España

Esperando a Rita Barberá: horas de suspense, tensión y nervios en Génova

Sobredosis de tensión. Largas horas de supense en Génova en espera del comunicado de Rita Barberá. La exalcaldesa cede en abandonar la militancia pero no el escaño. La historia de una dura negociación.

Rita Barberá en el Senado
Rita Barberá en el Senado GTRES

Horas de tensión, nervios y suspense en Génova. Desde que el Supremo decidió abrir la causa contra Rita Barberá, por presunto blanqueo de dinero, la alta dirección del PP ha vivido unas horas de pesadilla a la espera de la decisión de la exalcaldesa de Valencia. La tarde del martes fue una frustrante cadena de intentos de negociaciones. Desde la cúpula del partido, en especial Fernando Maíllo, que estaba de campaña en el País Vasco junto a Alfonso Alonso, se intentó presionar a Barberá para que diera un paso atrás. La comunicación no fue fluida. Javier Arenas, vicesecretario del PP, lo intentó también. El mensaje era unívoco: "Hay que solucionar este asunto cuanto antes y lo tienes que hacer tú". Se quedó en la elaboración y difusión de un comunicado el día siguiente.

Toda la mañana de miércoles se desarrolló entre sobresaltos: de la falsa alarma al espeso suspense

En la tarde del miércoles, después de un largo tira y afloja desgastante, las posiciones se acercaban.. No lo suficiente. Rita Barberá accedía a ser cesada en la militancia del partido pero no a dejar el escaño en el Senado. El aforamiento tiene enormes ventajas. Génova quería un adiós absoluto. La exalcaldesa, vieja leona de la política, defendía sus posiciones con uñas y dientes. Atribulada y abatida, aún reunía fuerzas suficientes para mantener sus exigencias, para no aparecer como la perdedora de ese pulso feroz con la organización en la que ha militado durante cuarenta años. Tiene el carnet número 3 del PP de Valencia. Casi nada.

Toda la mañana se había desarrollado entre sobresaltos: de la falsa alarma al espeso suspense. Alguien filtró desde las filas populares que Barberá necesitaba un tiempo de 'reflexión' y que emitiría el famoso comunicado de renuncia anunciado en torno al mediodía. "Antes de los telediarios", comentó alguno. "Si no le llama Rajoy, no hay nada que hacer", deslizaban los veteranos del lugar. "Esto está en sus manos". Dolores Cospedal, con quien mantiene excelentes relaciones, habría logrado garantizarse una solución razonada al problema, sin más detalles. "Rita es mucha Rita, ya la conocéis". En la mañana del miércoles, la exalcaldesa estaba desaparecida. No había rastro alguno en su casa, tenía el teléfono descolgado y en el PP valenciano apuntaban que las conversaciones no existían más que a través de un experimentado político de la región.

El plazo se agotaba, el tiempo transcurría, las novedades no llegaban. Rita debería haber dicho algo antes de que Rajoy acudiera a la presentación del libro de Luis de Guindos, quien el martes había protagonizado una polémica comparecencia en el Congreso por el 'caso Soria'. Voces del PP llegaban desde todos los puntos cardinales para presionar a la 'lideresa' levantina. El más duro fue Alfonso Alonso, candidato en el País Vasco, que se juega demasiado en este envite. "Si Rita no toma una decisión adecuada hoy, la tendrá que tomar el partido". La dirección del PP pretendía una solución más o menos pactada, sin ruidos ni escándalos. Es un tótem del PP, Rajoy le dispensa un enorme afecto, apuntaban. "Además, sabe demasiado" añadían.

El silencio era absoluto en Valencia. Los nervios aumentaban en Génova. "Ya ha redactado el comunicado, estamos a la espera de que lo envíe", comentaban. "Ya ha hablado con Rajoy y nos dicen que se va". Comentarios intensos en todas direcciones. "Lo único que tenemos claro es que o se va o le ayudamos a que se vaya", comentaba a Vozpópuli una alta fuente del PP. 


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