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Lo que los lobos nos cuentan

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Lobo (flickr | nomadic_lass - imagen con licencia CC BY-SA 2.0).
Lobo (flickr | nomadic_lass - imagen con licencia CC BY-SA 2.0).

Me acaban de entregar el Wilderness Writing Award. Estamos en el palacio de congresos de Salamanca en pleno desarrollo del congreso WILD10 del que ya hemos dado noticia. Lo cuento no solo para presumir de un premio internacional para un escritor muy local, sino también porque como agradecimiento a tan descomunal distinción he leído esta carta que hace 33 años me escribió un lobo. Forma parte de mi primer libro, Todavía vivo, al que di forma de epistolario con los animales como escritores y los humanos como receptores de las misivas.

Me pareció oportuno resucitar tan viejo texto porque lo que sucede ahora con los lobos en este país indigna. Es un retroceso de 40 años, a la par que supone en muchos aspectos claros incumplimiento de las leyes y normativas, tanto españolas como europeas. Quise también rendir homenaje a las iniciativas gracias a las cuales varios colectivos, sobre todo Lobo Marley, han conseguido reunir prácticamente 200.000 firmas de apoyo al cánido salvaje y que acaban de ser presentadas en Bruselas. En fin, a lo que iba. Escribí algo así en 1980:

Queridos verdugos:

Nosotros paseamos orgullosos el desprecio y el temor que mana de lo único despreciable y temible. Y vosotros ¿Qué cosecháis de la servidumbre? ¿Os consuela la incesante creación de categorías? ¿Sirve de algo la limosna que cae de la mano que está asolando el mundo?

Apenas entendemos que sigáis llamando a lo que hacéis ganadería. Dependéis más de las fábricas que de los servicios gratuitos del paisaje. Nada os queda ya de un saber hacer milenario y os han convertido en mendigos de subvenciones. Ahora que los pastores estáis casi tan arrinconados como nosotros, los lobos, sería bueno recordar lo compatibles que podríamos ser. Porque solo la necesidad extrema nos lleva a la yugular del choto o del potro.

Con un poco de cuidado por vuestra parte apenas notarías nuestra presencia como sucede en la mayor parte de nuestros/vuestros dominios. A los que todavía cabe llamar naturales sin nosotros todavía los transitamos.

Pero no damos por perdida la batalla, por eso además nos parece oportuno recordar que es inmensamente más bella nuestra vida de proscritos que la vuestra de encerrados en y por los boletines del estado.

Nosotros triscamos soledades, cinco veces cada noche, para encontrar el sustento. Porque existimos para que la libertad tengo donde mirarse y para que, de vez en cuando, alguien se sienta de su verdadero tamaño cuando le cuenten que hubo un tiempo en que nada se entendía sin nuestro largo aullido, proclamando, en las largas noches de invierno, que la vida también se sostiene sobre leyendas como la nuestra.


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