TRAS CINCO GENERACIONES DESDE SU LANZAMIENTO EN 1963, EL QUATTROPORTE INCLUYE POR PRIMERA VEZ UN MOTOR DE GASÓLEO

Maserati rompe 50 años de historia con el primer Quattroporte diésel

Desde el lanzamiento de su primer Quattroporte hace ya cinco décadas, el fabricante italiano había sido fiel a sus mecánicas de gasolina como parte de la fuerte personalidad de su gran berlina. Ahora, se adapta a los nuevos tiempos incorporando por primera vez un motor de gasóleo.

Es el modelo más vendido en la historia de la marca y uno de los que más se identifica con la personalidad tan arrolladora de Maserati, icono de las berlinas más lujosas y deportivas con las que el fabricante italiano ha hecho desde siempre frente a las berlinas alemanas. Estas, más eficientes y fiables a lo largo de la historia, pero sin el carácter y la personalidad de un diseño siempre admirado y presidido por el emblema del tridente, inspirado en la estatua de Neptuno situada en la Plaza Mayor de Bolonia, ciudad donde fue fundada la marca hace ahora 100 años.

Y en todas y cada una de las generaciones del Quattroporte, nunca hasta ahora la marca italiana había consentido comercializar una versión que no estuviera propulsada por un motor de gasolina, santo y seña de la marca en su más representativa berlina… hasta este año. Y es que al final, Maserati no ha podido dejar de lado algo que ya se ha extendido en casi todas las grandes marcas, Porsche incluida, y se ha decidido a lanzar al mercado el primer Quattroporte con mecánica de gasóleo, aunque buscando un toque deportivo no siempre fácil de lograr en un motor de estas características, con muy poca capacidad para girar a regímenes elevados.

Así, frente a las más de 7.000 revoluciones a las que puede llegar las versiones de gasolina, el Quattroporte diésel apenas llega hasta las 4.000, aunque a cambio ofrece unos valores de par inalcanzables para aquellos, 600 Nm desde apenas 2.000 rpm. Tampoco la cifra de potencia es ni mucho menos baja, 275 CV que le llevan a pasar de 0 a 100 km/h en 6,3 segundos frente a los 5,2 segundos que emplea la versión de gasolina de 410 CV, con una velocidad máxima que llega hasta los 250 km/h. Este último, alcanza los 285 km/h.

Rendimiento aparte –está claro que no alcanza la brillantez de las versiones de gasolina– lo que más podría marcar la diferencia frente a aquellos es el sonido del motor, un rugido seña de identidad de cualquier Quattroporte en cualquiera de sus seis generaciones que, para tratar de emularlo, los ingenieros de la marca han tenido que modificarlo de forma artificial. A través del Maserati Active Sound System, dos pequeños dispositivos situados cerca de los dos tubos de escape traseros simulan el sonido típico de Maserati cuando el conductor presiona el modo Sport. No llega a ser igual que el motor de gasolina, pero el resultado es más que satisfactorio.

Su precio, 107.000 euros, supone casi un 15% más caro que el Porsche Panamera Diesel y cerca de un 20% más que un Audi A8 TDI.


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