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Reyal Urbis presiona con la amenaza de un concurso que la banca no quiere ni en pintura

Camino de su tercera refinanciación, Reyal Urbis ha buscado la vía de la presión a la banca acreedora. La inmobiliaria decidió recurrir a la figura del preconcurso de acreedores, lo que abre un plazo de cuatro meses para negociar con una banca acreedora que no quiere ver ni en pintura una suspensión de pagos que, de confirmarse, sería la segunda mayor de la historia empresarial española, tras la de Martinsa-Fadesa.

Los bancos acreedores de Reyal Urbis tienen cuatro meses para evitar una quiebra de más de 3.600 millones de euros, un concurso que, con toda probabilidad, condenaría a las entidades financieras a aceptar quitas. El golpe de efecto del consejo de la inmobiliaria, al acogerse a la figura del preconcurso, deja la pelota en el tejado de un gran sindicato bancario, que llegó a contar con medio centenar de entidades.

Reyal Urbis se ha plantado cuando negociaba con la banca la que sería su tercera refinanciación en los últimos cinco años. En la decisión ha tenido mucho peso la situación de su presidente, Rafael Santamaría, notablemente agotado después de tres años de contactos prácticamente diarios con un sindicato bancario de dimensiones fastuosas.

“Está muy cansado, lleva casi tres años sin levantarse de la mesa para negociar con la banca acreedora”. Son palabras de una persona cercana a Rafael Santamaría al conocer la noticia sobre la decisión del consejo de Reyal Urbis de acogerse a la figura del preconcurso de acreedores. Ahora llegará el turno de las entidades financieras, las menos interesadas en que la situación desemboque en un concurso definitivo.

La banca ha tratado de convencer a Santamaría de que esperara antes de tomar una decisión, al menos hasta que comenzara a funcionar el banco malo, que podía aportar alguna solución al respecto. Sin embargo, los esfuerzos han sido en vano y los bancos se enfrentan a una nueva quiebra en el sector.

Refinanciación fallida

La decisión abre un periodo de cuatro meses para lograr un acuerdo entre la compañía y la banca acreedora para el pago de la deuda, que supera los 3.600 millones de euros. Santamaría se ha defendido hasta ahora con uñas y dientes, ha evitado que la banca tome el control del accionariado de Reyal Urbis y afrontaba la tercera refinanciación. Pero la situación ha llegado a su límite y las fuerzas le han abandonado.

Si no hay acuerdo en los próximos cuatro meses, Reyal Urbis está obligado por ley a presentar el concurso de acreedores. En la última refinanciación, los bancos tomaron el control de la filial sobre la que descansa el complejo de Castellana 200, una de las joyas del grupo. Además, obtuvieron el compromiso de la empresa de que no iniciaría más promociones de viviendas.

¿Inquilino del banco malo?

La inmobiliaria ha volcado sus esfuerzos en la venta de activos, especialmente suelo, aunque no ha encontrado el mejor momento en los mercados. Tampoco ha podido colocar el centro comercial ABC Serrano, que en su día tuvo colgado el cartel de ‘se vende’ pero que no logró atraer ofertas relevantes. Santamaría siempre sostuvo que no estaba dispuesto a malvenderlo.

En las últimas semanas, Reyal Urbis había sido noticia por cuestiones positivas. Su complejo Castellana 200 empieza a acumular contratos de alquiler de oficinas. Paradójicamente, Sareb, el banco malo, es una de las entidades que está negociando con Reyal Urbis para situar su futura sede en el singular inmueble situado cerca de la Plaza de Castilla. El 51% del centro está en manos de los principales bancos españoles.


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