Rajoy trenza una buena relación con el presidente francés

El Gobierno achaca el ‘patinazo’ chipriota al divorcio Merkel-Hollande y a la pereza de Draghi

Cerca de 30.000 funcionarios en Bruselas, más los adscritos al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional, han sido incapaces de conducir la crisis chipriota sin volver a colocar a la eurozona al borde del precipicio. Detrás del caos se esconde, según fuentes del Gobierno español, la desconfianza mutua entre Angela Merkel y François Hollande, grieta que ha aprovechado Mariano Rajoy para convertir al presidente francés en su principal compañero de viaje.

“Estábamos todos acostumbrados durante años al eje francoalemán y ha quedado roto, ahora hay muchos jefes en Europa, demasiados, cuando antes sólo había dos”, resume una alta fuente española al comentar la situación que ahora se vive dentro de la Comisión Europea y el desgobierno que la aqueja. Es, en parte, el problema que se esconde detrás de la tardanza y la torpeza con la que, a juicio del Ejecutivo, se ha resuelto la crisis financiera de Chipre, que ha vuelto a colocar a la eurozona al borde del colapso por su efecto contagio, todavía pendiente de medición en los mercados y en el propio sistema bancario de la UE.

"Ahora hay muchos jefes en Europa, cuando antes solo había dos, el eje francoalemán ha quedado roto", comentan fuentes autorizadas del Gobierno español

Las tensiones existentes entre Alemania y Francia nacen, por una parte, de la desconfianza mutua sobre la que se ha cimentado la relación entre Angela Merkel y François Hollande y, por otra, de la inclinación de la primera a obligar a Francia a probar la misma medicina que están ingiriendo las economías más débiles del Sur de Europa. “Hollande es hábil y, al mismo tiempo, malvado. Generalmente dice que sí a todo lo que le pide Merkel relacionado con la unión política y luego hace lo que quiere, la química entre ambos no funciona porque tampoco comparten el mismo criterio ni el calendario sobre la unión económica y la supervisión bancaria. Si a esto le añadimos, además, que Alemania quiere dictarle a Francia las mismas políticas de austeridad que a los países más castigados por el déficit, el divorcio está servido”, aseguran medios gubernamentales que testan a diario lo que se cuece en Bruselas.

Por paradójico que parezca, Mariano Rajoy ha conseguido alcanzar una buena relación con François Hollande y comprende sus recelos hacia Alemania, pues Francia es remisa a convertirse en el nuevo paciente de Berlín. Con el incendio de Chipre todavía sin sofocar, el de Grecia con las ascuas encendidas, el rescate portugués con pobres resultados e Italia sin Gobierno definido, Francia puede situarse en el foco de las desgracias sin mucha tardanza por su resistencia a respetar los plazos vigentes impuestos por Alemania para la reducción de su déficit. Una lección que el Gobierno español tiene bien aprendida.

El equipo económico de Rajoy está trabajando discretamente en sintonía con el de Hollande para que el mes que viene la Comisión Europea de una alegría a una parte de los 21 países sometidos al procedimiento de déficit excesivo. “Sería absurdo pedir la relajación de los objetivos de déficit sólo para un país, pues la recesión se ha cebado con la mayoría de ellos y las previsiones de crecimiento de la propia Comisión no se han cumplido. Por eso toca trabajar con cautela”, aseguran fuentes comunitarias españolas.

El equipo económico de Rajoy trabaja en conexión con el Gobierno francés para que Alemania ceda en la relajación de los objetivos de déficit

Antes de presenciar el partido de fútbol que enfrentó este martes a las dos selecciones, Rajoy y Hollande comparecieron antes los medios en París para acentuar “la relación política excepcional” entre España y Francia, enviar un recado a Merkel para que promueva programas de crecimiento y la unión bancaria y también para decirle al nuevo presidente del Eurogrupo que se tiene que ganar el sueldo. “Hay que ser prudente y expresarse con mesura”, dijo el presidente español refiriéndose a Dijsselbloem y al pánico que ha sembrado entre los ahorradores europeos. Rajoy y Hollande, convertidos en compañeros de viaje en plena tormenta europea, algo que nadie, ni siquiera los principales moradores de La Moncloa, esperaban cuando en mayo del año pasado accedió al Elíseo.

Hollande trata de evitar que Merkel intimide a Francia como hasta ahora lo ha hecho con Grecia, Portugal, España o Italia y el pulso está generando tiranteces que se reflejan en el desgobierno de la eurozona a la hora de tomar decisiones importantes como la de Chipre. En esta crisis, según la información que manejan los ministerios que mayor conexión tienen con Bruselas, también se han dejado pelos en la gatera el presidente del BCE, Mario Draghi, y el flamante presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. Más de 30.000 funcionarios en Bruselas, más los adscritos al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional, han sido incapaces de gestionar el ‘corralito’ de este paraíso fiscal sin volver a colocar a la eurozona al borde del barranco. Un fiasco de consecuencias, todavía, incalculables.


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