Ocean Drive es el escaparate de Miami, la playa a un lado, al otro las casitas art deco, ante una de las cuales fue asesinado el modisto Versace. Al pasear por allí entre sus famosas patinadoras en bikini uno se siente en el escenario de una película, pero el aroma de Hollywood se ve matizado por los anuncios de las innumerables terrazas: “Gazpacho, sangría, chorizo, paella…”. Es la más chocante mezcla entre el exotismo estadounidense y la cultura española, porque al fin y al cabo en Miami la mayoría de sus habitantes habla español.

No es solamente el exilio cubano, pleno de cohesión y carácter, a Miami se la llama “la capital de Latinoamérica” porque atrae gente de todo el continente, pero también de España. Julio Iglesias es por supuesto el más famoso “español de Miami”, ejerciendo de imán para otros cantantes como Alejandro Sanz o Bisbal, pero también vive allí otro estilo de gente, como la familia Franco, encabezada en su momento por el Marqués de Villaverde, el “yernísimo” de Franco.

Y más atrás Miami atrajo y fue la tumba de un hombre destinado a ser Rey de España, aunque no lo fue: Don Alfonso de Borbón y Battenberg, primogénito de Alfonso XIII, Príncipe de Asturias desde su nacimiento en 1907 hasta que en 1933 renunció a sus derechos dinásticos por amor a una mujer, una bellísima cubana llamada Edelmira Sampedro. Don Alfonso padecía de hemofilia, una enfermedad hereditaria que estigmatizaba a los descendientes de la Reina Victoria de Inglaterra, de la que era bisnieto por línea materna.

La mitad de su vida la pasó Don Alfonso en el lecho de enfermo, de modo que aprovechó la otra mitad para dedicarse a lo que le gustaba, que eran las mujeres. Se divorció pronto de su gran amor, y se buscó otro, de nuevo una guapa cubana, con la que el matrimonio duró sólo medio año. Para olvidar sus penas se fue a Miami, el lugar ideal para eso, y en la madrugada del 6 de septiembre de 1938, cuando conducía su coche tras una noche de copas con la cigarrera de un club nocturno, se empotró contra una cabina telefónica. El accidente no fue grave, pero la hemofilia le provocó una hemorragia interna imparable y murió a los dos días. Miami fue su tumba hasta 1985.

2 de abril de 1513

No hay parte de Estados Unidos más española que Florida, el primer territorio de América del Norte al que llegaron los españoles. Fue el 2 de abril de 1513, día de Pascua Florida (Domingo de Resurrección). Por esa fecha, y no por su exuberante vegetación, bautizó a aquella península La Florida su descubridor, Ponce de León, uno de esos protagonistas de la Conquista de América que parecen seres mitológicos por sus hazañas. Ponce de León no buscaba oro, sino algo aún más importante, la eterna juventud. Corrían por el Caribe leyendas de caciques ancianos que cuando bebían de cierta fuente rejuvenecían, tomaban nueva esposa joven y engendraban hijos, y ese tesoro valía más que nada. Curiosamente Florida es en la actualidad el Estado con más jubilados de EEUU, porque los ancianos de todo el país consideran que es el mejor sitio para vivir más y mejor.

También fueron los españoles quienes levantaron en Florida la primera ciudad de Estados Unidos, San Agustín, fundada en 1665 por Pedro Menéndez de Avilés, nombrado por la corona española primer “adelantado” (gobernador) de La Florida. En el siglo XVIII, aprovechando la decadencia de España como gran potencia, Inglaterra comenzó a roer el Imperio español. En 1762 los ingleses se apoderaron de La Habana, y para recuperar lo que era la joya de la corona española, Florida fue por primera vez objeto de mercadeo.

El Tratado de París de 1763 entregó Florida a Inglaterra a cambio de recuperar La Habana y Manila, pero esta concesión no fue aceptada de buen grado por los españoles. Aprovechando la Guerra de Independencia norteamericana, Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, lanzó una campaña entre 1779 y 1781 que logró la reconquista de La Florida.

La auténtica crisis de la soberanía española en Florida, como en el resto de América, llegó con el vacío de poder de la invasión napoleónica de España. En 1810 colonos estadounidense atacaron Baton Rouge al grito de “¡Hurra Washington!” y proclamaron la República de Florida Occidental. En 1817 fue el libertador Simón Bolívar quien animó a los criollos floridanos a declarar la independencia y proclamar la República de La Florida. Estados Unidos, que ya en 1813 se había apoderado de Mobila, desplegó en 1818 a su ejército en buena parte de la Florida Oriental con la excusa de la guerra contra los indios semínolas.

Ante el hecho consumado, y a la vista de que toda la América Española estaba en rebeldía y a punto de lograr la independencia, el gobierno español fue por una vez pragmático y ofreció a precio de saldo La Florida a Estados Unidos. En 1819 se firmó en Washington el Tratado Adams-Onís, que establecía un precio de 5 millones de dólares y fijaba el cambio de soberanía para el 17 de julio de 1821, hace justo dos siglos.