Cultura

Carta de amor a las ‘scream queens’, las reinas del grito

Ah, las reinas del grito. Con el terror simio de Fray Wray y el grito primigenio de Janet Leigh en la ducha del Motel Bates se dio inicio a una sonora y sangrienta tradición, la de las víctimas aterrorizadas ante el asesino deforme de turno que, incapaces de defenderse, lo que hacen es gritar. Gritar mucho. Pero no se asusten (o sí), que aquí no hay misoginia alguna: pese a su habitualmente estilizada figura y su apariencia vulnerable -quizá por influencia de la corajuda teniente Ripley- han acabado mutando en las mucho más proactivas ‘final girl’, que tal y como se las denomina al otro lado del charco, adoptan la molesta costumbre de pelear por su vida. Las ‘final girl’ pueden gritar, y de hecho lo hacen, pero ellas valen mucho más que eso, y por eso las queremos.

Scream-queens de pata negra ¿por qué no? Lo cierto es que el fantástico patrio tuvo una abundante escuela en décadas pretéritas, con cineastas como Chicho Ibáñez Serrador, Paul Naschy, Juan Piquer Simón o Jesús Franco operando en plenitud de sus facultades y en plena bisagra con el franquismo. Todos ellos propiciaron un despendole que cristalizó en aquellos maravillosos 70 y oscurecido un tiempo después, pero sólo durante un tiempo, antes de que una nueva generación de realizadores lograse continuar, si bien con diferentes intereses e influencias, esta gozosa tradición gritona.

El estreno de [REC] 4: Apocalipsis este mismo mes nos obliga a seleccionar a Manuela Velasco, que en la nueva secuela dirigida por Balagueró retoma su personaje de la intrépida reportera Ángela Vidal, esta vez embarcada (nunca mejor dicho) en una nueva aventura repleta de posesos en un buque militar.

Jamie Lee Curtis fue la primera scream-queen

Con su seminal Halloween, el legendario John Carpenter dio por inaugurado el género del slasher y creó la primera, más virginal y sufrida reina del grito del cine moderno. Michael Myers, el asesino de la máscara inexpresiva, el nuevo ‘hombre del saco’, persiguió durante películas enteras a la despampanante Jamie Lee Curtis, o mejor dicho Laurie Strode, simplemente porque -ya saben- la bella es quien libera a la bestia.

Por mucho que la niñera que todo chico querría tener desapareciera en un puñado de secuelas, Laurie volvió en los noventa, con la recuperación del género auspiciada por Scream. Y lo hizo a lo grande, dispuesta a acabar con su eterno perseguidor aunque le costara la vida. Curtis repitió registro en Prom Night, La Niebla o El tren del infierno.

Un clásico que no pasa de moda

No obstante, si hablamos de scream-queens modernas, no podemos olvidarnos de la fallecida Marilyn Burns, que pese a obtener menos fama que Jamie Lee Curtis por su tete a tete contra el monstruo Cara de Cuero (su carrera se redujo a algún protagonista para el mismo director, Tobe Hooper, y cameos en las secuelas), sí puede presumir de haber intervenido en el slasher más influyente de la historia.

De hecho, más que eso, La Matanza de Texas es una de las primeras películas de terror modernas, una impresión de la pura demencia en celuloide sucio que todavía resulta convincente hoy en día. Y quizá por eso la pobre Sally Hardesty acababa perdiendo la cordura pese a sobrevivir al asedio. Está inspirada en las andanzas reales del asesino Ed Gein. La película pasó de ocupar los autocines de Estados Unidos a ser reivindicada en Cannes, como ocurrió este mismo año con la proyección de una copia restaurada. Eso sí es una locura.

Del terror al erotismo

Barbara Crampton, la musa de la productora Full Moon, protagonizó varios terrores de serie B por obra y gracia de Charles Band, una suerte de nuevo Roger Corman del VHS muy poco dado a medirse -como debe ser- con eso de la sangre y los desnudos. Durante un buen número de filmes, Crampton adornó las estanterías de los videoclubes con fantasías inconfesables en bata blanca y gore salpicón, caracterizada de médico o psicóloga acosada por mad-doctors o todo tipo de criaturas del averno.

En la memoria del aficionado quedan filmes como como Re-Animator, Castle Freak, Resonator o Chopping Mall (Robots Asesinos), ésta última producida por Corman. Ella, como fiel exponente de la serie B más B imaginable, es la reina del grito más retozona de nuestra lista, y su posado en Playboy lo demuestra.

Terror, fantasía y Freddy Krueger

Ya hemos citado a Carpenter y Hooper, nos queda el tercer vértice del terror ochentero, Wes Craven. Lo que pasa es que con el director de Pesadilla en Elm Street, la saga de fantaterror más conocida de los 80, y Scream, ídem dentro de la renovación del género en los postmodernos 90, nos dividimos en dos como si fuéramos el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Si hablamos de la calle del Olmo, la encantadora Heather Langenkamp fue la primera y la última que se enfrentó a Freddy Krueger, con el matiz de que no sólo lo hizo como su personaje, Nancy Thompson, sino como la propia Heather. Fue en la secuela La nueva pesadilla de Wes Craven, donde Krueger escapaba no ya de los sueños, sino de la propia ficción, para perseguir y asesinar a sus creadores... 

Drew Barrymore, una de las más modernas scream-queens

Si preferimos la reinvención posterior orquestada por el propio Craven, qué menos que citar a la mucho más inquietante Neve Campbell, la desafortunada jovencita que se situaba en el centro de la trama urdida por los múltiples asesinos de Woodsboro. Drew Barrymore gritó, pero por poco tiempo.

Pero la pobre Sydney Prescott de Campbell sobrevivió cuatro secuelas -y a unos cuantos novios psicópatas- aunque quién sabe cuál será su destino final en la historia: la franquicia desembarcará en una serie de televisión apadrinada por la cadena MTV que intentará resucitar la idea en la pequeña pantalla. Porque ya sabemos que el mal nunca muere.


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