Desconfíen siempre del Gobierno

Nos dicen que chupar y soplar es posible

Chupar y soplar son actividades que no pueden ser realizadas  a la vez por el mismo individuo. Las puede realizar de manera sucesiva pero no concurrente. Sin embargo, nuestras autoridades económicas pretenden convencernos con frecuencia de que sí es posible o, al menos, de que ellos son capaces de hacerlo. El último chupasoplador público pretende aumentar las exigencias de recursos propios a la banca y aumentar el crédito.  Esto es sencillamente imposible. El coeficiente de recursos propios es la parte de la inversión de un banco (préstamos y títulos de deuda y de capital en otras entidades) que se financia con eso: recursos propios. Es decir, el resto de lo que un banco presta se financia con depósitos y financiación del público. Cuanto mayor es el coeficiente y para mantener el mismo volumen de inversión (básicamente crédito al sector público y privado) los bancos necesitan más recursos propios, es decir aportaciones de los accionistas. Si los accionistas andan escasos de fondos o no hay manera de encontrar nuevos accionistas, la solución, para cumplir con las nuevas exigencias, es reducir el endeudamiento del banco reduciendo, a su vez, su inversión. Los bancos, por tanto, intentarán no renovar las operaciones (a veces no queda más remedio) total o parcialmente.  ¿Quiere esto decir que me parece mal el incremento de las exigencias de recursos propios a la banca? No, todo lo contrario. En mi opinión, parte de la crisis la ha generado el excesivo nivel de endeudamiento de los bancos. Lo que quiero transmitir, es que la reducción del nivel de endeudamiento de los bancos que es consecuencia de un aumento de las exigencias de capital es incompatible con un aumento del crédito bancario a los sectores público y privado.

Esto es más acentuado cuando las nuevas exigencias toman la forma que están tomando, que por otro lado es, técnicamente, la adecuada. Hasta hace unos meses, el coeficiente de recursos propios era del 8%, pero de este 8% sólo la cuarta parte (un 2%) era patrimonio neto del banco. ¿Qué significa esto? Pues que hasta hace unos meses, y simplificando,  de cada 100€ que un banco prestaba 92€ como máximo eran depósitos del público cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), 6€  como máximo eran financiación de inversores avezados a los que no cubría el FGD y el resto 2€ como mínimo eran aportaciones de accionistas y beneficios de la entidad no distribuidos a los mismos (reservas). Estos 2€ eran el patrimonio neto del banco o el “core capital” o capital principal, si quieren aparentar que saben. Una caída del valor de las inversiones de una entidad de más de 2€ impedía pagar a los inversores avezados (algunos de los cuales por mor de las redes de sucursales de algunas cajas eran pensionistas de más de 75 años) y si la caída era de más de 8€ impedía pagar a los depositantes, exigiendo por lo tanto la intervención del FGD.  Si ahora les pedimos a las entidades financieras que eleven su capital principal al 5%, por ejemplo, o los accionistas ponen 3€  y el banco reduce su endeudamiento de 98€ a 95€,  o se reduce la inversión del banco a 40€ y el endeudamiento a 38€.  O una combinación de ambas posibilidades que nos dé una solución intermedia.  Como será difícil en el corto plazo recapitalizar los bancos hasta los niveles exigidos (pasar del 2% al 5% es incrementar el patrimonio neto de la banca en un 150% y no parece que haya inversores en el sistema para ello), habrá que reducir el crédito. 

Claro que para solucionar las dificultades de encontrar inversores en el mercado que aporten esos 3€ el chupasoplador ha tenido una gran idea. Si no aparecen los inversores, que lo ponga el Estado supervisor del banco. Los Estados no parece que anden para desviar recursos de atender sus gastos corrientes a los bancos, ni sus poblaciones parece que aceptarían subidas de impuestos con tal finalidad. Sin embargo, el chupasoplador no decae en su empeño: pues tiramos de un fondo que nutrirá el banco central que siempre puede fabricar el dinero. Ya saben: el recurso a la inflación que pasa más desapercibida. De este modo, ponemos cara de soplar cuando, en realidad, estamos chupando.


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