Godivaciones

Zapatero sembró sal (también) en el campo socialista

Tras el fracaso electoral, el PSOE no levanta cabeza. Detrás de las sonrisas frente a las cámaras se esconde una de las crisis más fuertes del partido socialista, que no solamente es debida a los malos resultados electorales sino también a la descomposición interna del partido. Se diría que Zapatero ha ido echando sal por los campos por los que ha pasado.

Cuando se escuchan los mensajes de las bases defendiendo a Rubalcaba y a Chacón, cuesta distinguir quién es quién. Ambos son socialistas de toda la vida que reivindican los logros del socialismo en España y pretenden llevar el partido a buen puerto restaurando la ilusión. Pero se intuye, precisamente, que el cáncer del partido es la falta de entusiasmo. Los titulares de prensa ya han etiquetado a Chacón y su frescura ilusionante y Rubalcaba, la voz de la experiencia. Pero ninguno convence ni a propios ni a extraños. Ni ella es tan nueva y desconocida, ni la experiencia de él es necesariamente una ventaja.

Quienes analizan las tripas del partido nos cuentan que dentro de cada federación regional hay división de opiniones, que no hay unanimidad. Más bien al contrario, esta carrera por la secretaría general está fraccionando las bases de la organización. De repente la maravillosa idea de unas primarias (que a mi me parece seductora y saludable) no resulta tan atractiva porque pone de manifiesto los rotos en el calcetín de la familia socialista. Y probablemente pasaría lo mismo con los demás partidos si se decidieran a convocar primarias para elegir candidatos. De hecho, una de las razones para no hacerlo es ésta: el peligro de fracturas.

En medio del vendaval

Tal vez los partidos democráticos en España no estén preparados aún para soportar el test de madurez que suponen unas primarias. Pero sea como sea, el PSOE se encuentra en medio del vendaval, sin saber muy bien cómo salir de ésta. Una alternativa sería retrasar el congreso para que pudieran aparecer candidatos alternativos y para que los dos que ya existen reafirmaran sus apoyos. Pero no parece probable. Es el legado de Zapatero que ha destrozado, no solamente la economía de una nación, sino también las bases de su propio partido. La regeneración del partido socialista no va a ser cosa de unos meses. Se trata de reconstruir un proyecto y de volver a encontrar su línea principal. Decir “soy socialista” hoy en día es como no decir nada, visto lo visto. Hay que preguntar parafraseando al grupo No Me Pises Que Llevo Chanclas: “¿Y tú de quién eres?”.

Otra alternativa es que aparezca un tercer o cuarto candidato. Algunos analistas consideran que tanto Chacón como Rubalcaba podrían animar a una tercera candidatura para, en el último momento, sumar sus apoyos y ganar al contrincante. Pero se me ocurre una vía diferente. La situación del PSOE es perfecta para que aparezca un candidato neutro, no muy relevante, no necesariamente carismático, impulsado por aquel a quienes todos miran cuando zozobra la barca: Felipe González. Un candidato que se aproveche del desconcierto, que represente una salida indolora y que sea capaz de aunar a ambos sectores enfrentados.

Democratizar el partido

Por su parte, las bases piden lo que las bases de todos los partidos: participar. Pero ¿hasta qué punto es realista pensar que se puede democratizar una organización tan amplia y compleja como el segundo partido político de un país? A pesar de ello, es una aspiración perfectamente legítima, que por otra parte, pone encima de la mesa uno de los problemas de las democracias actuales, y en especial, de la democracia española del siglo XX. Se trata del abismo que separa a los políticos “de altura” y los ciudadanos de a pie. Un concejal de un pueblo de cien habitantes no tiene más remedio que ser cercano y puede mejorar o empeorar visiblemente la vida de sus paisanos. Pero la política nacional es mucho más compleja y fría, y la labor de los políticos, cada vez más, pasa a ser una cuestión técnica, en la que los ciudadanos tienen poco que decir y que muchas veces permanece oculta a la vista de la sociedad. La consecuencia es que las elecciones son un mal reflejo de las aspiraciones de la gente, si bien es el único instrumento del que disponemos.

Y esto es lo que sucede en los partidos políticos, y también en el PSOE. Lo que las bases quieren no es necesariamente lo que el partido necesita, ni los militantes están al tanto de todo lo que se cuece entre los candidatos, ni, por tanto, sería una elección limpia. Por eso creo que, de una manera o de otra, el resultado será el que los tecnócratas decidan, dada la precaria situación en que Zapatero ha dejado su propia “casa”.


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