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El socorrido uso del Madrid como paraguas para todo

El Madrid fue el primero en sospechar y denunciar o deslizar que Neymar había costado más de lo que contó inicialmente el Barça (luego lo sabía). Se supone que también fue el competidor que sin demasiada elegancia a punto estuvo de abortar el fichaje con ofertas que superaban la pactada por el Barça (luego la conocía). Y el Barça dice ahora que no actuó antes con transparencia ante sus socios precisamente para que el Madrid no se enterara de paso de los números y los conceptos de la operación (¿pero no los sabía ya?). El Real Madrid como culpable y como coartada no cuadra.

En realidad, casi todo es raro y contradictorio en este episodio que ha sacudido el Barça y se ha llevado por delante al presidente Rosell. Incluso en lo principal: hasta ahora se daba por hecho que si algo sucedía en el fútbol es que el precio de los fichajes se inflaba, no que se reducía. ¿Se acuerdan de los negritos de Gil? Como trampa tendría más sentido. ¿Por qué les interesó a Rosell y su junta rebajar inicialmente la cifra? ¿Por qué no hicieron antes la exposición didáctica de ayer en vez de enrocarse?

Lo de la excusa de la confidencialidad, ahora levantada generosamente por el padre de Neymar, tampoco sostiene demasiado el hermetismo previo azulgrana. ¿Qué confidencialidad se habría roto por dar la cifra de 86,2 millones sin detallar con nombres y apellidos los conceptos? ¿Qué de malo o peligroso hay en los conceptos ayer aclarados para mantenerlos a oscuras? Las preguntas se acumulan.

Pero bueno. Aunque tarde, con la salida de Rosell y la llegada de Bartomeu se produjo un saludable ejercicio de transparencia. O al menos un intento. Y el fútbol debería obligarse a contar asiduamente la verdad y a realizar con más frecuencia exposiciones como la que se vivió ayer en el Camp Nou. Le haría más creíble. Pero de saque y por costumbre, sin esperar a estar contra la pared por el atrevimiento o la indignación de un socio y la posterior colaboración judicial y periodística.

Como tampoco vendría mal que otros socios o accionistas de los clubes implicados en la petición de indulto para Del Nido les exigieran también explicaciones a cada uno de los presidentes (ya que ellos no se avergüenzan por iniciativa propia) que han estampado su firma en el sonrojante documento. No sólo por la irresponsabilidad individual como ciudadanos de actuar por complicidad o colegueo sin mirar los motivos de la condena, sino por relacionar directamente a sus instituciones en el bochorno.


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