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La singular mutación de monseñor Novell, obispo de Solsona: del antinacionalismo a la independencia

El obispo de Solsona se ha desmarcado de nuevo de sus hermanos de la Iglesia catalana. El año pasado no hizo sonar las campanas en la Diada y ahora se apunta al plebiscito. A Xavier Novell le llaman el 'disidente' y hasta el 'tránsfuga'.

Monseñor Novell, obispo del Solsona
Monseñor Novell, obispo del Solsona

Muy singular el caso de monseñor Novell, obispo joven, 45 años de vocación tardía, aspecto agradable y adecuada formación intelectual. Habla cinco idiomas y ha ocupado puestos internacionales antes de aterrizar en la diócesis de Solsona, donde protagonizó un episodio polémico que le dejó huella. Le llamaron entonces 'el tránsfuga' y se ha quedado con el apodo de 'el disidente'. Xavier Novell, ataca de nuevo.

En la Diada del pasado año, Novell se negó a sumarse a la convocatoria efectuada por la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) que animaba a los párrocos y sacerdotes a hacer sonar las campanas en homenaje reivindicativo. Novell se explicaba con argumentos razonables. "No soy catalanista, no soy independentista, las campanas no son para asuntos políticos.." Le llovieron insultos, descalificaciones y reproches por doquier. "Métete las campanas por el c...", fue de las cosas más suaves que escuchó, amén de pitadas y escraches en los actos públicos. Un disparate. Signo de la tolerancia de determinadas gentes y colores políticos.

Contrito y arrepentido

Tan fuerte fue la persecución que unos días después del once de septiembre, Novell peregrinó humildemente a los micrófonos de 'Catalunya Radio' para plegar velas, mostrarse a favor del derecho a decidir aunque, eso sí, recordar que la iglesia no ha de tomar postura en este asunto. El 'obispo tránsfuga' se le llamó entonces. Un viraje tan vertiginoso y tan radical no se recordaba en las sacristías catalanas. Arrepentidos los quiere el señor...Pujol, naturalmente. O les quería.

La actual campaña rumbo al plebiscito del 9-N tiene en epiléptica ebullición a casi todos los sectores sociales, políticos, económicos y culturales de Cataluña. Tan sólo la Iglesia, tradicionalmente tan reivindicativa y nacionalista, permanece sorprendentemente al margen. Los pastores catalanes decidieron en su momento adoptar un perfil muy moderado y nada beligerante de cara a este desafío al Estado que lidera desde hace un par de años Artur Mas. Nada se escucha desde los púlpitos que pueda sonar a polémica o provocación. Una especie de calmachicha en la que algo tiene que ver el Papa Francisco.

A principios de año, el Santo Padre recibió a los miembros de la Conferencia Episcopal española y tuvo un apartado especial con los prelados catalanes, que se fotografiaron con Su Santidad felices y satisfechos. No incurrieron el 'selfie', tan de moda incluso en el entorno del Papa, pero ahí lo anduvo. No parece que el Pontífice sea muy partidario de los movimientos soberanistas. En su entrevista a La Vanguardia lo dejó bien claro: "La secesión de una nación hay que tomarla con muchas pinzas". La Tarraconense tomó nota. También han llegado mensajes desde la Nunciatura en la misma dirección.

Reaparición intempestiva

Desde entonces, placidez y tranquilidad absoluta en el clero catalán. Hasta que reaparece el obispo de Solsona y la vuelve a liar. Monseñor Novell ha elaborado para este próximo domingo una carta pastoral en la que se muestra partidario del 'derecho a decidir' en término explícitos. Se dirige el joven prelado a quienes afirman que Cataluña no tiene derecho a la autodeterminación y que sería ilegal una consulta soberanista y les recuerda que se está usando la ley para impedir un derecho fundamental que es anterior y superior a la Constitución. Por este motivo, el obispo pide a sus fieles que vayan a votar, "que no permanezcáis ajenos a este proceso".

Singular la teoría del mossèn, escasamente ortodoxa, tal y como señalaba un destacado político convergente. La pastoral del domingo no va a sorprender demasiado por su contenido. Tan sólo por la inoportunidad ya que, una vez más, Novell va por libre, en el estilo 'francotirador' o disidente que le caracteriza. No son las formas, tampoco, que imperan ahora en la sede de la Conferencia Episcopal, donde no quieren muchos ruidos. Los cambios en los medios de comunicación dependientes de la Iglesia van por esa línea.

También la sustitución de Rouco por Blázquez al frente del gobierno de los obispos ha templado los ánimos en la jerarquía eclesiástica. Y no hay que olvidar otro factor determinante en este panorama como es el inminente relevo del titular de la diócesis de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, que superó la edad de jubilación hace dos años. Sigue en el cargo, seguramente por motivos de prudencia política del Vaticano. No habrá relevo hasta después de la fecha de la consulta, se comenta en círculos eclesiales catalanes. El arzobispo Sistach es un nacionalista nada ambiguo con enorme ascendencia en la sociedad catalana. Se apunta que su sustituto no será ni catalán ni nacionalista y se menciona al obispo de Huesca, Julián Ruiz Martorell, un teólogo de 57 años muy bien visto ahora por quienes controlan los cuadros de mando de la Iglesia española.


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