Sociedad

El boom del coaching sexual: la creciente demanda abre un negocio a explotar en España

Lo último en el mundo del coaching, el entrenamiento enfocado a la consecución de una meta, el aumento del rendimiento o el desarrollo de ciertas habilidades, es aplicarlo al ámbito de la sexualidad. Es una variante más, incipiente, pero con cada vez más demanda, y por tanto un mercado esperando ser explotado.

El boom del coaching sexual: la creciente demanda abre un negocio a explotar en España
El boom del coaching sexual: la creciente demanda abre un negocio a explotar en España EFE

El coaching ha dejado de ser un término desconocido para convertirse en una técnica en auge durante la última década. El entrenamiento guiado mediante el cual una persona o un grupo de ellas trabaja de manera interactiva con el coach o instructor para conseguir un determinado objetivo, desarrollar ciertas capacidades, aumentar la confianza o mejorar el rendimiento, es hoy un método al que recurren muchas de las personas que quieren mejorar en algún ámbito de su vida. Conocemos el coaching deportivo, educacional, familiar, ejecutivo, empresarial, para liderazgo… Pero, ¿por qué no extender esta metodología al campo de la sexualidad?

El ‘sex coaching’ surgió en Nueva York, donde el gurú del entrenamiento sexual Eric Amaranth popularizó esta especialidad en la que los individuos y las parejas son guiados hacia unas metas dentro de su relación para lograr el grado de intimidad y conexión sexual que ellos mismos desean. Como explica en su página este ‘profesor del sexo’, el conocimiento de nosotros mismos y de la pareja es el mejor recurso para renovar la atracción y mantener el respeto y el amor, lo cual es básico para convertir parejas y cónyuges en amantes, en lugar de en compañeros distantes. Eso ayuda a construir el deseo sexual, lo cual mejora la vida profesional, conyugal y parental además de contribuir a la salud física, mental y emocional. Amaranth vive en Chicago, pero trabaja con clientes de todo el mundo, ya sean mujeres solteras de éxito o parejas en busca de asesoramiento, y lo hace vía Skype, por teléfono, a través de videoconferencia o en persona.

A diferencia de la terapia de pareja, el coaching requiere más acción y se recomienda en casos en los que se tiene un objetivo de mejora más específico

En España, el interés por este tipo de formación va en aumento y están proliferando las escuelas y empresas de coaching que apuestan por esta especialidad. Marian Frías, coach responsable de Coaching de Relaciones en la empresa D'Arte Coaching y Formación, explica a Vozpópuli cómo llegaron a la conclusión de que había que hacer un módulo específico dedicado a la pareja y al sexo. “Encontramos que dentro del mercado había un vacío sobre cómo trabajar con las relaciones entre dos personas”. Frías, psicóloga y sexóloga, cuenta que recibe diariamente casi una decena de e-mails demandando asesoramiento sexual: “Hay pocos espacios donde esa demanda es acogida”.  D’Arte comenzó su andadura en el mundo del coaching el año pasado y el próximo mes de mayo iniciará otra promoción del coaching de relaciones, una modalidad que ha llegado al ámbito de la formación universitaria con el primer título universitario en Coaching, Inteligencia Emocional y PNL de la Universidad Rey Juan Carlos.

Quién busca un entrenador sexual

El coaching, explica Marian Frías, es solo un vehículo con el que se busca la manera más adecuada de mejorar. Es el cliente quien, con las herramientas que se le proporcionan, va actuando y resolviendo. El coaching toma como punto de partida la situación actual del coachee (la persona o pareja que recibe la clase) y se basa en lo que éstos estén dispuestos a hacer para llegar a su objetivo, siendo conscientes de que el resultado depende de su compromiso, sus elecciones y sus acciones. Hasta aquí, todo muy similar a la terapia de pareja convencional. Entonces, ¿dónde está la diferencia? “El coaching requiere más acción y se recomienda en casos en los que la pareja tiene un objetivo de mejora más específico; por el contrario, cuando la pareja está muy perdida y sufre un gran bloqueo, la terapia de pareja puede ayudar más a entender lo que les funciona y lo que no”, aunque decantarse por una modalidad o por otra depende del gusto de la persona y del asesoramiento que prefiera.

“No se trata de cambiar de postura, sino de ahondar en cómo nos relacionamos"

El cliente ideal del coaching sexual es, según la experta, “el que está bien y quiere estar mejor”. Aunque el perfil de coachee más común es el de la pareja que tras muchos años de relación ha visto cómo ha disminuido el deseo, a las clases de esta profesional acude un abanico de clientes muy heterogéneo “desde parejas heterosexuales y homosexuales a adolescentes perdidos, casados que tienen relaciones fuera del matrimonio e incluso hombres de más de 60 años”.

Más allá de lo erótico

“La exitosa 50 sombras de Grey muestra que todos de alguna manera anhelamos mejorar nuestra vida sexual, en la que intervienen muchos factores. Lo que hace el coaching es ayudar a descubrir qué es lo que afecta a esa parcela”. Sin embargo, según esta profesional el foco hay que ponerlo más allá de lo sexual. “El tema ha de ser tratado en profundidad y no limitarlo a la parte más mecánica y erótica. No se trata de cambiar de postura, sino de ahondar en cómo nos relacionamos porque a veces los problemas reales están ahí”.

El coach no suele profundizar en trastornos sexuales de carácter físico, pero en este tipo de centros se tratan las “incapacidades del sexo” derivadas de prejuicios adquiridos por la educación, de obsesiones e inseguridades o a causa de una mala experiencia. En la Clínica Humane, el psicólogo clínico, coach y formador Fernando Huerta Moreno utiliza para ello diferentes terapias: “Les enseñamos técnica y estrategia que después, cuando se sienten lo suficientemente seguros, tienen que poner en funcionamiento”, dijo en una entrevista a Efe.

Una sesión de coaching

Inicialmente, los clientes suelen necesitar una media de 5 o 6 sesiones que duran entre 45 minutos y una hora, y cuyo precio ronda los 150 euros. Sin embargo, todo depende del compromiso del coachee. “Algunas parejas necesitan espaciar mucho las sesiones por falta de tiempo y eso dificulta mucho el trabajo”, comenta la experta de D’Arte.

En ocasiones se confunde el coaching con el entrenador que te pone las pilas y este es un tema mucho más profundo. Hay que saber a quién se acude, alerta la experta

Para empezar a trabajar, en esta empresa crearon un modelo de siete variables que tienen que estar presentes en las relaciones que funcionan. A la pareja se le plantean cuestiones como: “¿soy capaz de expresar lo que deseo y necesito?”; “¿qué tenemos en común, a qué le damos importancia y a qué no?”; “¿cómo nos enfrentamos a los problemas?”; “¿qué posición tenemos dentro de la pareja, asumo por ejemplo un rol de madre y trato a mi pareja como un hijo?”. Una vez detectados los fallos, la pareja va tomando conciencia de qué aspectos de su relación están en déficit y cuales hay que desarrollar. A partir de ahí se aplican técnicas de terapia de pareja, inteligencia emocional, psicología, etc.

La psicóloga y sexóloga Marian Frías asegura a este diario que debería haber más profesionales en este ámbito, siempre y cuando estén debidamente formados. “Hay mucho oportunismo. Te encuentras con profesores que están tratando a gente con un curso de formación de 30 horas, por lo que hay que saber a quién se acude. En ocasiones, añade, “se confunde el coaching con el entrenador que te pone las pilas y este es un tema mucho más profundo”. Dado que el plano sexual se trata desde muchas disciplinas y a veces es complicado separar el coaching de la terapia o de la psiquiatría, lo más efectivo según la experta es aunar los conocimientos de las distintas especialidades.


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