El presidente se harta de los rumores en torno a la vicepresidenta

Rajoy frena en seco la campaña sobre la candidatura de Soraya para Madrid

Rajoy ha dicho basta. Desde Andorra ha atajado de raíz la estrategia que pretendía empujar a Sáenz de Santamaría como candidata a la alcaldía de Madrid. Ni la vicepresidenta quiere ni el presidente lo ha pensado jamás. Cosas del partido.

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y el presidente, Mariano Rajoy
La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y el presidente, Mariano Rajoy EFE

Donde no hay información todo es rumor. O insidias malintencionadas. Mariano Rajoy aprovechó este jueves su primera comparecencia pública del año, para desinflar las versiones que empujan a Soraya Sáenz de Santamaría a la candidatura de la alcaldía de Madrid. Nunca la vicepresidenta ha pensado en tal posibilidad, auguran sus más estrechos colaboradores. Ni se le ha consultado. Pero desde el partido no han tenido en consideración su criterio al incluir su nombre en las diferentes encuestas elaboradas para testar el mejor candidato al consistorio de la capital.

La vicepresidenta se tomaba en principio a broma estas historias. Incluso no le parecía mal que su nombre circulara por las quinielas. Pero cuando apareció ya en el grupo de nombres para la encuesta su reacción fue bien diferente. Ella misma confesaba en privado que le hacía maldita gracia semejante cuestión. Su gente lo atribuye, naturalmente, a algunos estrategas de Génova que dispensan escasa simpatía hacia la figura de la vicepresidenta. Una guerrita entre Génova y Moncloa. Una más, de escasa entidad pero suficiente para molestar.

En varias ocasiones se le ha preguntado a Santamaría sobre el particular. Este jueves ya, con esa sofrosina propia de quien está al límite de la paciencia, respondió con cierta sorna: "A mí donde me manden será porque es necesario que esté. Donde a uno le ponen tiene que considerar que es lo más importante. Ahí o en la abogacía del Estado". Sáenz de Santamaría es una eficaz colaboradora del presidente. La más estrecha y la única imprescindible. Goza de enorme respaldo popular, según se observa periódicamente en los sondeos, y también tiene el reconocimiento del equipo de Gobierno. En el partido, sin embargo, se la considera una pieza fundamental en el mecanismo de la Moncloa, pero no más.

La vicepresidenta se tomaba en principio a broma estas historias. Incluso no le parecía mal que su nombre circulara por las quinielas

La fecha de las listas

Harto ya del asunto, Rajoy atajó el tema sin contemplaciones: "No soy yo quien manda candidatos a ningún sitio". Y zanjó la cuestión al afirmar que no hay ninguna novedad sobre el asunto. El presidente del PP ha dejado bien claro, y en varias ocasiones, que las listas a las municipales y autonómicas no se harán públicas hasta la convención programada para finales de mes. Insistir con el juego le parece lógico pero que la rumorología tenga otras intenciones quizás ya le fatiga. En Moncloa se da por descontado que nunca Rajoy ha pensado en Sáenz de Santamaría como candidata a la alcaldía de Madrid. Por una sencilla razón. Nunca ha pensado en prescindir de ella como jefa de máquinas del Gabinete.

La batalla de Madrid se adivina sumamente complicada para el Partido Popular. Las encuestas se presentan aciagas. Tanto para la Comunidad como para el consistorio. Pero así como en Génova y en Moncloa se da por hecho que Ignacio González será el cabeza de la lista para seguir en el despacho de Sol, nada hay claro sobre el ayuntamiento. De ahí los rumores, las quinielas y las jugadas más o menos arteras.

La visita a Andorra

Rajoy ha querido acabar de una vez por todas con el jueguecito sobre la vicepresidenta. Y lo ha hecho desde Andorra, donde concluía una visita oficial de dos días en la que se ha intentado animar al gobierno del Principado a que adopte medidas más severas contra el fraude fiscal, algo que no ha conseguido.

Fuentes de Moncloa señalan que el encuentro de Rajoy con su homólogo andorranoAntoni Martí ha sido enormemente fructífero. Dos días dan para mucho. A París, cuando se acercó a saludar a Hollande, apenas le dedicó el jefe del Ejecutivo español unas horas. Pero los resultados palpables en el desplazamiento andorrano, tanto en la colaboración sobre delitos fiscales como en mayor rigor para evitar el refugio de capitales españoles en ese rincón de los Pirineos, parece que necesitará aún más tiempo. Habrá que esperar. De momento, la visita ha puesto nervioso a Artur Mas, que ha visto la presencia de Montoro en la delegación española una maniobra para impulsar que se facilite más información en torno al escándalo sobre la herencia de la familia Pujol.


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