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¿Árbol navideño de plástico o natural? La respuesta definitiva

¡Jo jo jo! ¡Ya llega, ya está aquí! El terrible espíritu de la Navidad arrasa en los medios. ¡Compra, COMPRA! ¡Adorna tu casa! Momento de consumo donde los haya, nos encontramos ante la eterna duda: ¿qué es más ecológico, un árbol comprado en vivero o uno de plástico que no hay que regar?

¿Arbol de navidad de plástico o natural? (Imagen: Gtresonline).
¿Arbol de navidad de plástico o natural? (Imagen: Gtresonline).

Pues para chasco  de mucho desinformado y aunque haya que regar el arbolito, SIEMPRE será más ecológico un arbolito que un plasticucho imputrescible y eterno. Ojo a los que están desempolvando el hacha de guerra: tampoco estamos hablando de salir al monte y tumbar el arbolito que se nos antoje, estamos hablando de comprar un ejemplar natural y vivo para decorarlo.

Siempre será mejor un arbolito real, más estético y además más ecológico… y si nos dura más de una  Navidad ya habremos conseguido algo grande, además de ahorrarnos unos eurillos. Para conservar el árbol, nada como entender un pelín su biología. Durante el invierno, todos los árboles y plantas tienen lo que se denomina una parada vegetativa. La baja temperatura hace que la absorción de agua por las raíces sea escasa, por lo que el árbol entra en una suerte de hibernación.

Si nos empeñamos en meter el arbolito de exterior, que a estas alturas ya ha dejado de funcionar, el choque térmico acabará con él. Para ello debemos evitar la calefacción sobre todo y tener en cuenta que el árbol está vivo y hay que regarlo.

Proceso de aclimatación

Una buena opción es situar el árbol en el lugar más frío de la casa, o mejor aún y si tenemos un pelo más de previsión, aclimatarlo al verano repentino del hogar. Para ello, una o dos semanas antes de colocarlo en el salón, deberemos poner el árbol en un garaje, en una terraza cerrada pero sin calefacción o un invernadero.

No está de más recordar a los fumadores que el árbol no es un cenicero.

Así se encontrará con una primavera corta, pero suficiente para que el árbol salga de su letargo sin tanto trauma. Una vez pasadas esas dos semanas de primavera forzada, lo podremos meter ya en casa, eso sí, lejos de radiadores, estufas y demás.

Otros enemigos de nuestro arbolito van a ser gatos y perros a los que les encanta roer, saltar y trepar el árbol de navidad, sobre todo a los primeros. No es tanto el peligro de que se suban sino que el árbol caiga al suelo y se expongan sus raíces. No está de más recordar a los fumadores que el árbol no es un cenicero.

Proceso a la inversa

Una vez pasados los reyes y para asegurarnos que el árbol, ahora acostumbrado al verano de nuestro hogar, sufra otro trauma por la temperatura, utilizaremos la misma técnica pero a la inversa. Volveremos a poner el árbol en nuestro invernadero o en el garaje para que vaya parando su actividad, en previsión de lo que le espera.

Con esta técnica, simple pero eficaz, podremos estirar nuestro árbol de Navidad muchos años y siempre tendremos un ser vivo en casa, no un plásticazo muerto.


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