Estados Unidos

De China a la OTAN: los diez frentes internacionales abiertos ya por Trump

El nuevo presidente de EEUU es un elemento desestabilizador para las relaciones internacionales y ha provocado varios roces diplomáticos incluso antes de tomar posesión. Se propone dar un bandazo completo respecto a China, Cuba, México, Irán o el conflicto palestino-israelí.

Palestinos protestan contra Trump.
Palestinos protestan contra Trump. EFE

El mandato de Donald J. Trump se presenta como uno de los más inciertos de la historia de Estados Unidos. El país más poderoso del mundo optó en sus últimas elecciones por un candidato cuyo proyecto se reconoce más por lo que niega -derechos de los inmigrantes, aperturismo comercial, cooperación internacional, compromiso con el medio ambiente- que por lo que propone, un aspirante emergido a la contra de todo el establishment que propició la campaña más polarizada que se recuerda.

El 45º presidente de EEUU es el primero sin experiencia política desde Dwight Eisenhower (1953), acumula un catálogo de promesas rupturistas respecto al legado de su predecesor -en algún caso, respecto al legado de todos sus predecesores- y tiene al mundo entero pendiente de cuán coherente será su gestión con el discurso blandido hasta ahora. La comunidad internacional permanece expectante ante las decisiones que tome un mandatario imprevisible que acostumbra a comunicar sus pareceres a golpe de tuit y desde hoy tendrá la última palabra sobre numerosas cuestiones que afectan al planeta en su conjunto.

Trump ha abierto ya numerosos frentes aun antes de ocupar la Casa Blanca. Lejos de relajar la contundencia de sus pretensiones tras ganar los comicios, las ha mantenido e incluso incrementando, provocando roces diplomáticos que pueden ser la antesala de importantes conflictos los próximos años y que, en cualquier caso, suponen una amenaza para la estabilidad internacional y la economía global. Es probable que el tiempo y el sistema de contrapesos del sistema estadounidense neutralicen parte importante de sus planes, pero por ahora ya ha granjeado un buen puñado de colisiones.

China. El gigante asiático es objetivo preferente en los ataques de Trump. “China es nuestro enemigo”, tiene dicho y escrito el presidente estadounidense sobre el gran rival económico de su país. Las relaciones entre ambos afrontan un periodo de zozobra ahora que el máximo mandatario chino, Xi Jinping, se erige en referente del comercio global al que su homólogo americano pretende poner trabas. “Hemos de promover la liberalización del comercio y la inversión diciendo no al proteccionismo porque nadie saldrá vencedor de una guerra comercial”, proclamó Xi Jinping el miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos.

Era la primera vez que un presidente chino -y secretario general del Partido Comunista del país- participaba en tal evento, cumbre anual del capitalismo internacional. Paradójicamente, tal acontecimiento se da a la vez que EEUU vira hacia el aislacionismo y el proteccionismo, poniendo en solfa la política de cooperación mantenida con China en las últimas décadas. Además del choque económico, Trump ha provocado ya tensiones diplomáticas al poner en cuestión la máxima de Una Sola China -intocable para Beijing- y tender puentes con Taiwán.

Irán. El acuerdo nuclear firmado entre la Administración Obama e Irán está en riesgo. Trump ha prometido renegociarlo o enterrarlo y romper el entendimiento que provocó la renuncia de Teherán a la carrera nuclear durante la próxima década. Obama rubricó el pacto -junto a Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania- tras años de negociaciones, pero la contrapartida que pagó -levantar al régimen de los ayatolás las históricas sanciones económicas y financieras- fue considerada inaceptable desde las filas del Partido Republicano y desde Israel. El nuevo presidente estadounidense está dispuesto a revocarlo, lo que desataría nuevas e importantes tensiones en una de las zonas más inestables del mundo.

Israel-Palestina. Donald Trump ha prometido trasladar la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, “la capital eterna del pueblo judío”. La maniobra “destruiría el proceso de paz” en la región, ha avisado el secretario general de la Organización de Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat. El estatuto de la ciudad de Jerusalén, en eterna disputa entre los dos bandos de este conflicto, debe ser parte de la negociación a juicio de la OLP. La Unión Europea ha alertado contra esta pretensión, advirtiendo de que comportaría “graves consecuencias”. Su Alta Representante de Política Exterior y de Seguridad Común, Federica Mogherini, se dijo hace unos días “preocupada” por el asunto e instó a Trump a dar marcha atrás sobre una decisión que “no iría en línea con el consenso internacional”.

El magnate pretende trasladar la embajada de EEUU en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, lo que según la OLP "destruiría el proceso de paz"

En el mismo sentido, el ministro francés de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, indicó el domingo que el presidente electo debe recapacitar: “Cuando se es presidente de Estados Unidos, sobre este tema no se puede tener una posición tan rotunda, tan unilateral, hay que intentar crear las condiciones de la paz”. Independientemente de que cumpla su promesa o no, lo que está claro es que la política estadounidense respecto al conflicto palestino-israelí experimentará un giro importante respecto a la de un Obama que acabó su mandato con el gesto histórico de permitir que la ONU aprobara una resolución contra los asentamientos de Israel en territorio palestino.

El muro de México

México. Las relaciones de Estados Unidos con México ya se han resentido antes de la proclamación del presidente electo. La compañía automovilística Ford renunció a construir una fábrica en el país latinoamericano después de que Trump haya amenazado con altos aranceles a aquellas compañías que lleven su producción al extranjero para reducir costes. México perdió así una inversión de unos 1.600 millones de dólares que se iba a materializar en la creación de 2.800 empleos. Además, el nuevo presidente mantiene la determinación de construir un muro en la frontera con este estado, que debería asumir el pago del mismo. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha cambiado a su responsable de Exteriores hace unos días para diseñar una mejor respuesta a estos desafíos. Luis Videgaray será el encargado de llevar las relaciones con Estados Unidos en esta nueva y compleja etapa.

Canadá. El ascenso del magnate también supone un cúmulo de incertidumbres para Canadá. Su equipo ya ha adelantado que quiere cambios sustanciales en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), donde también se integra México, y que quiere empezar a negociarlos de inmediato. El Gobierno canadiense del liberal Justin Trudeau ha mostrado su confianza en que la gestión de Trump ofrecerá “oportunidades” de afianzar la relación bilateral, de “seguir adelante y trabajar con los estadounidenses”, algo sobre lo cual empezarán a despejarse las dudas en breve.

Cuba. El deshielo en las relaciones Cuba-EEUU, impulsado por Obama tras décadas de bloqueo, también está en riesgo de ser revertido. Trump llegó a hablar a finales de noviembre de “liquidar” un tratado que ha permitido el inicio del aperturismo comercial en la isla al tiempo que desaparecía el dictador Fidel Castro. El nuevo presidente quiere más contrapartidas del régimen cubano a cambio del desbloqueo, postura en la que le respalda el Partido Republicano. En ese espacio de la geopolítica internacional se jugará una de las primeras partidas de la Administración Trump.

El Partido Republicano le apoya en su crítica a los dos acuerdos internacionales más importantes que lega Obama: los firmados con Irán y Cuba

Latinoamérica. México es el primer y más importante afectado por la llegada del magnate a la Casa Blanca, pero ningún país de América Latina permanecerá al margen de las consecuencias. Sus planes de deportar inmigrantes e imponer aranceles a productos extranjeros amenazan principalmente a los países del sur de Estados Unidos, que reciben miles de millones al año de transferencias procedentes de ese país -efectuadas por migrantes hacia sus países de origen- y mantienen intensas relaciones comerciales con él. Con todo, el principal riesgo proviene de que América Latina apenas aparece en el discurso de Trump. Pese a la importancia estratégica de la región, el presidente electo solo se ha referido a ella para criticar el acuerdo con Cuba, prometer expulsiones de inmigrantes, adelantar la creación de aranceles y garantizar que construirá el muro en la frontera con México. Nada más se sabe sobre los planes del magnate para Latinoamérica.

Organismos internacionales

OTAN. Otro de los frentes abiertos por Trump afecta a la Alianza Atlántica. Se ha declarado partidario de revisar sus bases e incluso de darla por superada. “Está obsoleta”, opinó la semana pasada. Critica que no se haya ocupado de combatir eficientemente el terrorismo y que la contribución de EEUU sea mucho mayor que la del resto de aliados. Sus impulsos aislacionistas también aventuran una regresión respecto a este organismo con que Occidente se organizó tras la Segunda Guerra Mundial. Tampoco es buen augurio que Trump apueste por tender puentes con Putin, lo que podría configurar un escenario internacional de bloques donde Europa quede más bien en tierra de nadie.

Trump ha declarado recientemente que la OTAN está "obsoleta" y que la ONU se ha convertido en un "club" donde los líderes van a "pasárselo bien"

UE. Aparte de lo ya señalado respecto a la OTAN, el nuevo presidente de EEUU ha dado más señales de lo poco favorable que será a los intereses comunitarios. Su apoyo al Brexit, sus críticas a Angela Merkel y su nula disposición a profundizar en las relaciones EEUU-UE dibujan un horizonte sombrío, claramente antagónico con lo vivido en los años de Obama. La cumbre de despedida que organizaron Merkel, Hollande, Renzi y Rajoy al mandatario saliente difícilmente se reeditará con Trump.

ONU. “Naciones Unidas tiene un gran potencial, pero ahora es sólo un club de gente para reunirse, hablar y pasárselo bien. ¡Qué triste!” Lo escribió Trump en Twitter, su canal de comunicación predilecto, el 26 de diciembre. Pese al papel central que juega Estados Unidos en el organismo fundado en San Francisco en 1945 -es miembro nato del Consejo de Seguridad, alberga la sede de la Asamblea en Nueva York, aporta el 22% de su presupuesto-, el nuevo presidente norteamericano no parece tener grandes proyectos para él. Al contrario, cultiva la rivalidad con otros miembros del Consejo de Seguridad y desdeña su labor con mensajes como el antes indicado.

Estas son las más importantes disputas planteadas por Donald Trump, pero no las únicas. También ha dejado en papel mojado el Acuerdo Transpacífico (TPP) alumbrado por Obama junto a otras 12 potencias del Pacífico, ha dado claras muestras de que no cumplirá el Acuerdo de París contra el cambio climático y, sobre todo, persevera en una actitud impetuosa, desacomplejada y frívola que parece no regirse por más criterio que el de sus filias y fobias personales. Una espada de Damocles flota ya sobre la cabeza del mundo y así será durante, al menos, los próximos cuatro años.


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