La noticia se dio a conocer un fin de semana, quizá un momento menos propicio. El Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela se fusionarían en un plazo de un mes aproximadamente, tras la aprobación del Real Decreto que así lo determinara. La institución resultante pasará a llamarse Teatro Nacional de la Ópera y de la Zarzuela. La noticia del proyecto fue vista con recelo en el Teatro de la calle Jovellanos, por considerar que se trataba, en toda regla, no de una absorción, sino de una depredación. Así lo demostró el director de la Zarzuela Daniel Bianco, al poner su cargo a disposición del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Representantes sindicales y el personal de la Zarzuela encuentran el proyecto poco claro y consideraran que la concreción del movimiento es una forma de privatización. Aseguran que la medida dejaría a muchos funcionarios sin trabajo, al mismo tiempo que hace peligrar sus condiciones y derechos al ser fusionados con la Fundación del coliseo madrileñoa. El personal de la Zarzuela -ahora dependiente del Inaem como una de sus unidades de producción no están dispuestos a quedase de brazos cruzados.

Tras una asamblea celebrada en el Teatro de la Zarzuela esta semana, los trabajadores y representantes sindicales han acordado una serie de medidas de presión contra de la fusión. Las acciones comienzan el día sábado 24 de marzo con una huelga indefinida. Asimismo, tanto el comité de empresa del teatro tanto los sindicatos en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, uno de ellos el de CCOO, Jesús Álvarez, han dado a conocer que convocarán paros por secciones coincidiendo con funciones. Al explicar la situación, muchos trabajadores de la Zarzuela encuentran la medida poco clara y sobrevenida, aunque tanto los portavoces de la Secretaría de Cultura como del Teatro Real han comunicado que se trata de un proyecto de fusión que lleva estudiándose desde hace seis meses.

El decreto y la huelga

Los trabajadores de la Zarzuela no son los únicos que miran con recelo la propuesta, una parte del sector cultural también alza la ceja. Ana Belén o Rosa Montero, además de 700  personalidades del mundo del arte y la cultura han expresado su recelo al firmar el manifiesto en defensa del Teatro de la Zarzuela, un documento promovido por todos los catedráticos españoles de Musicología ante la posible absorción del coliseo por el Teatro Real de Madrid. El documento persigue que se garantice una política de precios asequibles para todos y la excelencia artística que merece el teatro lírico español.  El director teatral Mario Gas, quien también ha firmado el documento, ha asegurado que la negociación para la fusión se ha llevado a cabo de forma "poco clara y confusa" y ha señalado que por eso ha firmado el manifiesto que ya han suscrito más de 700 personalidades del mundo del arte y la cultura.

En respuesta, tanto el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo como Fernando Benzo, Secretario General de Cultura aseguran que la entidad resultante de la fusión no es una privatización, sino la oportunidad de crear un institución más sólida. La Fundación Teatro Nacional de Ópera y Zarzuela –como se llamará- asumirá como obligación promover el género lírico de la zarzuela y que la programación de cada temporada incluya representaciones de obras del patrimonio lírico español en el Real y en la Zarzuela. Cuando el Teatro Real y la Zarzuela se unan, el segundo mantendrá a su personal y sus derechos, garantizará su programación lírica y será sede estable de la Compañía Nacional de Danza (CND) y el Ballet Nacional de España (BNE), según se desprende del primer borrador de real decreto que prepara Cultura para la fusión.

No es una privatización, han insistido los portavoces de Cultura. Los aspectos de integración de los recursos humanos de la Zarzuela y la disposición adicional primera, que se refiere a la obligación de la promoción del género lírico, son las más definidas.El real decreto, que podría estar listo antes de mayo y al que seguirán unos estatutos, contempla la creación de una fundación pública, la del Teatro Nacional de Ópera y Zarzuela, que acogerá a los dos teatros bajo una sola dirección. El personal de la Zarzuela -ahora dependiente del Inaem como una de sus unidades de producción- se incorporará como propio de la Fundación Teatro Nacional de Ópera y Zarzuela "con los mismos derechos y obligaciones que tuvieran en el momento de su integración".

Los detalles del primer borrador, publicado por la agencia EFE, describe que la incorporación del personal funcionario -8 trabajadores en la actualidad- se producirá mediante su contratación como personal laboral fijo fuera de convenio de la Fundación y su correspondiente declaración en situación de excedencia voluntaria por prestación de servicios en organismos o entidades del sector público institucional. Durante los dos años inmediatamente posteriores a su declaración en situación de excedencia voluntaria, ese personal tendrá derecho a reserva de puesto de trabajo en la relación de puestos de trabajo del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) y transcurrido ese plazo, los puestos no ocupados afectados por la reserva, se extinguirán. El Real no es un ente privado

El Real no es un ente privado

El principal argumento en contra es ése: esta medida es una privatización encubierta. La Fundación Teatro Real sigue siendo una institución de carácter público, excepto que su sistema involucra fórmulas intermedias entre la total financiación pública y el mecenazgo. A diferencia de modelo de gestión de los teatros de ópera en Centroeuropeo, subvencionado en un 80%, o el de EE UU, basado por completo  en el mecenazgo privado (alrededor de un 60%) y en una taquilla potente (35%), el Teatro Real de Madrid se inserta en un modelo que busca el equilibrio entre taquilla, mecenazgo y subvención, el llamado 30/30/30 y al que se suma un 10% de ingresos por alquiler de eventos y otras actividades. A juzgar por los resultados, el modelo ha sido más que exitoso.

Desde el 2009, cuando se puso en marcha esta estructura, las cifras del Real dan qué pensar. El Teatro Real ha culminado el ejercicio económico de 2017 con un superávit de 200.000euros, lo que supone tres años consecutivos de resultados positivos. Se consolida así el éxito de su modelo de gestión, que ha conseguido en los últimos cinco años un notable incremento en la venta de localidades y patrocinio, y su posición como primera institución de las artes escénicas y musicales.  El el 25,4% corresponde a la aportación de las Administraciones Públicas, que se mantiene en la misma cifra del año anterior, con 14.110.239 euros. Existe un soporte público que permite garantizar algunos elementos de estabilidad en la programación, que ha de ser lo suficientemente equilibrada como para acoger un repertorio tradicional, al mismo tiempo que apostar por propuestas que mantenga al Real en un circuito lírico más contundente. Es decir: aumentando su prestigio y consiguiendo público. Es ahí donde entra la financiación privada.

 El 74,6% del presupuesto del Teatro Real proviene de los ingresos generados por la institución y de las aportaciones de patrocinio. EN 2017, más de 50% del presupuesto corresponde a ingresos generados por la venta de entradas y  obtenidos por otros conceptos como el alquiler de espacios, cursos de formación, alquiler y venta de producciones propias y derechos audiovisuales. Asegurar na mar autonomía financiera protege a las instituciones culturales de recortes presupuestarios como los del año 2012. Blindarlas de esa discusión del tipo ‘¿deben subvencionarse la ópera cuando el sistema de salud o las medidas sociales peligran?’. Para una institución como el Teatro de la Zarzuela, que depende casi exclusivamente del Inaem, la limitación en la financiación es manifiesta. Integrada en una institución igualmente pública pero con un sistema mixta, ¿podría optimizar y mejorar no sólo la programación sino la estructuctura y la gestión?