la Música de España (Es Música) y organizador de O Son do Camiño y Portamérica, hace unos meses, cuando la cancelación del Primavera Sound auguraba una tromba, como finalmente ha sucedido, sin que el Gobierno central haya impulsado una normativa a la que atenerse.

Además del problema que supone no celebrar un festival, tras la cancelación los organizadores tienen que hacer frente a las peticiones de reembolso, sobre el que tampoco existe un consenso. Cada promotora ofrece una solución distinta a sus clientes, y la devolución del dinero no suele ser la prioridad. Empresas como Festicket, market de entradas para este tipo de certámenes, pide expresamente a los clientes "que consideren la opción de renunciar al reembolso del importe de sus entradas, si se lo pueden permitir" para "apoyar la supervivencia del festival": "Les ofrecemos la oportunidad de seguir creando fantásticas experiencias".

Asistentes en el Resurrection Fest (Viveiro). EP

Festivales diferenciados

Así ha ocurrido con BBK, Tomavistas, Sónar o el Granada Sound. Estos festivales se han reinventado para que siga sonando la música en directo con versiones reducidas que, en muchos casos, se extienden durante más días y acarrean la multiplicación de los gastos en personal, alquiler, seguros, impuestos... Un montante que asciende y es inasumible al precio del modelo de masas. Eso ha obligado a buscar fórmulas renovadas para ofrecer experiencias diferenciadas.

El modelo de estos eventos pujantes no es nuevo. Ya existían antes de la pandemia festivales como el Por Todo lo Alto en Sierra Nevada o el Rivera Sacra en Galicia

El modelo de estos eventos pujantes no es nuevo. Ya existían antes de la pandemia festivales como el Por Todo lo Alto en Sierra Nevada -del que no se sabe nada en 2020 retrasó su edición a agosto de 2021- o el Ribeira Sacra en Galicia, que volverá a celebrarse con su particular alternativa al modelo masivo sin renunciar a artistas internacionales de primer orden. No en vano, el certamen gallego recibió el Iberian Festival Award a mejor festival de pequeño formato de España, una categoría sostenible, rentable y poco extendida pese a las posibilidades de un país con una gran diversidad de enclaves naturales y un ingente patrimonio a menudo en desuso.