Cultura

Diccionario Sánchez- español: por qué la RAE no cambiará el lenguaje de la Constitución

El informe de la academia no se discutirá hasta septiembre. "No esperen grandes sorpresas", dijo Darío Villanueva, director de la RAE. 

El gobierno de Pedro Sánchez se propone reescribir la Constitución, en lenguaje inclusivo.
El gobierno de Pedro Sánchez se propone reescribir la Constitución, en lenguaje inclusivo. EFE

Desde que la vicepresidenta de Gobierno y ministra de Igualdad Carmen Calvo propuso reescribir la Constitución en clave de lenguaje inclusivo, más de un académico ha subrayado las razones por cuales la institución no puede acometer una tarea de ese tipo. Una vez más, el director de la Real Academia, Darío Villanueva,  ha reafirmado las razones lingüísticas –la institución no cambia sus criterios según el caso-, a las que ha sumado las ciudadanas. Asimismo, ha asegurado que no ve en estos momentos la "más mínima posibilidad" de reformar nada en la Constitución, "no porque no haya cosas que se puedan reformar, cosas mucho más trascendentes que la lengua", sino porque no hay un clima político para ello.

Así lo ha expresado a la Agencia EFE en una entrevista.  "No hay clima político como para aprobar una reforma por dos tercios del Congreso y del Senado, que se disuelvan las Cámaras, se convoquen elecciones generales, se ratifique por el nuevo Parlamento y se convoque un referéndum" para que se pronuncien los ciudadanos, pasos que habría que seguir, según Villanueva, aunque sea para modificar "una coma" del texto constitucional, dijo. “Es una Constitución escrita en español, y el español tiene una gramática que es la decantación de siglos de lengua" que la han dotado de dos géneros.La inclusión de un femenino para cada sustantivo, haría inabarcable y excesivamente larga cualquier versión del texto. 

Según el director de la RAE, en Francia ha habido un "brote de algo semejante" a la polémica desatada en España, pero, ha recordado, la Academia francesa se pronunció con claridad al respecto y el Gobierno inmediatamente asumió sus planteamientos, lo que ha calificado de "muy razonable". Después de recibir la petición formal por parte del Gobierno para que realice el estudio de la lengua de la Constitución, Villanueva dispuso una agenda de trabajo y ha encargado la ponencia del informe al académico Ignacio Bosque, ponente también del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, aprobado por la RAE en 2012.

El estudio será entregado por Bosque, autor también de la última gramática de la RAE, el próximo septiembre, tras lo que se convocará a la comisión delegada del pleno de la Real Academia y será votado en la reunión del pleno de octubre, ha explicado su director, que ha dicho que será entonces cuando lo remitan a la vicepresidenta del Gobierno. "Que nadie espere grandes sorpresas", avanzó Villanueva sobre el sentido de este informe, pues la doctrina de la Real Academia es "perfectamente conocida" y está contenida en ese informe de 2012 que criticaba varias guías sobre lenguaje no sexista elaboradas por comunidades autónomas, sindicatos y universidades.

Un debate que viene de lejos 

No es una nueva la reticencia de la RAE a los cambios coyunturales en el lenguaje. Así lo ha planteado, tanto en boca de sus portavoces, como en sus publicaciones: “Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto”, explica el diccionario Panhispánico. La mención explícita del femenino, explica la institución,  solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto, mientras que la actual tendencia “al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas”.

En muchas ocasiones las autoridades de la RAE han insistido en el hecho de que su papel es recoger el pulso del lenguaje, no censurar ni abolir las que se usan en el diccionario. Ese mensaje ha aparecido en distintas ocasiones: desde la modificación de acepciones atribuidas a determinados colectivos, el caso de gitano con trapacero, o lo concerniente a temas de género. Este debate, en otras sociedades, ha generado respuestas mucho más radicales. En octubre de este año, la Academia Francesa acordó plantar cara al lenguaje inclusivo, todo ocurrió a raíz del manual escolar firmado por Sophie Le Callennec, profesora de geografía. La respuesta fue contundente.

Los 40 integrantes de la Academia Francesa, los llamados inmortales,difundieron un comunicado donde se declaraban opuestos al uso de un lenguaje igualitario. "Ante esta aberración inclusiva, la lengua francesa se encuentra, a partir de ahora, en peligro mortal. Nuestra nación es responsable ante las generaciones futuras", sostuvo la institución, fundado en 1763. La Academia francesa no sólo se negaba a atender el femenino como uso genérico, sino que plantaba cara directa a una discusión que se debate entre lo lingüístico y lo ideológico. Una nueva lucha de poder que emplea el lenguaje como campo de batalla.  

El tema no es nuevo, pero sí se expande y cobra interés con una inflamación cada vez más mediática y en las que las raciones de frivolidad y gresca se reparten en raciones contundentes cuando se trata de debates de orden político y de no poca tragicomedia, porque algo de eso resumen el historial de palabra del año que retratan la forma de nombrar aquellas cosas que cobran presencia en la vida de un determinado corpus social.



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